CARTA DE ALIANZA – JUNIO DE 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

Desde la última Carta de Alianza en la que recordamos el mes de la Patria han ocurrido varios hechos que nos han impactado: la multiplicación de casos mortales de gripe A en varios países del mundo declarada ya como pandemia por la OMS; la caída del Airbus de Air France en el Atlántico con cientos de víctimas; la declaración de quiebra de la automotriz General Motors de EE.UU.; la condena del P. Grassi; la salida de Hilda Molina de Cuba para visitar a su madre enferma en Buenos Aires; la inseguridad, los robos brutales y los asesinatos de cada día (que para algún ministro son una “sensación” nuestra), y la campaña electoral legislativa cada vez más judicializada y mediatizada.

Un periodista me decía que en esta “selva” de noticias diarias es muy difícil poder elaborar y “digerir” tanta información. Muchas veces sucede que los hechos importantes y trascendentes son tapados por otros de “último momento” y mediáticamente más impactantes. Creo que debemos discernir lo importante de lo impactante, y ejercitarnos en desarrollar más una “mirada creyente y providente” de nuestra realidad, tratar de “descubrir” el mensaje de Dios detrás de los acontecimientos cotidianos de nuestra vida personal, nacional y mundial como nos lo enseñó el Padre Kentenich.

En este sentido quiero compartir con ustedes dos acontecimientos que marcan nuestra historia como Familia de Schoenstatt, como Iglesia y como nación.

El 1er acontecimiento es el “Año Sacerdotal” 2009-2010

El próximo viernes 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el papa Benedicto XVI presidirá en la basílica de San Pedro la apertura del Año Sacerdotal que lleva por lema “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. La ocasión de este año sacerdotal es el 150° aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, Juan María Vianney, que se celebrará el 4 de agosto de este año. El papa Benedicto XVI proclamará a San Juan María Vianney “Patrono de todos los sacerdotes del mundo”.

Desgraciadamente hoy abundan las noticias sobre sacerdotes que han degradado su vocación y han herido el corazón de sus fieles con escándalos y delitos; pero también es verdad que son muchísimos más los sacerdotes que, en silenciosa y firme fidelidad, siguieron y siguen cada día a Cristo entregando su vida al servicio de su pueblo y haciéndose “puente y camino” para llevarnos al encuentro de Jesús. Ellos dan literalmente su vida para que nosotros tengamos Vida en Cristo. Recordemos al cardenal Van Thuan, que vivió durante los 13 años en las cárceles vietnamitas – comunistas (9 en régimen de aislamiento) por el simple hecho de ser un obispo fiel a Cristo, al Papa y a su grey. Recordemos a los sacerdotes que dan su vida sacando a los jóvenes de la droga en las villas de nuestras ciudades, como el P. Pepe Di Paola de la villa 21 y el P. Pablo Osow de Avellaneda; recordemos a los sacerdotes que misionaron y misionan hoy nuestros campos, montañas y parajes inhóspitos bautizando, evangelizando, enseñando y curando. Pensemos en los sacerdotes que con su amor de padre y paciencia infinita han llenado de fe, sentido y dignidad la vida de tantas personas y familias, tal vez de algunos de nosotros mismos. Pensemos en el Padre José Kentenich, que el próximo 8 de julio celebraría 99 años de ordenación sacerdotal, quien es un referente de fe y vida para cientos de miles de personas; él fue uno de esos tantos buenos y fieles sacerdotes.

Puede ser que algunos se pregunten: ¿celebrar un “año sacerdotal” no es algo que atañe solamente al clero? No. Ellos son parte importante de la gran Familia de la Iglesia y, así como se celebra un “año de la familia” o un año “paulino”, este año estamos convocados a renovarnos en la importancia del sacerdocio como don de Dios para todo su pueblo, y a acompañar y apoyar a nuestros sacerdotes y seminaristas con nuestra oración y acción. Por eso vale la pregunta: ¿Qué me ha dado Dios a través del Padre N o X? ¿Qué puedo hacer por un sacerdote este año?

El 2º acontecimiento que marca este tiempo son las elecciones legislativas 2009

Dentro de dos semanas estaremos votando legisladores nacionales, provinciales y concejales municipales. Históricamente han sido elecciones tranquilas si las comparamos con las elecciones presidenciales. Pero estas elecciones se plantearon desde un comienzo con un “dramatismo” inusitado (“…aquí se juega el modelo…”, “Está en juego el desarrollo social del país”, “…quieren volver la rueda del progreso para atrás”). Vemos cómo ese discurso casi apocalíptico es acompañado por descalificaciones personales (“son unos traidores”, “esos truchos”), con una masiva propaganda en los medios de comunicación y, hasta ahora, con pocos debates donde presenten y discutan proyectos. “Asistimos, tal vez, a la campaña más sucia y más pobre que haya habido desde la recuperación de la democracia, en octubre de 1983. Las ideas escasean. Lo que abunda es la pelea de baja estofa. Si no fuera que lo que está en juego es el destino del país, todo parecería desopilante” (Nelson Castro, Perfil, 13.06.09). Este domingo leía lo que piensan jóvenes que votarán por primera vez y qué esperan de los nuevos legisladores. Uno de ellos decía: “Me gustaría que se pueda volver a creer. Que nos den una razón como para que podamos volver a creer” (Mi primer voto, La Nación Revista, 14.06.09).

El próximo 28 ejerzamos nuestros derechos y deberes de ciudadanos yendo a votar. Cada uno es constructor y responsable de la Patria que anhelamos: unida, justa, solidaria, libre, desarrollada y en paz. Lo que no hagamos nosotros no lo hará nadie: votá, tu voto vale mucho.

Queridos hermanos, que la celebración del 18 renueve y acreciente en nosotros un cálido amor a María, un estrecho vínculo de Familia y un fuerte espíritu apostólico. Con alegría y unidos al Padre Fundador digamos a la Virgen:

“Queremos reflejarnos en tu imagen

y volver a sellar nuestra Alianza de Amor.

A nosotros, tus instrumentos,

en todo aseméjanos a Ti,

y en todas partes por nosotros

construye tu Reino de Schoenstatt”

(H.P.180)

P. José Javier Arteaga

Familia viva, ¡esperanza argentina!

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