Misiones familiares en Lobería

MISIONES FAMILIARES, Carlos y Lilita Ricciardi. Como cada año, hubo oraciones, Misas y ofrecimientos por las Misiones Familiares en las localidades de Caseros y Villa Clara, de la provincia de Entre Ríos, en Lobería, provincia de Buenos Aires y en La Paz, provincia de Mendoza. Siempre se sabe y siempre se lo valora mucho. En la semana anterior a la Conferencia 2014, la Misión en Lobería mostró el poder de esta oración (lo mismo que experimentaron los delegados de la Conferencia). A más de un mes de estas Misiones, queda viva la experiencia de Dios y de la confianza.

Sin duda la comunidad misionera está formada no solo por el conjunto de los misioneros, sino por todos aquellos que de una forma u otra colaboran para que este desafío se haga realidad, durante todos estos años hemos contado con un pilar fundamental para la misión, que ha sido la oración de toda una comunidad orante y también misionera.

Dios no se deja ganar en generosidad y se manifiesta en regalos de amor para llevar a cabo la tarea, sin embargo este año en Lobería tuvimos una particular experiencia:

El lunes 26 de enero, en horas del medio día, llegamos a Lobería. Nos esperaba el párroco, Padre Pedro, acompañado de una señora que nos entregó las llaves del colegio parroquial donde nos alojamos. Allí quedamos los 48 participantes de las misiones: varios jóvenes, las familias Martiarena, Bussi, Minvielle, Oviedo, Zurita, acompañados del Padre Beltrán Gómez y el seminarista Oscar.

A las 19,30 hs, con la Santa Misa en la Iglesia parroquial abrimos las misiones, con la sorpresa de que los únicos participantes éramos los 48 misioneros y el sacristán. Realmente nunca tuvimos semejante prueba de fuego, un desafío singular para que en tan solo 6 días se produjera el milagro de la Misión.

Un desafío que implicaba salir del anonimato total de una comunidad que ni siquiera sabía que durante esa semana habría un grupo misionero.

Una experiencia de desasimiento total (en nuestra jerga: nos tocó morder el polvo), allí estábamos para cumplir con una nueva misión y le tocaba a Dios ponernos las cartas sobre la mesa, (tal vez un cuatro de copas, como para pelear la partida).

Solo quedaba confiar y rezar, sabiendo que en la oración y en la confianza en Dios encontraríamos la clave de semejante misterio, es allí donde esta comunidad orante que año tras año nos respalda, alcanza la plenitud de ser aliados misioneros para interceder ante Dios, a fin de que los corazones se abran a Jesús y a la Virgen María.

A Dios rogando y con el mazo dando

A la salida de la Sta. Misa, guitarra y redoblante en mano, todos los misioneros fuimos al centro de la plaza y cantando dimos nuestro presente en el pueblo, el primer paso para anunciar que allí estábamos.

Al día siguiente empezamos con las visitas a las casas por la mañana y el anuncio a través de las radios, y por la tarde irrumpiríamos con nuestra presencia en el asilo de ancianos, el hospital… Los jóvenes siempre guitarra y Peregrina en mano, harían lo suyo en la pileta municipal, y otro grupo dedicado a los niños en una escuela de barrio. Al finalizar el día en la segunda Eucaristía apenas nos acompañaron tres señoras. Aún cuando todo parecía difícil, con experiencias cambiantes en cuanto a la respuesta de los hogares en que no se abrían las puertas, la oración se transformaba cada vez más en el centro y junto a cada uno de ustedes a quienes recordábamos en cada oración de la noche, ofreciendo nuestros pequeños esfuerzos por las intenciones de cada uno.

Pilar de las Misiones familiares

Ya el jueves por la tardecita se convocó a los jóvenes del pueblo a un encuentro en el colegio, con expectativas muy prudentes de recibir un grupo reducido, finalmente llegó la ansiada bendición con la participación de 30 jóvenes del pueblo, luego llegaron algunos matrimonios interesados en conocer la espiritualidad y el trabajo familiar, otros interesados en quedar como misioneros, dos bautismos, la peña del viernes por la noche con una participación importante, y finalizando con la Misa de cierre el sábado por la tarde también con una gran convocatoria.

En fin, hemos vivido una experiencia de Dios y de confianza: una comunidad que se une en la oración, intercede para que el Espíritu Santo se manifieste en abundantes dones de amor, por intermedio de los instrumentos que, como los apóstoles, se sienten pequeños por sus limitaciones pero grandes por la bendición apostólica y misionera.

Una vez más: no solo les agradecemos por sus oraciones sino por ser pilar de la Misiones Familiares.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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