“Confieso que he vivido”

ROSARIO, José María Sanguinetti. Como Neruda, “confieso que he vivido” esta frase de nuestro fundador: “Alegres en la esperanza, seguros de la victoria, hacia los tiempos más nuevos”. La he visto en rostros, manos, lágrimas, palabras y rezos. Pude ver la profecía y pude verla como nunca: clara y completa.

Durante cuatro días fui testigo de la esperanza, de la alegría, de la victoria y del nuevo tiempo: fui misionero. A pesar del calor, de la lluvia, de la incomodidad y de las propias limitaciones me encendió el corazón y la vida el fuego, ese fuego mariano que cada uno de los jóvenes lleva a flor de piel, que se escapa a borbotones y se da sin pensar… dando “hasta que duela”.

He visto la esperanza andar por los barrios, en medio del barro, llevando consuelo, llevando a María. He visto la alegría en los rostros de los niños buscando un abrazo, un juego, un tiempo distinto; recuperando por un rato (aunque más no sea) algo que escasea: los tiempos de la inocencia infantil.

He visto la victoria como nunca. Puedo asegurarles que la vi correr por esas familias abandonadas, la vi inundar corazones resignados a los pies de Nuestra Madre, la Vencedora, la que obra milagros.

Vi un tiempo nuevo, el tiempo de la promesa, de la solidaridad y de la Nueva Comunidad.

Ese silencio donde el Espíritu vuelve a soplar y somos de nuevo fuego

Todo esto en cuatro días, plenos, duros e imborrables. Cuatro días de quedarnos mudos ante la pobreza; una pobreza que no es sólo la indignidad de las condiciones de vida sino que es ausencia de afecto y vínculos. Cuatro días de luchar contra la impotencia, el escepticismo y la bronca de ver lo que no queremos ver, de vivir lo que no queremos que nadie viva, de enmudecer ante las realidades más dolorosas. Y en ese silencio es donde Ella habla, donde el Espíritu vuelve a soplar y somos de nuevo fuego: Ignis Mariae.

Dice una canción que esta es la “patria de lo inaccesible” y este tiempo es “olvidado de Dios”. A esa Patria y a ese tiempo dan respuesta estos jóvenes. No dan la solución definitiva, sino que emprenden la marcha, se animan, intentan, no temen al fracaso sino que temen a la indiferencia, a no darlo todo, a no ensuciarse las manos, temen a quedarse en la comodidad de sus vidas.

“No te olvides, familia, que tu padre fue profeta”

Vienen a mí las palabras del Padre Horacio Sosa: “No te olvides, familia, que tu padre fue profeta”, y detrás de ellas las palabras del Padre Kentenich que el eligió para explicar su frase:

“Todo depende de que logremos orientarnos otra vez con el antiguo fervor hacia la alegría para el sacrificio y el impulso de conquista hacia nuestra visión de futuro. Si no lo conseguimos, quizás podamos conquistarnos el beneplácito de los grupos mas estrictos de la iglesia, ser mirados y escuchados con gusto, alabados como juiciosos, abiertos al mundo, amantes de la cultura y de criterio amplio, pero, en el fondo, nos pareceríamos – nosotros y nuestra comunidad – a un águila que quiere remontarse hacia el sol con las alas rotas. Nuestra mejor época habría pasado, el sepulturero estaría cavando y pronto tendría lugar al entierro. Los ideales de nuestra juventud habrían sido un sueño, y la iglesia se lamentaría ante el ataúd de una joven comunidad que una vez alentó las más altas esperanzas pero que fracasó. ¡Dios nos guarde de este trágico destino! Que El suscite en nuestras filas hombres y mujeres que, como antiguos profetas, barran como un vendaval las hojas secas de las estructuras viejas, llamen sin cesar a la lucha y se planteen a sí mismos y a los demás las más altas exigencias”.

“¿Cambió tu vida después de la misión?”

Vuelvo a avivar el fuego que encendió María hace más de 20 años cuando sellamos nuestra Alianza, vuelvo a entender que es necesario salir de nuestras “comodidades” y de nuestras “seguridades”. Vuelvo manejando, es de noche, charlamos con Cecilia y nuestros hijos sobre lo vivido en la misión: felices no nos queremos ir, cansados no queremos descansar y allí, en esa madrugada cargada de vivencias, Josema (9 años) pregunta: “¿Cambió tu vida después de la misión?”.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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