20 de Enero de 2009

Querida Familia de Schoenstatt:

Mientras escribo estas líneas muchos de ustedes están de vacaciones, descansando en casa, en la sierra o en alguna playa. Otros siguen o ya han retomado el trabajo, pero seguramente con el ritmo que impone el mes de enero.

Las noticias que más escuchamos en estos días son la terrible sequía que destruye los sembrados y mata el ganado en vastas regiones de nuestra patria; el desmesurado aumento de la tarifa de electricidad; la guerra en la Franja de Gaza y la paz que asoma tímidamente, y la asunción de Barak Obama el 20 de enero como nuevo presidente de los Estados Unidos. Pero en tiempos globalizados no todas las noticias entran en el ajustado y predeterminado formato de la globalización. Cada día suceden buenas cosas que no salen en los noticieros, buenas acciones que quedan en lo oculto porque no “venden” ni “impactan” ni “cambian el mundo” y, no obstante, le cambian la vida a mucha gente, que es la manera concreta de ir cambiando el mundo.

Con alegría y mucha entrega jóvenes de Schoenstatt realizaron, entre el 26 de diciembre y el 4 de enero, 3 misiones en diferentes localidades del país: el grupo misionero MTA (con 180 jóvenes de Buenos Aires y San Isidro) misionó en las localidades de Médanos, Pedro Luro y Mayor Buratovich en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires; el grupo misionero Gaudium Mariae (con 160 jóvenes de Córdoba) misionó en la localidad cordobesa de Deán Funes; y el grupo misionero Ignis Mariae (con 175 jóvenes de Tucumán y Salta) misionó en la ciudad salteña de Rosario de la Frontera. Si contamos bien en total fueron 515 jóvenes de Schoenstatt. ¡Medio millar de jóvenes misionando y ayudando a la gente! ¡Esto sí que es una gran y muy buena noticia! El P. Tomás Dell’Oca, asesor de Tucumán, nos da su testimonio: “Muchos se preguntarán qué es lo que impulsa a tantos jóvenes a salir a misionar durante el verano. Seguramente la mayoría de ellos tienen mil posibilidades mejores y diferentes para pasar año nuevo. Sin embargo la respuesta es obvia para cada uno de los que vive esta experiencia. Se trata de no pensar en uno mismo, sino de salir al encuentro del otro, del que lo necesita, del que está más solo. Cuando uno tiene esa experiencia te das cuenta que estás entregando a Cristo, llevando a la Mater al corazón de tanta gente. Es en ese momento en el que te das cuenta que en realidad Dios también sale a tu encuentro a través de tantos rostros, de tantas historias de vida. Todo adquiere un nuevo sentido, el sentido del amor, el sentido de la entrega, incluso hasta el sentido del sacrificio y del dolor. Año a año, verano tras verano, nuestra juventud nos demuestra que tenemos una juventud heroica. Juventud, que desde su alegría, su pasión, su trabajo solidario, y sobre todo en la fuerza de su Alianza con la Mater, es esperanza de una Nueva Argentina”.

“Se trata de no pensar en uno mismo, sino de salir al encuentro del otro…”. Celebramos el 20 de enero. En estas palabras vemos un hilo conductor que vincula una misma actitud con la del P. Kentenich aquel día: Entregarse y salir al encuentro del hermano, del que sufre, del Dios que habla y pide respuesta.

El P. José Kentenich escribía desde la prisión de la Gestapo en Coblenza en diciembre de 1941: “Mis cadenas son el precio de rescate por el cobijamiento y libertad de toda la Familia. Luchen por un verdadero arraigo y libertad en Dios. Pero tengan en cuenta que somos libres para Dios en la medida que nos hacemos libres de nosotros mismos, de toda voluntad y deseo propios”. El P. Fundador había sido encarcelado por su férrea oposición al régimen nazi por ser un sistema inhumano y demoníaco; él y su Movimiento eran peligrosos por educar un tipo de hombre que no se plegaba dócilmente a la ideología de turno. En la Navidad de 1941 escribía: “De todo corazón dono gustoso al Buen Dios la pérdida de mi libertad. Estoy dispuesto a soportarla en todas las formas posibles, hasta el fin de mi vida si con ello pago el precio para la perdurabilidad, santidad y fecundidad de ustedes y de toda la Familia hasta el final de los tiempos. …Esto no deben olvidarlo nunca: quien ama a la Familia se considera feliz de poder darlo todo por ella”. Días después, en la madrugada del 20 de enero de 1942, mientras celebraba en su celda la Santa Misa, el P. Kentenich decide no firmar el pedido de revisión médica y ofrece su libertad por la libertad interior de su Familia. En el mes de marzo fue trasladado al campo de concentración de Dachau donde permaneció preso en condiciones infrahumanas durante 3 años y medio. Era el salto mortal en la confianza divina: unido profundamente a Cristo y siguiendo su ejemplo acepta el dolor y la cruz para que los suyos tengan vida en abundancia, su vida para nuestra vida. Con Cristo el P. Fundador quiere cumplir la voluntad del Padre Dios. Esta vivencia profunda y total de la Alianza de Amor del P. Kentenich despierta en sus hijos una gran corriente de solidaridad con él y de profunda unión entre los hermanos. Esta solidaridad acrisoló y profundizó el carácter familiar del Movimiento de Schoenstatt. El 20 de enero se constituyó así en el eje de la historia de Schoenstatt siendo sus frutos:

la confirmación del carácter sobrenatural de la obra: Familia de Dios

la comunidad de destinos entre el P. Fundador y la Familia: Familia del Padre

la solidaridad de destinos de los hermanos entre sí: Familia de hermanos

Esto tampoco salió en las noticias y diarios de su época, pero marcó la vida de miles de hombres y mujeres de aquella y de esta época.

Para la Familia de Schoenstatt argentina el 20 de enero tiene también el significado del paso del P. Kentenich por nuestra tierra, su herencia y nuestra misión.

El Padre llega a Argentina por primera vez en el año 1947, apenas a dos años de ser liberado del campo de concentración. Trae la experiencia de Dachau como la ciudad de locura y muerte, y, como contrapartida, la vivencia y el mensaje del 20 de enero. Viene buscando aliados para la misión y aquí encuentra corazones abiertos para recibir el mensaje y comprometerse con esa misión. Expresión de esa nueva vida es la corriente del Padre. En los viajes sucesivos surge la necesidad del Santuario y comienza un intenso tiempo de búsqueda y conquista del mismo para lo cual el P. Fundador colabora personalmente con oraciones, capital de gracias y dinero. En la piedra fundamental queda escrito: “Este Santuario ha de ser garantía y prenda para todos los tiempos de que el espíritu del 20 de enero de 1942 no morirá en la Familia, de que el principio paterno será reconocido en la Iglesia y que el Reino del Padre se extenderá triunfal. Al mismo tiempo ha de ser un símbolo del amor paterno y la fidelidad filial”. El 17 de enero de 1952 el P. Kentenich llega a Argentina rumbo al exilio en Estados Unidos. Él había prometido que vendría a bendecir el Santuario no importa dónde estuviera. Él cumple su promesa en momentos de sumo dolor e incertidumbre (nuevamente). El 20 de enero de 1952, día especialmente esperado por él, bendice el Santuario de Nuevo Schoenstatt y lo define como un signo de fe, de unidad, de lucha y de victoria. El 19 de marzo, día de San José, el P. Fundador coloca el símbolo de Dios Padre en el Santuario, y habla de la importancia para este tiempo de la “doble paternidad”, la del Padre del Cielo y la de sus transparentes, los padres de la tierra. El Padre Dios es el centro de todo, y nosotros sus hijos, unidos en Cristo y por Él, participamos de esa paternidad y lo hacemos presente en el mundo siendo nosotros mismo padres y madres que forjan familia. Por esta corriente de vida aquí surgida este es y será el Santuario del Padre. Otro suceso que no ha salido en las noticias pero que cambió y sigue cambiando la vida de miles de personas.

Querida Familia de Schoenstatt, celebrar el 20 de enero es recordar el paso del Padre en el ´42 y en el ´52 sin caer en “reduccionismos” místico-espirituales sino contemplarlo en todas sus dimensiones: espiritual, pedagógica, profética y misionera. Celebrar el 20 de enero es también compartir este mensaje, no privatizarlo; es renovarnos en la misión del Padre, encarnarla y traducirla al tiempo de hoy, con toda su originalidad y con creatividad; es animarnos a dar saltos de fe luchando por una sociedad más justa, más libre y solidaria; es animarnos a ser más hijos del Padre, es animarnos (como él) a ser verdaderos padres y madres, ser familia, para que muchos hombres y mujeres hoy tengan Vida y la tengan en abundancia.

Esto, seguramente, tampoco saldrá en las noticias pero seguiremos cambiando el mundo. ¡Feliz 20 de Enero!

Desde el Santuario del Padre les mando un cordial saludo y bendición.

P. José Javier Arteaga

Familia viva, ¡Esperanza argentina!

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