Al acercarse el 10° aniversario de su bendición, se recuerdan muchas vivencias sobre el Santuario de Tucumán

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TUCUMÁN, Silvia Losada. ¡Parece tan largo el tiempo transcurrido! Hace casi diez años, un 18 de abril, se bendecía el Santuario de Tucumán.

Un año antes, en la Jornada Nacional de Representantes de la Campaña del Rosario, nos habían preguntado sobre la posibilidad de un Santuario en Tucumán. Recuerdo haber contestado: “El próximo año se bendice”. Luego me asusté de mis palabras. Los acontecimientos se sucedieron vertiginosamente. Y llegó el momento…

¡Día de gracias! Había llovido ininterrumpidamente por más de un mes, pero nada empañaba el entusiasmo de los preparativos. No era para menos: ¡la Mater iba a instalarse entre nosotros!

El predio estaba lleno de barro y nos dispusimos a calzar botas para caminar sin mojarnos los pies. Me acordaba de aquella frase de Joao Pozzobon: “Ni la lluvia ni el frío… el burrito seguía”. Contra todo pronóstico, el 18 de abril de 1999 amaneció con un brillante sol saludándonos. Todo era alegría y clima de festejo.

En Alianza con María, la familia de Schoenstatt de Tucumán ofrecía el Santuario de Gracias a la Iglesia, fieles a la misión del Padre José Kentenich. Una multitud emocionada asistió a la vigilia, Santa Misa, bendición y entronización del cuadro de la MTA en su morada: el Santuario Jardín de María.

Podíamos sentir que éramos una familia. Nos acompañaban los asesores nacionales y la gran familia de Schoenstatt del país y de países vecinos. La frase “nos encontraremos en algún Santuario” surge espontánea entre los schoenstattianos, porque simboliza encontrar el propio terruño a la sombra del Santuario visitado.

Y el jardín dio sus frutos

Pero la tarea de todos esos años soñando con él no terminaba allí. Recién comenzaba. Quedan en mi recuerdo los años de búsqueda del terreno y bendición de la ermita, primera palada, dificultades económicas para su construcción, los ladrillitos capitalarios para contribuir económica y espiritualmente, los rosarios y Mil Avemarías rezados, aportes al capital de gracias ofrecidos por cada uno de nosotros, la misión en los barrios vecinos para invitar a la bendición del Santuario, las primeras fiestas de la Campaña del Rosario, cuando preparábamos el altar para la misa en el lugar donde se edificaría el Santuario…

Y el jardín dio sus frutos. El NADA SIN TI, NADA SIN NOSOTROS se manifestaba en hechos que nos llenaban de emoción. Miles de peregrinos comenzaron a visitar a la Mater, devolviéndole la visita que Ella les hacía en sus hogares, lugares de trabajo, escuelas, hospitales, por medio de su imagen peregrina. Muchísimos de ellos sellaron Alianza de Amor.

Fue una verdadera primavera de Schoenstatt en Tucumán. Se multiplicaron las alianzas de Amor, consagraciones de misioneros, bendiciones de Ermitas y entronizaciones de la Mater en reparticiones públicas, colegios, hospitales, negocios. Las Fiestas de la Campaña comenzaron a realizarse frente al Santuario, motivando y encendiendo a todos los misioneros que continúan concurriendo a sellar o renovar su compromiso con la misión y congregan a miles de peregrinos. La Obra Familiar atrajo muchísimos matrimonios con el proyecto Jubileo. La familia se agrandaba. Tanto la Juventud Masculina como la Femenina crecieron fuertemente, aportando su frescura, entusiasmo y compromiso social con familias carenciadas.

Pastoral del Santuario

Las Madres y la Campaña del Rosario trabajan incansablemente para llevar las gracias del Santuario a todos los lugares posibles y conquistar nuevos aliados de María.

La Pastoral de Santuario realiza su tarea de entrega y amor recibiendo a los peregrinos, escuchándolos y difundiendo la misión de Schoenstatt. Las Profesionales, el Centro Pedagógico, el Círculo Vocacional, el Círculo de Adoración, María Solidaria, se conjugan para que en este prolífico Tucumán todas las personas encuentren su lugar en Schoenstatt.

Consolidada la familia, surgió la necesidad de coronar a la Mater como “REINA DE UNA FAMILIA UNIDA, FECUNDA Y SANTA”. Como no podía dejar de ocurrir, el día se presentó lluvioso y frío. Esta vez fue un aporte al capital de gracias que hicimos con todo nuestro corazón. Nadie faltó, ¡la familia dijo presente! Monseñor Villalba, Arzobispo de Tucumán, presidió el acto y marchó en procesión desde el SUM en construcción, sin ventanas ni piso en ese momento, hasta el Santuario, en un largo camino bajo la lluvia, portando la corona.

Se sucedieron las bendiciones de memoriales a la sombra del Santuario, para que los héroes de Schoenstatt acompañen a la Mater: el P. José Kentenich, Joao Pozzobon y el Padre Esteban Uriburu.

El inmenso honor de tener el Jardín de la Mater en el Jardín de la República.

En diciembre de 2007 los Padres de Schoenstatt instalaron en nuestra provincia su filial del NOA, acompañando a la familia los Padres Pablo Mullín y Tomás Dell’Oca, desde ese momento. Todas las ramas apoyan y viven el Santuario intensamente, sintiéndose hijos de esa dulce Madre que buscó quedarse con nosotros. Como decía, esto recién comienza. ¡Hay tanto por hacer y conquistar!

Todo lo lograremos si como FAMILIA UNIDA, FECUNDA Y SANTA, nos ponemos en manos de la Divina Providencia. María quiere seguir proyectándose desde su Santuario como Madre y Educadora, para contribuir a la transformación del mundo.

El próximo 18 de abril, bajo el lema “CON LA FUERZA DE UNA FAMILIA UNIDA, FECUNDA Y SANTA CELEBRAMOS TU PRESENCIA EN TUCUMÁN”, ofreceremos nuevamente nuestro Santuario a la Iglesia. Celebraremos y agradeceremos el inmenso honor de tener el Jardín de la Mater en el Jardín de la República.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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