El Papa Benedicto XVI misionero en África

ROMA; P. Guillermo Mario Cassone. En una semana EL Santo Padre visitó Camerún y Angola pero pensando y hablando para toda África. Fue una visita pastoral pero con proyección a la realidad social y cultural del continente. Volvió muy impactado y contento a la vez.

Dos cosas son las que más le impresionaron:

– el afecto y la alegría de la gente que estableció una relación muy cordial

– la religiosidad y el sentido para lo sacro.

Siguiendo las huellas que inició ya Pablo VI y que intensificó con sus múltiples viajes Juan Pablo II llevó un mensaje de esperanza pero a la vez hablando claro para los africanos y para el mundo a favor de los más pobres, de la vida y de los valores evangélicos así como de la dignidad de las personas y de los pueblos.

No tuvo miedo de anunciar los contenidos siempre válidos para los hombres y culturas de todo tiempo que nos trajo Jesús, pero con una directa aplicación a la realidad africana.

Reconciliacón, justicia, paz

Como acentos reafirmó la reconciliación, la justicia y la paz, como programa eclesial en vistas al Sínodo de toda África que se realizará en octubre, y al mismo tiempo como tarea urgente para cambiar las relaciones entre los países, las etnias y los diversos grupos que forman el gran mosaico africano.

Con una mirada a los países ricos habló con firmeza de la necesidad de una verdadera solidaridad internacional, de no imponer políticas que humillen y exploten a los pobres, de respetar la vida en todas sus etapas y de ayudar a integrar el continente al mundo globalizado.

A Los africanos los estimuló a defender su identidad y a no dejarse dominar ni explotar como ya sucedió en tiempos pasados, a cuidar su cultura, sus afectos y los bienes de su tierra. Los alertó sobre las nuevas formas de esclavitud.

Estimuló a los jóvenes y a las mujeres a ser protagonistas de una nueva cultura donde la familia sea realmente el gran bien a promover y donde haya una auténtica integración social superando los muchos obstáculos todavía existentes.Apoyó las múltiples iniciativas de promoción, educación y asistencia, reconociendo la generosa entrega de misioneros y voluntarios de otros países que han entregado su vida a ello.

Hasta aquí un apretado resumen del viaje del Papa.

Una mirada desde Schoenstatt

Sabemos que desde los inicios de Schoenstatt, ya antes del 18 de octubre de 1914, nuestro Padre Fundador educaba a los jóvenes seminaristas preparándolos para la misión de los palotinos en Camerún, a la que él mismo hubiera ido si no fuera por su salud. Entre los jóvenes estimuló el grupo misionero para que en base a sus iniciativas acrecentaran el entusiasmo por las misiones.

A los pocos años de su fundación mandó a las primeras Hermanas de María al África, en 1933. Al poco tiempo de salir de Dachau, cuando inicia sus viajes internacionales, va en 1947 por 4 meses a visitar a las Hermanas a Sudáfrica. Desde allí escribe el Afrikabericht (Informe sobre África) con valiosas reflexiones sobre lo vivido y observado en su estadía.

Dejo de lado un informe de lo que se desarrolló después en varios países de África y de la creciente presencia de Schoenstatt en su originalidad y diversidad, así como de la cantidad de vocaciones consagradas, del desarrollo del Movimiento y de la Campaña de la Virgen Peregrina.

Sólo quiero resaltar dos cosas que valen para el Schoenstatt Internacional:

  • Ante todo, una gran apertura de corazón a la vida que surge de la Alianza en los países africanos y a la riqueza enorme que puede aportar para que realmente nuestra Familia sea multicultural y capaz de integrar la originalidad de cada continente y de cada país.
  • Por otro lado, aprender de ellos su religiosidad y sentido de lo sagrado vivido también en cu carácter festivo, así como el valor que tienen los afectos y los vínculos manifestados en su frescura y espontaneidad.

Sigamos acompañando en la oración y en la ayuda concreta los inicios y la consolidación de nuestra Familia en todos los países africanos y abramos el corazón para dejarnos enriquecer con su originalidad.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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