Jere Ruiz: un corazón MISIONERO

CÓRDOBA, Juan Barbosa. En la tarde del pasado 16 de diciembre, la Juventud Masculina de Schoenstatt de Córdoba sufrió uno de los dolores más fuertes de su historia: el regreso a la Casa del Padre de uno de sus integrantes más comprometidos y queridos por todos, Jeremías Ruíz, “el Jere”, como cariñosamente le decían y le seguirán llamando. Su partida fue tan inesperada como repentina. Una aneurisma cerebral fue el detonante que en apenas 6 horas motivó su fallecimiento, permitiéndole, no obstante, hacerlo en paz con Dios mediante la recepción de la Unción de los enfermos y en compañía de familiares y afectos muy cercanos.

Alegre, cercano y pragmático

Con estas palabras tan claras y determinantes de su personalidad, el P. Marcelo Gallardo, de la Comunidad de los Padres de Schoenstatt, su Director Espiritual, definió a Jere, agregando que la firmeza y el compromiso, eran dos dotes sumamente palpables en él a la hora del trabajo apostólico, algo que amaba.

Ya de novio con su inseparable Mechu Aliaga, Jere ingresó en la Juventud Masculina de Schoenstatt conociendo allí a su otro gran amor: la Madre de Dios. Con Ella selló su Alianza de Amor el 22 de noviembre de 2003 y desde allí, en el Santuario de la Vida y la Esperanza del Cerro de las Rosas, prometió a la Virgen María su fidelidad, su compromiso apostólico y su lucha diaria por la santidad. En su oración de consagración, Jere pedía a la Madre de Dios su iluminación para desarrollarse en todos los campos de la mejor manera: según el mandato y la voluntad de Dios.

“Jere tenía un enorme don -cuenta el P. Marcelo Gallardo con una sonrisa a flor de labios- donde llegaba, estaba con toda su potencia. Él “hacía hogar” allí donde estuviese y, gracias a su enorme personalidad, podía estacionar su R6 (N de la R: vehículo casi en desuso por su antigüedad) al lado de los autos más lujosos sin perder su gran autoestima, vivida con enorme humildad”.

Una historia de amor y de amistad

En los 8 años de inseparable noviazgo con Mechu no dejaron de cultivar, ni un solo día, su amor por la Mater, como cariñosamente se llama a la Madre de Dios en Schoenstatt. “Compartían sueños e ideales sumamente altos para su desarrollo individual y para su noviazgo, el que llevaron adelante con santidad y con profundo compromiso con ellos y con los demás -continúa en su relato el P. Marcelo Gallardo-. Ellos no se encerraban entre sí sino que cultivaban profundamente su amor y lo irradiaban a los demás, tanto en imagen como en actos concretos.

Los dos profundamente misioneros a tal punto que Jere llegó a decir que durante años soñó con ser Rector de Gaudium Mariae (N de la R: Nombre con que se identifica a la Misión que en verano las juventudes de Schoenstatt llevan adelante; ésta edición será la 7ma. y estará integrada por 180 jóvenes) algo que esta vez se le daba, no por elección propia, sino por designación del Equipo, dado su alto consenso en el Grupo. Él quería como anhelo vector, poder Servir a una Comunidad Misionera”.

Otra pasión que sentía era el canto, y el canto folclórico tradicional, y por ellos integraba el grupo LOS NOGALES, por quien Jere sentía un sincero y muy justificado orgullo. Afiches y compactos de su querido grupo de amigos cantores lo rodearon tanto en su vida como en su destino final.

Cuentan sus amigos que la actitud de Jere era de permanente escucha-activa. Su natural disposición a la acción, y su corazón abierto a los demás ( por eso la Nota se titula Jere Ruiz: un corazón MISIONERO) lo propulsaban siempre a solucionar cualquier eventualidad que se le presentara, tanto a él como a sus amigos y a su grupo misionero. “No es en vano que dos comunidades que integró – continúa en su relato el P. Marcelo – lleven nombres que definan tan bien a Jere: COR UNUM (un solo corazón misionero) que era el nombre de su Comunidad en Gaudium y MAGIS (Dad siempre más) el Ideal de su Grupo de vida”.

El llamado de Dios

La mañana del día 16 de diciembre Jere sintió en su trabajo, que estaba a punto de dejar para culminar sus estudios universitarios que lo graduarían próximamente como Ingeniero agrónomo, un fuerte dolor de cabeza que determinó su urgente traslado a la Terapia Intensiva del Hospital Privado, donde su papá integra el excelente grupo médico de ese renombrado Centro de salud.

Absolutamente conciente, recibió la visita de sus familiares y amigos y por supuesto del P. Marcelo Gallardo. Luego de una profunda charla entre ambos, el sacerdote le impartió la Unción de los Enfermos y pudo disfrutar de un sentido encuentro con sus hermanos de “La J.M.” (Como los mismos jóvenes llaman a la Juventud Masculina de Schoenstatt) quienes luego, con Jere ya inconsciente, renovaron todos su Alianza de Amor con María y repitieron, por última vez con Jere, el lema que es de esta Misión pero que llevarán impreso en el alma durante todas sus vidas: “REINA de Chilecito, ardemos por Tu Misión”.

Su querida Mater se manifestó por intermedio de un ofrecimiento que el P. Marcelo Gallardo le realiza al papá de Jere: la despedida en el Santuario, ese Santuario que Jere tanto amaba. La Juventud Masculina tomó a su cargo toda la Ceremonia, como una forma de acompañar a su Icono. Sin ninguna duda el P. Marcelo Gallardo lo definió así, citando que “agradezco a la querida Madre de Dios que, en este año de Coronación, haya tenido la delicadeza de proponernos un ícono, tanto de juventud como de misionero, en la persona del querido Jere. Sin lugar a dudas vivió en una constante lucha por la santidad y en un permanente servicio a los demás, tal como él ansiaba para su vida”. En su última visita al Santuario, Jere descansaba junto al altar, bajo su tan amada REINA y en Adoración permanente al Santísimo, compartida por decenas de jóvenes, que formando algunos cientos, durante toda la noche acompañaron a SU AMIGO.

Él no nos deja. Jere partió en Misión

Dos ceremonias eucarísticas marcaron la despedida final. La del mismo 16 por la noche, donde cientos de personas se reunieron en torno al altar para acercarle su adiós, y la del día siguiente, a las cuatro de la tarde, la cual se realizó a esa hora al aguardo de su mamá, proveniente de Europa. “La Misa de exequias ha sido una Misa de ENVÍO – relata el P. Marcelo Gallardo. Como Rector General de Gaudium, personalmente dejé junto a Jere, a modo de entrega, el Rosario de los Rectores y entregué el Evangelio a Mechu Aliaga para que ella sea quien lo deje junto a su gran amor para que entonces juntos lo enviemos a Jere en su última Misión. Jere no nos deja, él no va a descansar. Va a trabajar desde el Cielo junto a LA REINA, cuidando a cada Comunidad y a cada misionero para que su corazón se abra y de este modo peregrinen con la Madre de Dios en total plenitud”.

Junto al cartel recientemente bendecido, que marca el ingreso a la sede Centro Padre José Kentenich, del Movimiento Apostólico de Schoenstatt en el Cerro de las Rosas, fue la despedida final. ¿Por qué ahí? Porque ese cartel está allí en gran parte por mérito de Jere. Por su empuje y su constancia se llevó adelante su construcción (¡El mismo gestionaba, custodiaba y controlaba los fondos para su financiamiento!) y una anécdota graciosa lo muestra “de cuerpo entero” como se dice en Argentina. “Jere tenía esas cosas de unión fuerte entre lo espiritual y lo natural, tan necesario para entender, admirar y amar profundamente a Dios – continúa comentándonos el P. Marcelo Gallardo- . Cuando surge el anhelo de un gran cartel, lo primero que se crea es una Rifa. Un primer premio muy atractivo, por lo tecnológico, un segundo premio muy admirado, por lo espiritual ya que era un cuadro de la Mater, y… faltaba un tercer premio. Jere, sin ninguna duda dice… ¡Un lechón! Por si no entendieron su mensaje, les comentó a la Comisión que sin dudas ése sería un premio que integraba la Naturaleza a la Rifa… ¡Y obviamente que así fue!”.

Para finalizar, el P. Marcelo Gallardo desea manifestar su enorme agradecimiento, y en su nombre el de toda la Juventud, “a toda la Familia de Schoenstatt que tanto y de manera tan cercana, nos ha acompañado en este tan duro momento que es la despedida de un amigo. Esto demostró claramente que Jere no era de la Juventud sino de la Familia, y nos lleva a asegurar, con el mayor convencimiento, que cada miembro es de toda la Familia, aunque desempeñe actividades en determinada Rama o Acción”. “Un enorme GRACIAS queremos acercar a todos”.

Padre… ¿quién era este chico?

Cerramos este homenaje con tres comentarios que marcan con una claridad meridiana, que Jere era alguien especial:

“Sin dudas que no podía ser otra persona que Jere a quien la Mater llamara, por su valentía enorme, por su SÍ absolutamente incondicional” (Eugenio Méndez, Jefe de la JM Universitaria de Córdoba).

“Debemos hacer que el mundo conozca estos testimonios. Nuestros héroes están en los libros pero no sólo en ellos. ¡Están también en la vida diaria! (Una Hermana de María de Schoenstatt).

“Padre, ¿quién es este chico? Nunca en ningún sepelio de una persona no pública vi tanta gente y tampoco jamás vi tantas muestras de cariño y de profundo dolor” (Chofer de uno de los automóviles del cortejo fúnebre consultándolo al P. Marcelo Gallardo).

Más información, testimonios: www.jmcordoba.org.ar

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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