Jornada Regional de dirigentes del Noreste de Argentina

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OBERÁ, Gabriela Bernasconi. El pasado 20 y 21 de junio se llevó a cabo en Oberá, Provincia de Misiones, la primera Jornada Regional de dirigentes del NEA (Noreste de Argentina). Quedaron todos de acuerdo en que fue una gran idea regionalizar estas jornadas ya que brinda la posibilidad no sólo de participar a un mayor número de personas por diócesis, sino que favorece muchísimo el conocimiento de las comunidades más cercanas con quienes, en el futuro, se pueden compartir otros encuentros e intercambiar experiencias y asistencia. El Padre Javier Arteaga, quien presidio la Jornada siendo el orador principal, insistió mucho en esto último: “¡Hoy por mí mañana por ti!”.

Con lo cual esta jornada ha dejado una gran idea y una tarea que favorecerá a todos: cada una de las comunidades tiene riquezas de las que otros tal vez carecen y que se pueden poner al servicio del resto del NEA para así crecer y llegar a ser ese floreciente jardín de María que el Padre profetizó en su paso por Misiones.

Los anfitriones – la comunidad de Oberá – merecen un capítulo aparte ya que han atendido a todos con una amabilidad y un cariño extraordinarios; permanentemente se notó el esfuerzo y el trabajo dedicado que había detrás de cada actividad, incluidas las comidas, que fueron muy “familiares”. Realmente se vivió un espíritu de familia. Gracias, Oberá.

¡El país nos necesita!

Momentos culminantes de la Jornada fueron sin duda las Huellas del Padre y Fundador por Argentina, especialmente por Oberá, que preparó la Hermana Elsa María invitando a todos, al finalizar, a hacer realidad el sueño del Padre para estas tierras. Todos quedaron convencidos de que tienen una misión, que el Padre les dejó una misión, e indudablemente les ha dado los dones para llevarla a cabo…

Finalmente el domingo hubo una charla titulada “esperanza argentina”, en vistas al bicentenario: qué país queremos ser, qué país queremos legar a los que vienen detrás. Un país donde reine la verdad, la justicia y el amor. Para encaminarse hacia este gran ideal sellaron el “Pacto del Bicentenario” que ofrecieron en la Santa Misa que coronó la Jornada, poniéndole fin.

El regreso a casa fue muy conversado. El corazón y la mente rebosaban de ideas y anhelos: “hay que refundar la Patria…” Que este bicentenario no sea sólo una fiesta más, una escarapela en la solapa, un acto cívico religioso. ¡El país nos necesita, algo tiene que cambiar, y debemos empezar por nosotros mismos!

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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