Sión recibió a los Pioneros de María

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SIÓN DEL PADRE, Cecilia Mata. Después de haber compartido un año más, los Pioneros de María de la Parroquia María Madre de la Iglesia, de Buenos Aires, Argentina, hicieron su primer campamento en el Santuario de Sión de Nuestra Señora de Schoenstatt en Florencio Varela.

El sábado 3 de octubre por la mañana, 38 chicos de entre 10 y 15 años partieron de la Parroquia María Madre de la Iglesia, del barrio de Caballito, rumbo al Santuario del Monte Sión en Florencio Varela, junto a su párroco, el P. Adolfo Losada, los coordinadores (y alma mater) del grupo, María Inés y Miguel Chico, líderes, padres y… ¡María!

Sol, juegos y mucho fútbol

El sol y el clima cálido de primavera, grandes ausentes en los últimos días de septiembre, los acompañaron todo el tiempo. Apenas llegaron, muy cerca del mediodía, los chicos se pusieron “los cortos” y con el P. Adolfo a la cabeza jugaron el primer partido del fin de semana. Las chicas se instalaron en su cabaña, los coordinadores y líderes revisaron el calendario de actividades y los padres comenzaron a hacer los preparativos para el almuerzo.

Reflexión y Santa Misa

Después de almorzar, el grupo de jóvenes formó una rueda para hacer una dinámica que les permitiera conocerse mejor. La consigna era decir su nombre y una característica de su personalidad que comenzara con la letra de su nombre. “Alfredo Alegre vino con Milton Muy Ágil”, comenzaron, y así cada uno debía recordar el nombre y el adjetivo del anterior. A medida que avanzaba la rueda, el juego se tornó cada vez más difícil y, entre risas y olvidos, llegó el momento de la enseñanza. El P. Adolfo habló sobre la relación padres e hijos y alentó a los chicos a “expresar lo que uno siente”.

También se organizaron divertidos juegos en los que todos tuvieron la oportunidad de participar en grupos.

Durante la celebración de la Santa Misa el P. Adolfo trazó un semblante de la vida del Padre José Kentenich. Habló de su niñez y de la protección de María a lo largo de su vida. Habló también del joven Engling muerto en combate. Apelando siempre a la libertad de elección, instó a los jóvenes a la consagración a la Madre: “Ojalá que una vez que cumplan los 16 años sellen su Alianza con María, para entregarse enteramente a Ella”. Y una vez finalizada la Misa hizo su acto de consagración.

Ante la curiosidad de los chicos sobre el significado de los diversos símbolos que rodeaban el altar, explicó cada uno de los detalles: las leyendas en latín, la presencia de los Apóstoles Pedro y Pablo, el Arcángel Miguel, el Ojo del Padre, la Cruz de la Unidad y, por supuesto, la mano del P. Kentenich grabada sobre una piedra.

Luego vino la cena y comenzó el fogón. Entre cantos y juegos y ya avanzada la noche, se fueron todos a dormir.

Las tres gracias del Santuario

Temprano por la mañana del domingo y luego del desayuno, se dirigieron una vez más hacia la capilla para celebrar la Santa Misa. En su homilía, el P. Adolfo habló sobre la importancia de convertirse en verdaderos hombres y mujeres: “Dios quiere que los varones sean varones y las mujeres, reinas”. Les explicó a los jóvenes las tres gracias que otorga la Mater y pidió que cada uno, en su interior, eligiera aquella que sintiera más necesaria en ese momento. “Los Pioneros son los que van adelante, de manera que ustedes, más que nadie, deben amar a la Virgen, sentirse cobijados por su amor, pedir la transformación y el crecimiento como verdaderos hombres y mujeres, y ser enviados para darla a conocer”.

“Me llevo a María”

Luego de un rico almuerzo junto a la parrilla (un choripán bien argentino, alguna que otra hamburguesa con lechuga y tomate y la pizza del sábado), llegó el momento de la despedida.

Sentados en una rueda en el pasto, el P. Adolfo preguntó a cada uno qué fue lo que más le había gustado de estas dos jornadas y qué se llevaba cada uno. Una de las más chiquitas lo resumió en una simple y sencilla frase: “Me llevo a María”.

Con el gozo y la alegría de haber compartido momentos de risa y de llanto, de serenidad y de emoción, partieron de regreso a su querida parroquia en donde los chicos se reencontraron con sus padres, para volver, transformados, a sus hogares, llevándose consigo una inolvidable experiencia de vida.

“Todo con María, todo por María, todo para María, todo como María”.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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