Vivir la empresa en forma orgánica

barrios

mkf. No fue casualidad que la fundación de la Academia Kentenijiana Internacional para líderes en economía de Alemania y el lanzamiento del libro de Carlos Barrio y Lipperheide coincidieran. Los “motores” de esta Academia, el matrimonio de Ulrich y Melanie Grauert, de Suiza, ya hace unos meses entraron en un contacto con Carlos Barrio (gracias a la Oficina de Prensa) y de este contacto nació un vínculo y una comunicación vital que supera las barreras del idioma: un encuentro de personas movidas por la misma inquietud personal, “inquietud del corazón”: llevar la pedagogía del Padre Kentenich al mundo de la economía, al mundo de las empresas.

Gracias al apoyo económico de los Grauert, el lanzamiento del libro de Carlos Barrio, inspirado en la visión orgánica del Padre Kentenich, se pudo realizar. Ellos, a su vez, cuentan con las inspiraciones de él…

Así presenta el Padre Ángel Strada el libro:

“Humanizar la economía”, “una empresa al servicio de los hombres”, “comunidad de personas y no máquinas de hacer dinero”… Reclamos repetidos en nuestros días desde muchos sectores de la sociedad. Pero, ¿es posible? ¿Son frases utópicas, mera declaración romántica de nobles propósitos? ¿O son objetivos alcanzables y por los cuales vale la pena luchar? Para lograr algo no basta la buena voluntad, es necesario conocer los factores que regulan el funcionamiento de una empresa en sus múltiples aspectos. Y ubicarla en el entorno social, que influye sobre ella y a cuyo servicio se encuentra. En las últimas décadas gana terreno el reclamo por un “desarrollo sostenible”, capaz de armonizar el aspecto económico con el social y el ecológico. “Nuestro futuro común”, título de un informe de las Naciones Unidas en 1987, señala que los procesos económicos deben ser vistos como parte integrante de un todo, configurado por los hombres que viven y conviven en una sociedad determinada y por el medio ambiente que los rodea y del cual son responsables.

Una empresa, por tanto, no es una isla regida exclusivamente por la ley de la oferta y la demanda y cuyo único objetivo es el máximo de ganancia. Según la doctrina social de la Iglesia existe una prioridad del trabajo sobre el capital y del trabajador sobre el trabajo. Los obispos latinoamericanos han expresado recientemente su oposición a “la dinámica del mercado que absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas”, generando la concentración de poder y riqueza en manos de pocos y la exclusión social de muchos (Documento de Aparecida, 61 s). Una visión economicista olvida o niega que la empresa es un organismo social, constituida por personas, creadora de bienes y de servicios que deben otorgarle un beneficio económico justo, e inserta en un medio ambiente que debe cuidar. Por eso es bueno que la Iglesia aliente a quienes dirigen las empresas, grandes o pequeñas, y a los agentes económicos de la gestión productiva y comercial, a que sean creadores de riqueza y se esfuercen por generar empleo digno, facilitar la democracia, promover la justicia y la convivencia pacífica.

Una nueva visión de la empresa

Les pide que eviten las acciones especulativas y que se dediquen a crear fuentes de trabajo, a preocuparse por los trabajadores considerándolos a ellos y a sus familias como la mayor riqueza de la empresa. Los llama a vivir con modestia dado que la austeridad es un valor cristiano y a prodigarse en obras de solidaridad (idem, 404).

Las reflexiones de Carlos Barrio giran en torno a una nueva visión de la empresa. Lo hace desde un autor y desde una perspectiva concreta: “mostrar la riqueza que se deriva de la aplicación a las empresas de un conjunto de leyes y principios orgánicos desarrollados por Kentenich”. El fundador del Movimiento de Schoenstatt no fue empresario ni trabajó en una empresa. Fue sacerdote y trabajó en la formación de un nuevo tipo de hombre y de sociedad. Durante su vida (1885-1968) experimentó que un viejo mundo se derrumbaba. Las dos guerras mundiales, las atrocidades del nacionalsocialismo y los males causados por el marxismo y el “capitalismo salvaje” (Juan Pablo II) fueron documentos elocuentes. Sintió el llamado a colaborar en la construcción de un nuevo orden social. Puso su empeño en la renovación religiosa y moral del hombre, convencido de que el vínculo con un Dios vivo y actuante en la historia llevaba a la afirmación de los valores morales imprescindibles para la renovación del mundo: el respeto a la dignidad de toda y de cada persona, la fraternidad y la solidaridad, el cuidado responsable de la creación.

Elementos propios de la espiritualidad de Schoenstatt aparecen con una nueva luz y una nueva riqueza

Por mirar la realidad en su totalidad y no querer renunciar a ninguna de las dimensiones propias de la condición humana, no es de extrañar que el Padre Kentenich se ocupe del tema trabajo, empresa, salario justo, vivienda propia, uso del dinero, vinculación a las cosas… Afirma que el santo contemporáneo es el santo de la vida diaria, el que en medio del mundo trabaja y convive según los valores del Evangelio. Está convencido de que nuestro tiempo clama por el santo social, el que integra la unión a Dios con una profunda actitud de solidaridad con los semejantes. Al servicio de la educación del hombre nuevo muestra un conjunto de principios y leyes que deben regir en la nueva sociedad y propone un camino pedagógico para alcanzar ese objetivo. Atento a los signos de los tiempos, en la década del treinta aborda el fenómeno de la industrialización, la proletarización de las masas trabajadoras, el avance del socialismo y del marxismo, la pérdida de la clase obrera para la Iglesia, la dignificación del trabajo y del trabajador, el salario justo, etc. En la década del cuarenta plantea la necesidad de crear un nuevo sistema social, que supere los graves errores del capitalismo liberal y del marxismo y aproveche elementos positivos de los mismos. Es claro que muchas de esas consideraciones han perdido actualidad, no así las ideas fuerza que las motivaron. El Padre Kentenich continuó desarrollándolas sobre todo en el campo de la espiritualidad y de la educación. Uno de los notables méritos de Carlos Barrio es haber transferido esas consideraciones al campo empresarial. Elementos propios de la espiritualidad de Schoenstatt, tales como la fe práctica en la divina providencia o la teoría y práctica del ideal personal, aparecen de repente con una nueva luz y una nueva riqueza. Sorprende realmente cuánta actualidad y vigencia ganan cuando la lectura se la hace desde la persona del empresario y la gestión empresarial.

Otro de los méritos del presente trabajo es el diálogo fecundo que establece entre el Padre Kentenich y numerosos autores modernos y antiguos. Como en todo diálogo de buena calidad se produce entonces un ir y venir de puntos de vista, una enriquecedora complementación, una sugerente confirmación o bien un crítico cuestionamiento. Carlos Barrio ha hecho un valioso aporte a lo que el Papa Juan Pablo II en 1985, en ocasión del centenario del natalicio del Padre Kentenich, le encomendó a los miembros del Movimiento de Schoenstatt cuando les dijo que cada uno participaba del carisma del fundador, una experiencia del Espíritu “transmitida a los propios discípulos para que ellos la vivan, custodien, profundicen y desarrollen constantemente” poniéndola a disposición de la Iglesia y de los hombres.

Es posible generar empresas más humanas y cristianas

La fidelidad creadora a un carisma no es tarea fácil. Las reflexiones de este libro lo confirman. Su lectura requiere concentración y reflexión. No aborda todos los problemas ni agota todos los temas. Lo desilusionará a quien busque recetas rápidas o soluciones fáciles. Don Miguel de Unamuno solía afirmar que con sus libros y conferencias él no vendía pan hecho sino levadura para hacerlo. Este libro contiene mucha y buena levadura para hacer pan de calidad allí donde a cada uno le toca realizar el encargo que ha recibido.

Seguramente me anticipo al sentimiento de los lectores al expresar mi gratitud al autor por su excelente trabajo. Unido al deseo de que su lectura contribuya a crear la conciencia de que es posible generar empresas más humanas y cristianas, factores fundamentales en la construcción de un orden social acorde a la dignidad del hombre.

Carlos Barrio y Lipperheide: Vivir la empresa en forma orgánica, Editorial Patris Argentina, ISBN 978-950-9579-78-1

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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