Las misiones: una de las actividades más fecundas de la Juventud de Schoenstatt en todo el mundo

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SCHOENSTATT, mkf. Mercedes (Mechi) Trovato, de Argentina, 19 años, y Camila Gallardo (20 años), de Chile, ambas integrantes del equipo de servidores durante la Conferencia 2014, realizada a comienzos de febrero en Schoenstatt, antes de volver a sus países después de participar en el “Tiempo de Schoenstatt”, visitaron la Oficina de Prensa y compartieron sus experiencias de Misión.

En un diálogo por demás edificante, Mechi nos comenta ” Para mí el misionar no es un accesorio de mi vida espiritual, es algo absolutamente fundamental. Durante tres años seguidos, con las misiones de la JM y JF ( Juventud Masculina y Juventud Femenina) que han comenzado hace ya diez años, fuimos al mismo pueblo. Ahora innovamos, fuimos a cuatro pueblos del sur de la provincia de Buenos Aires”. Estas misiones, que los jóvenes quisieran extender a otras provincias pero tienen limitaciones presupuestarias, tienen un mecanismo propio que las identifica y que Mechi nos explica. “Por las mañanas visitamos las casas en grupos de dos, un representante de cada Juventud, junto con nuestra Peregrina. Rezamos el rosario con la familia, conversamos de la importancia de la misa diaria y los invitamos a las actividades que ofrecemos para todos los que quieran acompañarnos. El grupo misionero se divide en cinco comunidades de treinta y cinco personas (N. de la R. ¡Estamos hablando de 175 jóvenes en Misión!) y, cada comunidad visita un pueblo”. Antes de seguir avanzando le consultamos a Mechi sobre la organización de las comunidades y ella, con el entusiasmo propio de quien arde por una Misión, nos relata “Dentro de la vida de comunidad tenemos distintos encargados como por ejemplo el ecónomo, en la administración del dinero y de lo que vamos a comer; los de espiritualidad de la propia comunidad misionera (rezo de Laudes, misas diarias, Adoración del Santísimo); los encargados de los niños, de los jóvenes y los de los mayores. Es que todos deben disfrutar el misionar y también el ser misionados. Todos por María hacia Cristo”.

Preparando el terreno

Muy entusiasmados por sus vivencias, consultamos entonces por la preparación de la Misión .” Los rodajes ( así les llaman a los encuentros previos) comienzan en el mes de octubre, y se realizan ya con la comunidad misionera. Se tiene un rodaje general donde se explica que es la misión, para informar a los misioneros que se inician, y se confeccionan listas donde los misioneros se inscriben según el día y la comunidad que prefieran. Quedan así conformadas las comunidades que tienen un rodaje por semana, desde octubre hasta diciembre. Los rodajes son preparados por los rectores y cada rodaje tiene un tema específico. Así se va formando el espíritu de comunidad y nos vamos conociendo todas las personas que conviviremos durante unos diez días “.

Misionar no siempre es fácil

Nos preguntamos si sería posible misionar en latitudes donde la Fe no es tan fuerte. Mechi lo asegura con ferviente convicción: “¡Claro que sí!… Por ejemplo en la última Misión encontramos un pueblo enojado con la Iglesia por un problema con un sacerdote; yo diría que existía un verdadero rechazo hacia la iglesia. Rezamos mucho renunciamos a muchas cosas y finalmente nos aceptaron. Las oraciones en conjunto y la cercanía que les brindamos hicieron que muchas personas se nos sumaran y hasta una familia se comprometió para que se continúe el rezo del Rosario luego de nuestra partida”. El misionero debe estar listo para enfrentar desafíos de Fe a la vuelta de cada esquina y debe estar seguro que, tras cada desafío,…¡La Mater triunfará!. Les preguntamos entonces sobre el sentimiento de Misión y nos comentan que “Cuando vas a misionar dejas muchas cosas, por ejemplo otro tipo de vacaciones, estar con las amigas, la comodidad de tu casa, etc. Por ejemplo mi hermano siempre dice que ésta será la última vez… Al volver, le pregunto: ¿ Es la última vez?. ¡Ni pienso! (contesta orgulloso). Nunca escuché decir a alguien que no volvería más, todos piensan en volver y la razón es coincidente: darse a los demás es recibir. Misionar no es fácil y el volver también tiene lo suyo, ya que no es fácil la realidad pero la Mater …¡Te cargó las pilas!.

Baltasar, un niño que nos cautivó.

Una experiencia de las misiones Mechi recuerda especialmente: “En este tiempo me conmovió la historia de Baltasar, un niño que no quería irse a su casa, muy travieso, inquieto, siempre quería llamar nuestra atención. Investigando un poco nos dimos cuenta que había algunos problemas en su casa y que su mamá lo golpeaba. Un día vino a buscarlo muy enojada a nuestra casa, diciendo que iba a matarlo. Salí a su encuentro y hablé mucho con ella, le di una imagen de la Mater y rezamos juntas para luego conversar largamente. En el diálogo ella descargó todo lo que tenía en su interior. Cuando Baltasar vino lo trató cariñosamente, le dijo vení papitom (término que se utiliza para expresar cariño a un niño) y lo abrazó, esto me conmovió. Para mí fue obra de la Mater. ¡Ella es la Gran Misionera. Ella obró el milagro!”

Misiones de la Juventud Femenina

En Chile probaron otro modelo de las misiones: la Juventud Femenina salió sola, como Rama. Nos cuenta Camila Gallardo que “Las misiones fueron una iniciativa de nuestra Rama, para resaltar a la mujer, es decir, poner en relieve su rol de MADRE Y TRABAJADORA en la sociedad. Normalmente las misiones son en verano, pero innovamos y la hicimos en invierno, en la época de vacaciones de colegios y universidades. Fue la primera vez y…¡Todo un éxito!. Misionamos en Casa Blanca, un barrio que está ubicado en el área urbana. Muchas veces las misiones en Chile las hacemos en el campo, en áreas pobres, pero esta vez quisimos hacerlo en la Ciudad enfatizando así a la mujer urbana, a la que además de cocinar y cuidar los hijos, trabaja fuera de la casa.

Como en las misiones habituales, nos dividimos en comunidades, que nosotras llamamos cenáculos. Las jefas de las misiones, quienes nos auspiciaron con las remeras, los buzos y todos los materiales, nos guiaron también espiritualmente, dándole así un profundo sentido a la Misión.

Hicieron talleres para abuelos, (en Casa Blanca existe un hogar para ancianos), talleres para niños, jóvenes y mujeres; pero todos orientados hacia la mujer. Las misioneras teníamos nuestras oraciones de la mañana, comidas compartidas y, como fundamento en las oraciones de la noche, un tiempo de compartir, de rezar junto al Santísimo en Adoración y, principalmente, dice Camila “compartir las vivencias que eran la base de las misiones “.

Uno va a misionar pero sale misionado.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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