Testimonio de la Pre-Cruzada de María (1998)

MAR DEL PLATA, Francisco Grondona. La Cruzada de María es una de las peregrinaciones más largas de Sudamérica. Son 400 kilómetros y 16 días de caminata atravesando la Cordillera de los Andes con el objetivo de unir el Santuario de Schoenstatt de Mendoza (Argentina) con el Santuario de Bellavista (Santiago de Chile). Sigue la misma ruta que alguna vez realizaron el Ejército Libertador de San Martín y O’Higgins. En el año 1999 se llevó a cabo por primera vez, contando con 50 participantes aproximadamente, contando posteriormente con realizaciones en los años 2001, 2004 y 2007. En enero del 2010 se realizará la quinta edición, de la cual formaran parte 120 jóvenes, sacerdotes y seminaristas de Argentina, Chile, Brasil, Paraguay, México y Ecuador.

Este testimonio de 1998 relata la experiencia del primer grupo de personas que demostró que era posible. El P. Claudio Martínez (Temuco), Felipe Bezanilla (Seminarista), Leonardo Plencovich (Puerto Montt) y Rodrigo Barraza (Valparaíso) fueron los 4 protagonistas de esta Pre-Cruzada y fueron los responsables de marcar el rumbo para que años más adelante cientos de jóvenes pudieran tener esta oportunidad de darlo todo por amor a María.

La Cruzada de María… ya está en marcha

“Así como en otro tiempo marchara el ejército libertador, al mando de San Martín y O’Higgings, a través de la cordillera de Los Andes, hoy la juventud apostólica de Schoenstatt se prepara para curuzar también Los Andes con motivo de la celebración del jubileo de los 50 años de la misión del 31 de mayo. Para ello se invita a todos los jóvenes de voluntad recia a integrar una cruzada de liberación espiritual, que sólo es posible con hombres anclados profundamente en el corazón de la MTA y en nuestro Santuario, que sean capaces de portar el fuego de Dios que irrumpe en el mundo, y que encarnen la misión del 31 de mayo. Ellos serán padres de un nuevo mundo. Esta peregrinación a pie se realizará a comienzos de enero del próximo año, partiendo del Santuario de Mendoza y culminando en el Santuario de Bellavista. Del 18 al 29 de enero de este año se realizó por primera vez esta peregrinación como preparación a la celebración del próximo año.

El evento que desencadena esta monumental empresa es el campamento nacional de universitarios realizado en enero de 1997 en Catillo, donde se formuló el ideal de la juventud masculina “Fuego del Cenáculo, Padres de la Misión”. Allí, en un ambiente encendido y lleno del Espíritu Santo, el P. Claudio Martínez nos invita a participar de tan grande proyecto. En un primer momento la respuesta fue un silencio, más tarde 12 jóvenes temerarios se inscribieron para participar en enero de 1998 en la “marcha blanca”. El día de la partida fueron sólo cuatro.

¿Por qué una peregrinación? Nos encaminamos al tercer milenio, vamos a conmemorar 2000 años del acontecimiento más importante de toda la historia de la humanidad y en todas partes del mundo hay preparaciones a este jubileo. Mas nosotros no sólo queremos conmemorar, sino también participar en una nueva evangelización de nuestro mundo, cristianizar en lo profundo nuestros corazones, nuestras familias, nuestros hogares y nuestra sociedad. Y esto lo queremos hacer inspirados por el carisma de nuestro Padre Fundador y asumiendo la misión que el nos dejó.

La juventud masculina quiere estar presente en la celebración del jubileo de 1999, en el Santuario de Bellavista, signo de la misión del 31 de mayo. Y quiere hacerlo estableciendo un signo de unidad entre la juventud de América, que se pone en marcha para renovar nuestro mundo. Este signo es justamente la Cruzada de María.

La partida

En la tarde del 16 de enero nos encontramos en Bellavista para los últimos preparativos. Luego de la eucaristía nos dirigimos a la casa de la juventud masculina, donde estaba ya todo el equipo necesario: carpas, mochilas, materiales, mapas, instrumentos, botiquín, alimentos, etc. Entonces iniciamos la ceremomia de control de peso. El P. Claudio fue muy estricto: “sólo 15 kilos en la mochila”. Con ánimo entero nos diponíamos a una aventura que marca la vida de la persona. Contamos con la ayuda<de Dios, la confianza de la Santísima Virgen y la compañía de Mario Hiriart, presente a través del báculo de peregrino con una réplica de la cruz de su tumba.

Cuatro fueron los valientes que desafiaron a la cordillera en nombre de la Madre y Reina tres veces Admirable. El P. Claudio Martínez (Temuco), Felipe Bezanilla (Seminarista), Leonardo Plencovich (Puerto Montt) y Rodrigo Barraza (Valparaíso). Comenzaba la Cruzada de María. Nuestro objetivo era determinar la ruta a seguir en Enero de 1999, contactar a las autoridades argentinas y chilenas, medir las fuerzas naturales y sobrenaturales de la marcha por 400 kilómetros del mejor retiro espiritual existente.

Después de ocho horas de viaje, arribamos al terminal de buses de Mendoza. Don Rubén y Angelita Reitano, miembros de la Federación de Matrimonios de Mendoza, nos acogieron y alojaron en su casa. Allí nos contactaron con Dante Bercich, schoenstattiano, Comisario Inspector de la Policía en la zona de Mendoza, con quien trazamos la ruta hasta Libertadores. Nos apoyó junto a su esposa durante todo el viaje, disponiendo de los cuarteles de la Policía. Aquella tarde hubo también un asado preparado por los Pioneros, en el que compartimos nuestras diversas experiencias, reímos y jugamos.

En la mañana del domingo 18 de enero, celebramos misa en el Santuario de Mendoza. Despedidas afectuosas, los últimos abrazos, estaba todo listo y comenzamos a caminar de regreso a Chile, faltaban 30 kms. para la primera parada y alojamiento en Cacheuta.

Después del primer día de marcha, con buen ánimo, pero físicamente desarmados y muy deshidratados (40 grados centígrados en la pampa), enfrentábamos un primer cordón montañoso.

Esta etapa hasta a Uspallata tiene escalas obligadas en Potrerillos, Los Arboles y Cerro Negro, prácticamente los únicos puntos de abastecimiento de agua. Esta etapa la llamamos: “la de marcha penosa”, el peor tramo duró 16 horas. Requerimos de 35 horas de descanso para recuperarnos (“dormir continuo”, sólo una diferencia conceptual lo distingue del coma profundo).

Repuestos ya de nuestras heridas y dolores, al atardecer partíamos de Uspallata a Polvaredas. Era una tirada larga, pero el ritmo inicial que impusieron nuestros hombres de punta, llenos del Espíritu Santo, fue tan espectacular que a las cuatro de la mañana alcanzamos el Río Cortaderas, afluente del Mendoza. Sacamos hora y media de ventaja al plan lo que nos permitía dormir en los túneles del camino viejo hasta las seis de la mañana.

Llegamos a Polvaredas, almorzamos, descansamos y todos a la enfermería, tocaba el control de rigor y curación de las heridas. Descansados y sumamente hidratados partimos a Punta de Vacas; se acababan las marchas nocturnas. Todos los tramos de ahora en adelante serían de día. De Punta de Vacas a Penitentes, de Penitentes a Puente del Inca, donde pasamos la noche. Luego pasar la Aduana y caminar hacia la última parada argentina en Las Cuevas, a 190 kms. de Mendoza y 8 días de camino.

Cristo Redentor

Diariamente celebramos la Eucaristía. Sin duda la más emotiva fue la compartida junto a la comunidad de Las Cuevas, donde chilenos y argentinos, forman un puñado de hombres que hacen frente a los embates de la Cordillera en un paraje de hermosura extrema, pero muy distinto al desarrollo de cualquier forma de vida habitual.

Espontáneamente uno de los guías nos ofreció sus servicios para llegar al Cristo Redentor. El camino bloqueado por la nieve requiere precisamente la experiencia y el conocimiento de un hombre de la zona.

Peregrinar es viajar en busca de Dios por medio del encuentro con nosotros mismos, con los demás y la naturaleza. En la memoria nos quedan las palabras de uno de los guías del duro ascenso al Cristo Redentor: “llegar a Cristo duele y cuesta, pero la safisfacción y la alegría no conocen palabras”. El Cristo Redentor se levanta majestuoso justo en la frontera de dos países hermanos, su mano derecha esta orientada en una bendición hacia Argentina y su mano izquierda sostiene la cruz hacia Chile. Símbolo de esta hermandad, el poderoso Cristo de 1.500 kilos. a 4.200 mts. de altura, en sus cimientos tiene una placa que nos recuerda las palabras de Monseñor Angel Jara (17 de enero de 1934): “Se desplomarán primero estas montañas antes de que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor”. Más abajo, otra placa tiene inscrito el compromiso que sellaran schoentattianos de ambos países, que dice: “Construiremos un Santuario símbolo de Unidad de nuestros Pueblos y Corazones. América será en el tiempo nueva antorcha de María”. Año a año este compromiso es renovado con una eucaristía a los pies del Cristo donde participan schoenstattianos de Mendoza, Valparaíso) y Santiago.

Libertadores

“Montaña fantástica y grandiosa que impone su servidumbre a todo el que intente penetrarla. Que mide sin piedad el valor físico y moral del importuno. Que no admite la maniobra más que en los lugares que ella misma elige. Que afirma su voluntad y dirige a su manera la estrategia y la táctica. Arrojando a su seno a los soberbios y a los imprudentes que no la consultaron antes de tomar sus decisiones. Amiga de los audaces y enemiga de los tímidos, quiere ser temida, pero conquistada la gran caprichosa sólo se entrega a los que la aman.

Con estas palabras nos encontramos al término del día en el que pasamos la frontera, cuando buscábamos un lugar para pasar la primera noche en tierra chilena. Las encontramos a la entrada del refugio del ejército de alta montaña en Juncal, a poca distancia de la antigua estación ferroviaria de los Hnos. Clark. Fuimos recibidos por el Cabo Rolando Ahumada y tres conscriptos, pertenecientes al Regimiento Guardia Vieja. Ellos nos condujeron hasta las dependencias donde encontramos el descanso reparador y lo más importante, la tan deseada ducha de agua caliente.

Al día siguiente las etapas de nuestra marcha se sucedieron con rapidez, todo era de bajada… ¡qué alivio! De Juncal a Guardia Vieja y El Espino, de El Espino a Río Blanco, de Río Colorado a Los Andes y Auco.

Santuario de Auco

Sintiendo la presencia de la MTA durante toda la peregrinación, no puedo dejar de destacar uno de los gestos que nos produjeron mayor admiración. Fue el que realizó Cristián Gutiérrez, natural de El Espino. Después de ayudarnos a amar el campamento, pues estábamos exhaustos, se ausentó unos minutos, para regresar con pan amasado por él y otros víveres. Un gesto desinteresado de un joven sencillo.

Tras otro día de caminata, con pie firme ingresábamos al Santuario de Santa Teresa. El sobrecogedor ambiente que nos rodeaba marcó para siempre nuestras almas, la misa de acción de gracias tuvo un carácter sobrenatural para todos nosotros. La cordillera quedaba atrás, la etapa más peligrosa de la expedición, con la ayuda de la MTA, había sido superada.

Si bien el plan era continuar cuatro días más hasta el Santuario de Bellavista, tuvimos que interrumpir nuestra peregrinación en Auco debido a causas de fuerza mayor. Debido a que la parte más importante justamente ya estaba lograda y abierta la ruta para la Cruzada de María, no nos desanimamos por las dificultades. En bus viajamos a Bellavista y allí concluimos esta primera estapa de la Cruzada.

Hogar, dulce hogar. Nos mirábamos unos a otros y nos reíamos. Ingresar en el Santuario de Bellavista, después de la travesía, donde el esfuerzo físico, el silencio y la oración nos renovaron corporal, mental y espiritualmente para rezar, llenos de alegría, la pequeña consagración a María.

No fuimos por casualidad. Lo que les hemos contado no es otra cosa que nuestra misión del 31 de Mayo. Esa es la misión que el Padre legó a la Familia y que confió de modo especial al Schoenstatt latinoamericano. La promesa hecha en el Cristo Redentor requiere de por lo menos 100 jóvenes peregrinos para enero de 1999. La Cruzada de María está en marcha, necesitamos de la presencia de todos los miembros de la Juventud Masculina. Hay muchas formas de participar en esta empresa, por ahora sólo hay que contactarse con el P. Claudio Martínez (Temuco). Hoy comienza tu preparación, en oración permanecemos vinculados. Nos juntamos el 2 de enero de 1999 en las puertas del Santuario de Mendoza para comenzar a caminar de la mano de María hasta Bellavista y construir todos la nueva historia”.

¡Cruzada de María… en marcha!

Rodrigo Barraza y P. Claudio Martínez

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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