CARTA DE ALIANZA – ABRIL DE 2009

Queridos hermanos en la Alianza:

Este 18 de abril la Familia de Schoenstatt de Tucumán festeja el 10º aniversario del Santuario. Desde todos los rincones de la Patria los acompañamos con nuestra alegría y oraciones. ¡Felicitaciones!

Este día de Alianza está iluminado por la hermosa luz de la Pascua. El sábado pasado, a la noche, los cristianos nos encontramos en las iglesias a lo largo y ancho de todo el mundo para celebrar con devoción e inmensa alegría la resurrección del Señor. Al encender el cirio pascual y al caminar en la oscuridad guiados por su luz hemos renovado nuestra fe en Cristo que con su Luz de Vida ha quebrado la oscuridad de la muerte y del pecado; Cristo con su Luz de Verdad ha iluminado las tinieblas de la mentira y la corrupción; Cristo con su Luz de Amor ha instaurado la paz en donde había odio y violencia.

En casi todas las ciudades hay tumbas simples y pequeñas de gente común o mausoleos de reyes, de héroes, de próceres, pero de Cristo sólo tenemos una tumba vacía cavada en la piedra y un sudario. Es difícil para el hombre moderno creer que Cristo vive y que Él es la Vida del mundo con tan pocas evidencias. Es más difícil todavía cuando se observa que la muerte, con sus mil tentáculos, intenta atraparnos diariamente. La muerte está presente en muchos ambientes y corazones de argentinos donde se acepta la violencia física o psíquica, la esclavitud y el hambre, el aborto y la eutanasia. La muerte está presente donde se vive del crimen, del robo, del lucro y la corrupción, de la coima, la ley de la prepotencia y del abuso del poder. La muerte y la mentira son hermanas inseparables. Por todo esto muchos hombres hoy dicen: Dios ¿dónde está?, Dios se fue, Dios murió.

Si recordamos el Evangelio de la Resurrección (Jn 20, 1-10), san Juan nos dice que el apóstol entró a la tumba, vio y creyó. Sólo unas vendas, nada más, le bastaron para creer. Esta es la invitación de la Iglesia: ¡Abramos los ojos para ver los signos de Vida en Cristo que hay entre nosotros! En el medio de tantos signos de muerte también crece la Vida: cuando un joven ofrece sus vacaciones para misionar o ir a ayudar a los más necesitados; cuando la enfermera cuida y salva abnegadamente la vida a ella confiada; cuando los padres no claudican en la educación de sus hijos basada en el amor, el respeto a la vida y los valores; cuando el soberbio pide perdón; cuando un empleado rechaza un soborno; cuando el corrupto se arrepiente y enmienda el mal hecho. Todos estos y muchos otros más son signos de la Pascua – Paso de Dios entre nosotros. ¡Abramos los ojos para contemplarla! La Pascua es una invitación a la esperanza, a contemplar la presencia de Dios Vivo entre nosotros.

San Juan nos dice que, junto con “ver”, el apóstol “salió y anunció” lo que había visto. La experiencia de Cristo resucitado fue algo tan grande que les cambió la vida y no lo pudieron callar: había que compartir esa alegría. La experiencia de Jesús Resucitado en la vida de los apóstoles es de ardor y encendimiento interior: “¿no ardía nuestro corazón cuando nos hablaba por el camino?” se preguntaban los discípulos de Emaús (Lc 34, 33-35). Lo mismo le sucedió a Pablo camino a Damasco, o a Francisco en la Porciúncula, o Iñigo de Loyola cuando descubrió que podía servir a un Señor más grande, o a los primeros congregantes con el Padre Fundador luego de sellar la Alianza con la Mater el 18 de octubre: la plenificante presencia de Dios había cambiado definitivamente sus vidas y no podían callarlo. Es que “de lo que está lleno el corazón habla la boca” (Lc 6, 43-46). Fe, ardor y entrega total por la misión. Y una inquebrantable esperanza en el amor de Dios por nosotros.

En nuestra Patria vivimos a diario el temor por las consecuencias de la crisis económica nacional e internacional, la inseguridad en todos los ambitos de nuestra vida, el conflicto irresuelto con el sector agropecuario, empresarios y trabajadores que no ven cómo sostener las fuentes de trabajo, alumnos sin clases y maestros sin medios para dictarlas, el dengue como nuevo indicador de la pauperización social a la que hemos llegado, y la dirigencia política que sigue manoseando y abusando (legal pero inmoralmente) de las normas electorales para su provecho. Todavía hay mucha oscuridad que espera la luz de la verdad, mucho miedo que espera consuelo, mucha soledad que espera el amor, mucha hambre que necesita el Pan de Cristo. Nosotros hemos sido bendecidos, vivimos de la gracia de la Alianza de Amor. No por mérito propio, sino por puro amor y gracia de Dios. “Dones son tareas” nos decía el P. Kentenich. Ante tanta soledad y desconsuelo, invitemos a la Alianza de Amor con María; a los que anhelan una vida con más altos ideales ofrezcamos la Alianza de Amor con María; para los que buscan un nuevo impulso en la fe regalemos la Alianza de Amor con María. ¡Salgamos! Regalémosle a 100.000 hermanos la alegría de la Alianza de Amor con María. O dicho de otra manera: regalémosle a la Sma. Virgen María 100.000 Alianzas de Amor hasta el año 2014.

Queridos hermanos en la Alianza, es tiempo de levantar nuestras miradas. Es tiempo de llevar esta Nueva Luz e iluminar los corazones, las familias, los ambientes y las instituciones de nuestra Patria. Es tiempo de renovación, de reconstrucción y trabajo fuerte. Es tiempo de ser más y más “Familia Viva, ¡esperanza argentina!”.

Unidos a María, la Madre de la Esperanza, reciban un cordial saludo y mi bendición.

¡Cristo vive, Él es nuestra Esperanza! ¡Feliz Pascua!

P. José Javier Arteaga

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