Primera peregrinación en Familia al Santuario de Nuevo Schoenstatt

BAHÍA BLANCA, Alicia N. Granieri. Desde la capillita de Schoenstatt “Madre y Reina del pueblo” en Paso Mayor (arquidiócesis de Bahía Blanca, en el sur de la provincia de Buenos Aires) partió una peregrinación hacia el Santuario Nacional en Nuevo Schoenstatt, el Santuario que bendijo el Padre Kentenich el 20- de enero de 1952, en Florencio Varela. Era un gran anhelo por cumplir, recordando una invitación que le hiciera el Padre Kentenich al Padre Maibach el 13 de abril de 1952, cuando entronizó la imagen de la MTA en aquella capillita de Paso Mayor y les dijo a los presentes: “El Padre Maibach va a velar para que ustedes hagan, en octubre, una peregrinación al Santuario de Schoenstatt en Florencio Varela. La imagen de la Madre de Dios quiere volver a iluminar nuestras vidas”.

Muchas fueron las peregrinaciones que ya se hicieron a Nuevo Schoenstatt, cumpliendo con este pedido del Padre Kentenich, pero esta se destacó porque fue de toda la Familia schoenstattiana de Paso Mayor: participaron los jóvenes, las señoras de la rama de madres, matrimonios de la Obra Familiar y misioneros de la Campaña del Rosario, provenientes de la ciudad de Bahía Blanca, de Pigüé, Espartillar y Caruhé . No se pudo hacer en octubre sino en noviembre, ¡pero se realizó!

El arribo a Nuevo Schoenstatt fue como llegar a la casa del Padre, todos rebosaban de emoción y de felicidad, bastaba con mirar las caras o escuchar los comentarios… algunos ya conocían el lugar, otros llegaban por primera vez, pero el sentimiento era el mismo, cumplir con el deseo del Padre y Fundador y disfrutarlo en Familia. Nuevo Schoenstatt es para todos un lugar santo donde se experimenta una indecible paz, la presencia del amor de la Mater y del Padre, en un ambiente perfumado por las distintas especies de árboles y flores que adornan y embellecen el inmenso predio.

Lo primero fue saludar al Señor en la Iglesia de Dios Padre, con un momento de adoración. Luego la participación en la Sta. Misa celebrada por el Padre Juan José Riba, asesor nacional de la Campaña en la Argentina. En la homilía, el Padre Riba dijo: “el reinado de Cristo es de servicio a los pobres, a los sencillos. Es humilde, no pomposo, no es un reinado de opresión sino de alegría. Cristo volverá, nuestra historia tiene un norte, es un río que vuelve al corazón de Dios. María prepara a los servidores de Cristo. Nos preguntamos ¿a quién vamos a servir, al Rey eterno o a aquellos reyes que nos fabricamos?” con esta pregunta para meditar en este Adviento, terminó la celebración en el Santuario con la consagración a la Virgen.

Distintas actividades y charlas

La Hna. M. Alejandra hizo una exposición sobre los lugares que son fuente de gracias, expresando que se venía de uno, la capillita de la Madre y Reina del Pueblo y se llegaba a otro, el Santuario del Padre; lo significativo de esta visita realizada en el mes de María, y la fuerza que emana de la Alianza de Amor que cada uno ha sellado con la Mater.

Después del mediodía las charlas de la Hna. M. Arntrudis acercaron al misterio de Schoenstatt – la presencia espiritual de la Mater en el Santuario – destacando que esa es la fuente de vida. En las difíciles circunstancias actuales del país, recordó las palabras que en 1952 dijera el Padre Kentenich: la Argentina es tierra de María y por eso nunca se perderá… Por eso cada Santuario debe ser el “nido de la nueva Argentina”.

A continuación escucharon una explicación del simbolismo del retablo de la Iglesia de Dios Padre, que consta de tres grandes paneles con la historia de la Alianza: la antigua, la nueva, y la de Schoenstatt. En el panel central – la nueva alianza – está la majestuosa figura de Dios Padre, con el Hijo en actitud de resucitar, y el Espíritu Santo en forma de paloma que une ambos corazones.

A ambos lados, escenas de la vida de la Sagrada Familia, que destacan la importancia de la familia, fundamento y corona de la Obra de Schoenstatt.

Para los jóvenes también hubo una charla-taller sobre el bicentenario del comienzo de la independencia argentina, que se conmemorará el año que viene.

Qué alegría al encontrarme en el Santuario y poder sumergirme en este remanso de paz

Maite, visitaba por primera vez Nuevo Schoenstatt, y decía con emoción: “¡Qué alegría al encontrarme en el Santuario y poder sumergirme en este remanso de paz donde fuimos para saludar a la Mater y recibir la bendición! También recorrimos con calma los senderos del Vía Crucis, donde las flores aparecen a cada paso, visitamos la librería, la santería, el vivero, la cantina….”.

Malena comentaba: “el Santuario es como un imán que llama a entrar en él una y otra vez para sentirse cobijado por la Madre. Cuesta ‘despegarse’ porque se experimenta una reminiscencia del Tabor: “Hagamos aquí tres tiendas….”.

Las señoras de la rama de Madres posaron junto a la estatua del Padre Kentenich para expresar su unión con él, el grupo de misioneros prefirió meditar en el Vía Crucis y recorrer el camino de casuarinas por el que el Padre solía caminar meditando…

“¡La sorpresa y la alegría ya se empezaban a sentir a poco de salir, la MTA nos estaba acompañando y animando! expresaba Rosario; “comenzamos a rezar y allí recibimos otro gran regalo, Cornelio Dukardt, de Espartillar, que era schoenstattiano, cantó una hermosa canción a la MTA, pues había sido educado en un seminario menor en los años en que el Padre Kentenich y el Padre Maibach ya estaban en la Argentina, y a ambos los había atendido cuando iban allí a pasar unos días. Fue en la época en la que llegó – ya en camino a su exilio en Milwaukee – para bendecir el Santuario de Nuevo Schoenstatt. Nos queda a nosotros velar para que desde Paso Mayor cuidemos esa luz que da vida y la da en abundancia”.

Un recuerdo de la construcción del Santuario

No menos conmovedor fue el testimonio de Cornelio Dukardt: “Hoy me vi siendo niño el día de la inauguración del Santuario” dijo quien después de unos cincuenta años volvía con su señora a ese lugar donde supo trabajar ayudando a construir el Santuario. Recordaba que estando pupilo en el seminario menor, en los momentos libres con un grupo de jóvenes iban al predio donde las Hermanas de María construían el Santuario con un albañil. Entonces ellos ayudaban en lo que podían. También recordaba a las Hermanas haciendo tareas en el campo, ya que en ese entonces no había empleados. Lo que más lo emocionaba era recordar al Padre y Fundador, cuando se alojaba en el seminario y lo veía caminando con una mano en la espalda y la otra acariciando su barba, siempre en silencio.

Fue una hermosa y fructífera peregrinación de la Familia de Paso Mayor. Quedó el propósito de repetirla todos los años para que más miembros de esta Familia puedan experimentar tanta bendición.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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