Semana Santa en San Juan

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SAN JUAN, Jorgelina Jordá. Una de las semanas más lindas e inolvidables que uno puede vivir en la Provincia de San Juan es la Semana Santa. Me extrañó ver cómo muchos jóvenes suelen expresar que se aburren si no salen de este pueblo: “No hay nada para hacer” es la frase. Pero sin embargo si uno tan sólo deja el corazón abierto a lo profundo es una Semana en donde lo divino se une con lo terrenal, donde nuestro corazón se hace uno en Cristo y la Iglesia.

La Semana empieza el Domingo de Ramos pero a nivel diocesano y de forma muy especial el Miércoles en la Misa Crismal, donde se puede vivir intensamente cómo toda la Iglesia se une en alegría para encontrarse en los próximos días con Cristo.

El Obispo ya anticipándose al año sacerdotal nos confió esta misión de rezar por todas las nuevas vocaciones y para que cada sacerdote pueda volver a renovar su consagración, a la vez que también nos comentó de su visita al Papa Benedicto XVI días atrás. Fue hermoso ver cómo los familiares aprovechan esta fecha para ver a sus hijos, primos o amigos que están dentro del seminario o también las novicias pertenecientes a diferentes congregaciones. La Catedral iglesia brillaba por su variedad de carismas. ¡NO saben acaso los bendecidos que somos los sanjuaninos con la Iglesia que tenemos! – nos decía el director del Seminario a los parroquianos de la Iglesia de la Merced – ¡Tener tantas parroquias y donde en muchas de ellas hay hasta 3 sacerdotes encargados! ¡San Juan es una excepción! ¡En Mendoza hay un sacerdote cada 3 parroquias! Pero, sin embargo, recalcó que la crisis vocacional se notaba fuertemente, solo habrá vocaciones donde haya comunidades santas y profundas.

En esa homilía reflexioné: ¡Que bendecida es la Juventud Femenina de San Juan! Tener a Sofía Danna como postulante de las Hermanas de María y a Andrea Moya como postulante de las Hermanas Salesianas no es nada obvio: es un gran regalo y una elección para nuestra juventud.

Acompañar a Cristo hacia la cruz

Otros de los grandes misterios que uno vive en esta semana es el día jueves, donde cientos de jóvenes al terminar la misa de la última cena deciden visitar las 7 iglesias. Se siente un San Juan silencioso pero detrás de ello hay filas de jóvenes y comunidades andando en bicicleta, caminando desde las 11 de la noche hasta la madrugada con la luz de la luna por las calles de la capital, con el fin de acompañar a Cristo hacia la cruz.

El recorrido de los schoenstattianos terminó en la Parroquia de San Francisco, posiblemente el mejor lugar que pudo haber elegido Dios. Allí los chicos nos trataron como unos hermanos más, nos recibieron con mate y guitarra y una hermosa adoración. El Padre Fray Rolando con toda su alegría se acercaba a conocernos un poco más y admitió que los schoenstattianos se están haciendo notar cada año más. Al lado nuestro estaban las famosas 5 Hermanas del Verbo Encarnado, ¡5 hermanas de sangre que eligieron este camino vocacional! Nos contó Fatime, una de ellas, que estaba en Egipto misionando, otra en Arabia, otra en México y nos pidieron mucha oración por ello. ¡Nuestro corazón estaba feliz de haber encontrado personas que reflejaban tan verdaderamente a Cristo!

¡El misterio pascual recién había comenzado!

El Viernes Santo, día de silencio, nos encontramos toda la comunidad parroquial a vivir el Vía Crucis. Este día las parroquias se esfuerzan tanto por vivirlo profundamente que uno no sabe por qué parroquia decidirse. ¡En Concepción se hacía un Vía Crucis viviente! ¡Don Bosco estuvo increíble me decía un amigo! ¡Y las adoraciones de San Francisco fueron únicas! La parroquia nuestra, la Merced, se llenó de familias que uno jamás había visto y personas que esperan en estas fechas poder tener una conversión de corazón.

El Sábado de Gloria está la hermosa misa de Vigilia Pascual, cuya característica particular es que es una misa a la luz de las velas hasta que comienza la lectura de la salvación y las campanas resuenan fuertemente anunciando la Buena Nueva. ¡Quien había muerto ha resucitado! Una vez terminada la misa, no hay tiempo… ¡Hay que cambiarse! ¡El misterio pascual recién había comenzado! ¡Hay que subir las Sierras Azules!

Subieron 6000 personas a las Sierras Azules

Todos habían cambiado los pantalones de vestir y los zapatos por el jogging y las zapatillas. El colectivo partió de la parroquia con una juventud deleitada por su Salvador ¡Por Cristo!

Las Sierras Azules son sagradas. Hace años que esta peregrinación se va haciendo más y más multitudinaria. Este año subieron a la cima 6 mil personas. ¡Cómo se habrá sorprendido Jesús que ni las eucaristías alcanzaron para todos! Es que no es obvio que muchos jóvenes quieran unirse a este desafío, es un sacrificio muy grande; las sierras no son fáciles, el camino es largo, empinado y sólo iluminado con la luna llena. Son muy pocos los que no se animan a subir. Todo el tiempo hay personas que nos van animando y ayudando, ¡cómo una gran familia! Allí arriba el clima es muy frío pero este año no fue “nada” en comparación de otros. El mate y el fuego apañó un poco el fresco y el descanso estuvo acompañado por los fuegos artificiales de fondo. ¡Estuvo hermoso y despejado! Las estrellas, la luna, la ciudad entera se podía observar en todo su esplendor. Poder llegar a la cima y resucitar a la misma hora que Cristo, nos dio a todos un gran espíritu de comunión y de paz. Era un Dios Vivo el que se hacía presente

Allá arriba rezaba por todas las personas que estaban unidas a este evento, el más importante para todo católico. Reflexioné en mi corazón y observé la gran la variedad de movimientos que nos rodeaban; pensé en los schoenstattianos que entregaban su vida por la misión encomendada, por las vocaciones consagradas cercanas y que tanto me han ayudado… y me di cuenta de que es Cristo y es María los que en estos tiempos nos hacen más FAMILIA.

Un aire de conversión y de amor

¿Por qué se me ocurrió escribir esta nota? Porque creo que muchos han podido vivir todo esto en su interior; algunos lo saben expresar y otros tan sólo lo han sentido en su corazón y lo han ofrecido a Dios. Las Semanas Santas sanjuaninas son especiales: corre una aire de santidad en esas noches, corre un aire de conversión y de amor a la Cruz. Totalmente los sanjuaninos somos bendecidos por Dios y sabemos que el que recibe mucho tiene que dar mucho. ¡Irradiemos a Cristo que ha resucitado en nuestro corazón!

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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