La Campaña del Rosario de Goya acompaña el viaje de los documentos del proceso de Don Joao a Roma

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GOYA, Inés Petiti. Como todos los segundos domingos de mes, la Campaña del Rosario de la Virgen Peregrina de Schoenstatt de Goya estuvo a cargo de la Santa Misa en la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Lavalle.

La misa estuvo colmada de emociones: se pedía al Señor en la casa de su madre que acompañe los pasos de Joao Pozzobon en su viaje a Roma, ya que este 18 de mayo llega al Vaticano la documentación del proceso de canonización cerrado este 8 de mayo en la diócesis de Santa María.

El P. Rodolfo y el P. Luis concelebraron la Santa Misa, donde la peregrina tuvo un lugar muy especial en la mesa del Señor.

Así como Dios irrumpió al mundo con su madre peregrina aquel 10 de septiembre de 1950, a días de un acontecimiento de filialidad heroica de este siervo de Dios, en la Santa Misa del domingo la peregrina volvía a hacerlo resplandeciente como Reina y Madre. El P. Rodolfo es un soldado mariano, que quiere mucho a la Mater, a la obra del P. José Kentenich y la de Joao Pozzobon, a los que permanentemente tuvo presente en la misa, agradeciéndole a la Mater por toda su irradiación en cada familia.

Un regalo muy especial a la Campaña y a la Mater…

Lila, una misionera de la Campaña que canta muy bellamente las canciones de Dios, ¡cantó a la Mater con mucha emoción!

Y, como regalo a la Campaña, un niño fue bautizado en una ceremonia muy cálida. El P. Rodolfo ofreció un lugar cerca de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro para que la Mater tenga su ermita. Dijo: “al medio ponen a la Mater, a un costado de la Mater al P. Kentenich y al otro lado a don Joao”… ¡qué regalo!

Querido peregrino de María, te acompañamos a Roma… gracias por ser tan fiel alumno del Padre José Kentenich, y dejarnos tan bonita obra.

Que tu compromiso, don Joao, nos queme el alma

Gracias Dios mío por mostrarnos que María es el puente más seguro para llegar a Jesús.

Joao, hermano,
¿te acuerdas cuando tenías ese puñado de semillas en la mano?
¿Y del deseo irresistible de salir a sembrar?
¿Te acuerdas cuando muchos se reían de ti, mientras arabas el campo, sólo por ese par de semillas?
¿Y del sudor cuando el sol quemaba, y de la sed, y del hambre?
¿De dónde sacaste esa pasión por la siembra?
¿De dónde esa fe en la cosecha?
Que tu testarudez nos inspire hoy y siempre.
Que el grado de tu amor nos cuestione.
Que tu compromiso nos queme el alma.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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