Un testimonio de Pablo Mori y Bruno Vaccotti

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A pesar de gozar de una creativa imaginación, nunca imaginamos ser novicios-misioneros en la tierra considerada la más atea de América. Cuando uno nombra Uruguay, se alaban sus hermosas playas. Luego se empieza a filosofar: “es el país más laicista de Sudamérica”, “el país más ateo” y tantas otras cosas. Nuestra mamá, María, miró especialmente esta tierra en la década de 1940 y quiso establecer su primer santuario filial. Tan rápido no se olvida de aquello. Ahora nos miró a nosotros. Es quien nos envía ahora a dar un aporte a establecer su morada y su paraíso en muchos corazones uruguayos…

Ella quiere educarnos, quiere mostrarnos cómo hace falta una Madre en un “país de huérfanos”. Como buena Señora, inquieta y ocurrente, busca, sueña y habla a sus hijos.El uruguayo habla de todo, de política, de fútbol de lo que quizás en todo el mundo se habla, de la gripe, la no gripe, pero pocas veces se escucha la palabra “Dios”. Quizás Dios mismo tiene la culpa, por no adaptarse a la moda y no ser “cool”, quizás debería afeitarse esa barba larga y usar un look más moderno, algo más de la época. Dios no sabe de política y no juega bien al fútbol, no va de invitado a los programas de chimentos y no es el actor principal de la novela de las dos de la tarde, tampoco cantó con Michael Jackson y no usa remeras del “Che”, no está de senador por algún partido político, ni tampoco hace teatro de revista y, por si fuera poco, Tinelli no lo invita a su programa. Creo que por eso nadie habla de Dios, porque está pasado de moda.

Dios no pasa de moda, es el hombre el que pasa de moda; el hombre va olvidando por qué y para qué vino a la tierra y recurre a nuevas formas efímeras y hasta ridículas para llenar ese vacío que el olvido ha creado, el olvido del mensaje del amor y del verdadero amor que es de Dios Padre; el hombre olvidó que Jesús vino a vivir y a morir por nosotros, vino a amar, a enseñarnos a amar.

“Vendiendo” un producto…

El hombre hoy está siendo victima del olvido. Nos olvidamos de lo más importante. Con la facilidad que nos olvidamos de una cita con el dentista, nos olvidamos de Dios. ¿Cuál es su lugar en nuestras vidas? Ahí aparece la Madre, la que no olvida; con ese amor predilecto a cada uno de sus hijos, Ella nos recuerda qué es el amor porque Ella es todo amor. La Madre nos recuerda y nos invita a hacer que nuestros hermanos puedan re-cor-dar, a veces, de manera poco común.

Y, ¿qué es lo que pasó? Dos jóvenes, seres humanos, terrícolas, subimos a un colectivo, pedimos permiso al conductor para hablar, para “vender” un producto: comenzamos a hablar, a tratar de hacer recordar:

“Somos misioneros católicos, preocupados por la situación actual de la sociedad salimos a las calles a regalar estampas de la Virgen María, la Madre de Dios, que hace dos mil años nació en Belén y hoy queremos pedirle que nazca de nuevo en nuestros corazones. Esta estampa es un regalo, se la pueden quedar o regalársela a quien la necesite. Muchas gracias y que Dios los bendiga”.

Una experiencia dura pero que hace explotar el corazón de alegría

Esos somos nosotros, jóvenes, humanos, “normales”, que encontraron una manera de “hacer recordar” a la gente que alguien nos amó y nos sigue amando. No es fácil, algunas respuestas recibidas no son las más agradables, es triste ver a un joven con cara de indiferencia cuando le extiendes una estampa para regalársela, también es duro en un ómnibus con 40 personas repartir 8 o 9 estampas. Y eso que no mencionamos el peligro que tiene el mercado en el que trabajamos, ya que pasamos a ser “la competencia” para los vendedores ambulantes que tienen sus reglas y sus códigos, los cuales no conocemos pero seguramente estamos trasgrediendo de alguna forma.

Puede ser una experiencia dura, a mí me tiemblan las piernas cuando subo al ómnibus pero me explota el corazón de alegría cuando bajo, me siento reconfortado, querido y cobijado por esta Madre que no olvida. “Schoenstatt es un hijo de la guerra” diría nuestro Padre. Hoy la guerra es contra el olvido, es una guerra para instaurar nuevamente lo que realmente vale la pena: el Amor. Volvemos a coronarla a María como Reina del Amor y de nuestras vidas. Ella es Madre y Reina, Ella ama, Ella no olvida.

La V Conferencia Episcopal Latinoamericana en Aparecida nos invita a “la misión continental”. Esta es la manera en que nosotros queremos poner nuestro granito de arena. Queremos seguir misionando en los colectivos, seguir invitando a recordar, seguir invitando a amar.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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