Entrevista con el Padre Ángel Strada, postulador del proceso de beatificación del P.Kentenich

Francisco Grondona. El proceso de canonización del Padre Kentenich fue abierto el 10 de febrero de 1975 en la ciudad de Tréveris. El Padre Ángel Strada es, desde el 20 de enero de 1997, el postulador de la causa tanto del Padre Kentenich como a su vez de la causa de Mario Hiriart, cuyo proceso ya se encuentra en Roma. En esta entrevista el Padre Ángel nos cuenta cómo está actualmente el proceso del Padre Kentenich, los pasos que se debieron seguir y cómo mantener vivo el interés por la canonización de nuestro Padre fundador.

¿En qué consiste el proceso de canonización? ¿Cuáles son los pasos a seguir y cómo se debe proceder?

El proceso de canonización es el procedimiento legislado por la Iglesia católica para verificar la santidad de una persona y reconocerla como modelo de vida según el evangelio e intercesora ante Dios, autorizando el culto litúrgico en su memoria. En el transcurso de los siglos este procedimiento ha tenido muy distintas formas. En la actualidad, según la legislación vigente desde 1983, consiste en dos etapas. La primera es informativa y se realiza en la diócesis donde la persona murió. Consiste principalmente en la toma de declaración de los testigos – a favor y en contra – y en la recolección de todo el material que sirva para investigar su vida y su heroicidad de virtudes. La segunda etapa en Roma es definitoria. La Congregación para las causas de los santos evalúa toda la información recibida y con la ayuda del juicio de ocho teólogos y de ocho obispos y cardenales llega a una conclusión que presenta al Santo Padre. En el caso de los confesores se inicia después el tratamiento del proceso de milagro, cuya primera etapa se la realiza en la diócesis donde ha tenido lugar. En el caso de los mártires no se requiere un milagro para la beatificación.

¿Cuándo comenzó la causa y cuál es su estado actual?

Por pedido de la Presidencia internacional de Schoenstatt la causa fue iniciada oficialmente por el obispo de Tréveris, Mons. Bernhard Stein, el 10 de febrero de 1975, es decir, seis años y medio después de la muerte del P. Kentenich.

Ya se han cumplido todos los requisitos de la etapa diocesana: la declaración de testigos, el examen de los escritos editados, la recolección y evaluación de los escritos no editados, la documentación sobre la fama de santidad, la declaración de no culto litúrgico, etc. En este último tramo, debido al cúmulo de trabajo del Delegado diocesano por ser simultáneamente Vicario general de la diócesis de Tréveris, la causa ha estado un tanto demorada. Tanto él como el nuevo obispo, Mons. Ackermann, han manifestado explícitamente la voluntad de que en los próximos meses se puedan concluir las tareas, muchas de ellas de orden técnico: numeración de las actas, legalización, confección de índices, etc. Entonces se podrá realizar la sesión de clausura y enviar a Roma toda la documentación. Oportunamente informaré a toda la Familia sobre este acontecimiento.

¿Cuántos son los escritos del P. Kentenich que se debieron estudiar?

En la legislación de las causas se requiere la presentación de todos los escritos existentes y se distingue entre escritos editados y no editados. Los escritos editados del P. Kentenich (libros o escritos publicados) fueron estudiados por teólogos nombrados a tal efecto, quienes dictaminaron que en ellos no se encuentra nada contrario al dogma y a la moral de la Iglesia católica. Los no editados fueron objeto del trabajo de una comisión de historiadores nombrada por el Obispo de Tréveris. Cerca de 120 archivos religiosos y civiles en Alemania y en todos los países donde estuvo del P. Kentenich fueron consultados sobre la existencia de documentos referidos a él. Se han catalogado alrededor de 29.000 escritos (cartas del y cartas al o sobre el P. Kentenich, conferencias, homilías, estudios, apuntes, etc.). Son un testimonio de la gran capacidad de trabajo del fundador, de su servicio incansable a personas y comunidades, de su sabiduría y conciencia de misión. También testimonian su autoridad moral y su fama de santidad, dado que ellas motivaron a tantas personas a guardar como un tesoro la carta recibida o los apuntes tomados en una conferencia.

Es bueno destacar que el examen de los escritos no constituye el tema central de un proceso. “No se canonizan ideas sino vidas”, escuché decir a un perito. Lo más decisivo es la existencia concreta de la persona y las huellas de su seguimiento incondicional de Jesucristo. Por eso las declaraciones de los testigos que tuvieron contacto cercano y directo con el Padre fundador son las fuentes más significativas.

El P. Kentenich resaltó la santidad de la vida diaria. ¿Se puede pensar que el milagro obrado por su intercesión no será una gran manifestación sino un pequeño acto?

La santidad de la vida diaria es, sin duda, un mensaje central de nuestro fundador. Lo es también del Concilio Vaticano II cuando afirma la vocación a la santidad de todos los bautizados. Pero cuando la Iglesia aprueba un milagro está afirmando la existencia de un hecho extraordinario de la gracia que trasciende las leyes de la naturaleza. Es una gran manifestación del poder de Dios que no tiene ninguna explicación científica posible ni se la puede atribuir a fuerzas humanas o naturales.

El requisito de un milagro para la beatificación de un confesor proviene del deseo de la Iglesia de recibir una confirmación divina para el resultado positivo al que ha arribado después de una investigación exhaustiva de la vida de la persona y antes de dar el último paso de la declaración de su santidad. Sabemos que el P. Kentenich fue muy reservado frente a fenómenos extraordinarios de la gracia. De ninguna manera los negó pero siempre acentuó la importancia de la fe práctica en el actuar de Dios en los sucesos ordinarios de la vida y de la historia. Acentuó asimismo la importancia de la obediencia a las normas de la Iglesia. Con confianza tenemos que implorar el don de un milagro obrado por su intercesión para que la Iglesia reconozca su santidad.

¿Influye en el proceso del P. Kentenich el hecho de que se haya concluido la etapa diocesana de los procesos de varios hijos e hijas espirituales: José Engling, Joao Pozzobon, Hna. Maria Emilie, Mario Hiriart?

El santuario tiene que llegar a ser una “cuna de santidad” para muchos, según el documento de fundación. Quien vive fiel y generosamente la alianza de amor del 18 de octubre de 1914 es conducido a la plenitud de la vida cristiana, afirmó Juan Pablo II en septiembre de 1985. A esa plenitud llegó el Padre Fundador y, en su seguimiento, muchos hermanos y hermanas en la alianza. En la historia de la Familia hay vidas ejemplares: Max Brunner, Hans Wormer, Padre Reinisch, Bárbara Kast, Gilbert Schimmel, P. Hernán Alessandri… Sus vidas son testimonio de la acción de Dios en la historia de nuestra Familia. Fueron personalidades diferentes y vivieron en culturas y épocas diferentes. Todas, sin embargo, tuvieron la misma fuente de santidad: la alianza de amor. Todas, en diferentes medidas, estuvieron bajo la influencia de la paternidad espiritual del P. Kentenich. Son, por lo mismo, frutos de su propia aspiración a la santidad. El P. Kentenich no es un santo aislado. Creo que es muy significativo que junto a su causa de canonización estén en marcha causas de discípulos suyos. Todas hacen manifiesta la fecundidad del carisma del fundador. Y que el Espíritu Santo quiso regalar en Schoenstatt un camino nuevo de santidad en la Iglesia. Hay caminos sumamente fecundos y reconocidos, los abiertos por Benito de Nurcia, por Francisco de Asís, por Teresa de Ávila, por Ignacio de Loyola… Han regalado a la Iglesia y a la humanidad figuras insignes. El camino abierto por el P. Kentenich comienza a estar avalado por las diferentes causas de canonización. Es de desear que todas concluyan con el reconocimiento de la santidad, tanto del fundador como de sus discípulos.

¿Cómo se logra que después de más de 30 años de proceso se mantenga vivo el interés de la Familia de Schoenstatt?

En mi tarea de postulador he podido experimentar de muchas maneras la vitalidad de este interés, tanto en personas como en comunidades. Últimamente, hace pocas semanas, en hermosos encuentros que tuve en los distintos centros del Movimiento en Méjico. Se manifiesta de múltiples modos: la oración por la beatificación, el rezo de novenas, la ayuda financiera, el interés por la marcha del proceso, encuentros y jornadas con este tema, etc. De muchos países peregrinan personas al santuario original y a la tumba del Padre, visitan la Casa Padre Kentenich y la Casa de formación de las Hermanas donde vivió sus últimos tres años. En casi todos los centros del Movimiento en todo el mundo se han erigido memoriales o lugares de encuentro con el P. Kentenich. Estas y muchas otras manifestaciones expresan que la persona del fundador permanece viva en su fundación. No es de extrañar que esté vivo también el anhelo de que la Iglesia reconozca su santidad. El proceso ya lleva 35 años y no es de esperar que la etapa romana pueda desarrollarse rápidamente. Por el contrario, demandará mucho tiempo y trabajo. Pero lo importante no es la velocidad de la causa sino la importancia que tiene para la vida de la Iglesia.

¿Qué aportaría a la Iglesia católica la canonización del P. Kentenich?

Cada santo aporta algo decisivo a la Iglesia: muestra que es posible vivir el evangelio de Jesucristo. Ellos demuestran que la fe cristiana no consiste en ideales utópicos ni mera proclamación de verdades alejadas de la realidad. La vida nueva regalada por Jesucristo transforma vidas humanas con nombre y apellido propio. Cada santo tiene su psicología particular y vive en una cultura determinada. A nadie se le ahorra procesos de maduración, experiencias de la grandeza de Dios y de la pequeñez humana. San Pablo es diferente de San Pedro, Francisco de Asís no es Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila no es Teresa de Calcuta. Cada uno aporta su seguimiento personal y original de Cristo. Y todos juntos manifiestan con perfiles propios la riqueza inconmensurable del misterio de Cristo. Esto nos posibilita tener una diversidad de modelos y de caminos para la propia aspiración a la santidad. Es el sentido de las distintas espiritualidades en la Iglesia. Y de la libre elección de cada cristiano escogiendo a quién quiere venerar y tener como modelo e intercesor en el cielo.

El teólogo Von Balthasar afirma que los santos son “respuesta de arriba a las preguntas de abajo”. Muchas preguntas planteadas en este tramo de la historia que nos toca vivir fueron preguntas que se planteó el P. Kentenich, quien vivió “con la mano en el pulso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”. A muchas preguntas dio respuesta con su propia vida porque dejó que Dios actuara en él y María lo educó desde el santuario. Necesitamos santos contemporáneos, con quienes podemos identificarnos porque son parte del mundo concreto del que formamos parte. El progreso técnico, las maravillas de la ciencia, el Concilio Vaticano II, la afirmación de los derechos humanos son luces del siglo XX, mezcladas con oscuras sombras: la orfandad moderna, los campos de concentración, dos guerras mundiales, la creciente secularización, la desigualdad entre los pueblos… Ese escenario de la biografía del P. Kentenich no nos es extraño. En este escenario se desarrolla la vida de la Iglesia actual. Allí se encuentran los desafíos planteados a la fe. La canonización del P. Kentenich ratificaría la validez del camino recorrido por él y lo ofrecería públicamente a la Iglesia universal.

¿Cómo se puede colaborar en la causa de canonización?

Una colaboración decisiva es la oración. La canonización hay que implorarla como un don. Más concretamente: hay que pedir la gracia de la clausura de la etapa diocesana y la gracia de un milagro obrado por intercesión del P. Kentenich.

Y no hay que olvidar aquella respuesta de Juan Pablo II a jóvenes suizos que en la plaza San Pedro le pedían la canonización: “canonícenlo ustedes”. El reconocimiento oficial de la Iglesia será un hecho histórico. Pero no hay que pensar que obrará automáticamente la recepción de la persona y el mensaje del P. Kentenich en la vida concreta de los cristianos. Ella depende antes que nada del testimonio y del anuncio de quienes nos sabemos sus discípulos. Juan Pablo II en ocasión del centenario del natalicio del Padre fundador en 1985 nos dijo: “habéis sido llamados a ser partícipes de la gracia que recibió vuestro fundador y a ponerla a disposición de toda la Iglesia. Porque el carisma de los fundadores se revela como una experiencia del Espíritu, que es transmitida a los propios discípulos para que ellos la vivan, custodien, profundicen y desarrollen constantemente en comunión y para el bien de toda la Iglesia”.

4 de febrero de 2010
P. Angel Lorenzo Strada
Postulador

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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