Un olivo, símbolo de la Casa de Israel, el Pueblo de Dios

MISIONES FAMILIARES, Francisco Grondona. El año pasado Entre Ríos organizó por primera vez las Misiones Familiares. Trabajaron mucho tiempo en ellas, ofreciendo mucho capital de gracias y seguramente sufriendo todos los inconvenientes que trae el organizar una misión de ese estilo. Sin embargo, para alegría de toda la Familia de Schoenstatt, Entre Ríos tuvo su debut como grupo misionero. En su primer año tuvieron un encuentro muy especial con la sinagoga del pueblo, Villa Clara, y en su segunda visita quisieron subir la apuesta y llevaron una propuesta especial. Guille Osella nos cuenta cómo vivió esta experiencia en la que vivieron un encuentro fraternal con la comunidad judía de Villa Clara. La importancia de este encuentro radica en que, sin importar las diferencias, todos somos hijos de un mismo Padre.

“El año pasado cuando llegamos a Villa Clara en nuestras primeras “Misiones Familiares” pudimos compartir un encuentro espontáneo muy lindo en la sinagoga de nuestros hermanos clarences; y es por ello que este año quisimos llevarles una propuesta concreta de nuestro encuentro, de nuestra hermandad, el reconocimiento de que somos hijos de un mismo Padre y todos formamos una misma Patria.

Plantamos juntos un olivo, símbolo de la Casa de Israel, el Pueblo de Dios. Debajo de él dejamos tierra traída desde Tierra Santa. Tanto judíos como católicos palearon la tierra para la plantación de este árbol: el representante de la comunidad judía de Villa Clara, Abraham, el párroco de la Iglesia Cristo Rey, Padre Rodrigo, y misioneros paranaenses, quienes también pusieron su símbolo tan característico que es el agua. En la mañana siguiente, desde el cielo, después de varios días calurosos, cayó la lluvia tan esperada.

Un encuentro sencillo y muy profundo, un simple olivo que representa el reconocimiento de comunión en el pueblo, y que quizás sea, como nos dijo una señora que misionamos, como las semillas del tomate simplemente derramadas en su jardín un día cualquiera, sin saber que al tiempo tendría baldes de su fruto para alimentarse. Quizás esos tomates sean el símbolo del amor y la oración entre judíos y católicos.

¡Un encuentro vivido plenamente en Familia!”.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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