En la radicalidad y fe ardiente de los primeros congregantes

SAN ISIDRO, Juan Pablo y Alejandra Lukac/mkf. En el Santuario de San Isidro, Argentina, se celebró una hermosísima y muy concurrida misa de Consagración de los Niños al Corazón de María. A la tarde la Campaña organizo un Rosario Iluminado hermosísimo que estuvo prendido durante la misa de las 20.00 hs, después de la cual los jóvenes colocaron la Cruz Negra y en una celebración muy emotiva entusiasmaron y comprometieron a todos con el espíritu de los primeros congregantes.

A la sombra del Santuario tuvo lugar una Misa celebrada por el Padre Pablo Pol, donde los niños se ocuparon del guión, de leer las lecturas y las intenciones. En las ofrendas los chicos llevaron junto con el pan y el vino desde una mamadera hasta juguetes, carpetas y música como expresión de su vida cotidiana.

Antes de la bendición final más de 400 niños acompañados por sus padres, abuelos o padrinos, levantando corazones en alto, consagraron el suyo a María y después pasaron al Santuario para dejarlo a los pies de María. Fue una verdadera fiesta donde las familias se acercaron con alegría al Santuario para poner en manos de María el corazón de sus hijos y el suyo, con la confianza de que María los recibe amorosamente y que Ella también entrega su corazón a cada uno de sus hijos.

Dejo todo

Al final de la misa de la tarde la Juventud Masculina colocó al costado de la Piedra de José Engling una Cruz Negra, con la insignia “DEJO TODO”. Esta cruz fue conquistada durante todo el 2009 con el lema “DEJO TODO O ME VOY”, que buscó sintetizar la radicalidad y fe ardiente de los primeros congregantes, que dieron su vida por Schoenstatt en la Primera Guerra Mundial. Fue el anhelo de todos crecer en el sentido de compromiso y de pertenencia con la Rama y sus grupos de vida.

El capital de gracias consistió en pequeños sacrificios que recordaban diariamente la actitud de entrega de los primeros congregantes: hacer la cama; minuto heroico; ceder el asiento; no copiarse; estilo de vida: alcohol y pureza; oración de la mañana; decenario diario y saludar a María cuando llego al Santuario. Por cada acto de entrega, colocaban una piedrita negra en una cruz de acrílico que hizo de capitalario.

Después de la lectura de un rito con el cual se bendijo y se colocó la Cruz Negra, también se escucharon tres testimonios de dos jóvenes y de un padre de la Obra Familiar, donde contaron lo que significó para ellos la conquista de la Cruz. Toda la ceremonia fue muy emocionante, y realmente se percibió un clima de verdadero anhelo de heroísmo, fraternidad y familia.

Sin dudas, fue un año de gracias especiales para toda Juventud Masculina del Santuario de San Isidro. Ahora tienen la misión de dar respuesta, como ardientes cruces negras, a los importantes desafíos que enfrenta el país.

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