Somos hermanos, queremos ser Nación

MENDOZA, Jorge H. Day. “Nuestra mirada sería incompleta si no señaláramos como raíz del problema la crisis cultural, moral y religiosa en que estamos inmersos” (del documento “Somos hermanos, queremos ser Nación”, 98ª asamblea plenaria del Episcopado, Noviembre 2009).

Miguel Sago nos sacudió con el cortometraje sobre el hambre de algunos que se abalanzan sobre los desperdicios que dejan otros. Y nos llevó a preguntarnos qué podemos hacer, sin dejar de reconocer que es mucho lo que se está haciendo. Y en este auto-cuestionamiento siempre es bueno volver a las bases, como son el pensamiento de la Iglesia y de nuestro Padre Kentenich.

Voces del tiempo

Repasemos un par de noticias de los últimos días, con el método kentenijiano de ver en ellos una vox temporis. Una de estas novedades es que la Corte Europea de Derechos Humanos decidió favorablemente a la petición de la madre de dos alumnos y castigó al Estado italiano por la presencia de crucifijos en las escuelas del país.

Otra noticia es que la Jueza Gabriela Seijas ordenó al Registro Civil de Capital Federal que case a una pareja de hombres, hecho muy celebrado no sólo por la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) sino por muchos “progre” que entienden que esto significa un avance. Opino que una calificación más adecuada para quienes festejan estos “avances” es la que el Padre José Kentenich utilizó desde principios del siglo XX, coincidiendo con otros pensadores como Ortega y Gasset. Ellos hablaban del hombre masa.

Convicciones propias, actitudes firmes, una voluntad indomable y un comportamiento consecuente con las propias convicciones

Cito algunos conceptos de José Kentenich: “El hombre masa es el que hace lo que hacen los demás, cuando lo hacen los demás y porque lo hacen los demás…. ¿Quiénes de estos hombres rebaño… conservan aún convicciones propias, actitudes firmes, una voluntad indomable y un comportamiento consecuente con las propias convicciones…?.”.

“Desde tiempos inmemorables hay un empeño por privar a las regiones católicas de toda manifestación de catolicidad. ¡Que eliminen crucifijos y ermitas! Si le quitan al hombre la comunidad y la atmósfera comunitaria, se convierte en un ser solitario. Entonces es más fácil aplastarlo”.

“¡Ay del que esté solo! ¿No quisiéramos agradecer al Señor de que aún pertenezcamos a una comunidad? ….Una sana formación comunitaria siempre interpela al individuo preguntando: ¿Qué puedo dar a la comunidad?”.

“La masificación debe considerarse como una enfermedad psíquica que ha penetrado el pensar y querer hasta la médula de lo más íntimo, determinando el comportamiento con respecto a todos los demás problemas de la vida…. Para el observador superficial se presenta como indiferencia e ignorancia”.

La alegría de pertenecer a una comunidad fecunda

Los legisladores europeos “avanzan” en descristianizar su cultura. Sus colegas argentinos “avanzan” en asegurar los derechos de los homosexuales, o de los adictos a las drogas. No se perciben esfuerzos para facilitar un sistema para acceder a la vivienda propia (lo que tan sólo exigiría copiar el de los chilenos que lleva décadas de éxito), o de un régimen institucional que atraiga inversiones para que crezca el empleo en la realidad y no en la imaginación del INDEC “morenizado”, o para transformar las escuelas en formadores de ciudadanos.

Es una alegría pertenecer a una comunidad cristiana tan fecunda como es nuestra Federación de Familias, como es nuestro Movimiento de Schoenstatt.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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