Homenaje al Padre Horacio Sosa Carbó en Nuevo Schoenstatt

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Roberto Liñares y Marta Goldemberg. El 20 de diciembre de 2008, con ocasión de cumplirse el primer aniversario de la partida a la Casa de Dios del Padre Horacio Sosa, se le ofreció un sentido y profundo homenaje.

La Iglesia de Dios Padre, junto al Santuario nacional, convocó a la Familia de Schoenstatt para una acción de gracias muy especial. Todos los participantes en esa Eucaristía habían sido vinculados libre y fuertemente con el corazón del Padre Horacio. La Sta. Misa fue concelebrada, entre otros, por el Padre Javier Arteaga, asesor nacional del Movimiento, y por el Padre Alberto Eronti, uno de sus hermanos de curso.

La homilía estuvo a cargo del Padre Arteaga: recordó variados aspectos de la vida y de la personalidad del Padre Horacio, así como su ideal: “Amarte ardientemente hasta la muerte, para iluminar las inteligencias con la luz de la verdad, y encender los corazones en el fuego de tu amor” y también la frase que se encontró entre sus papeles, escrita poco antes de morir: “Gracias Padre, a pesar de todos mis fracasos en todos los órdenes, sé que tu amor hacia mí es imperturbable. Esto me da alegría y entusiasmo. En el fondo ‘todo sale bien, pase lo que pase’. Gracias por poder creer esto. Alabanza y gloria a Ti eternamente”.

En Familia

Concluida la Santa Misa los concurrentes se trasladaron a la cripta ubicada bajo el atrio de la Iglesia de Dios Padre, donde se extendió el homenaje con la proyección de un audiovisual que reseñó la vida del Padre Horacio.

Así se lo pudo ver joven y sin barba; con sus hermanos del curso “Verbum Patris”; en su ordenación sacerdotal el 16-9-72; en 1999 en el Santuario en Stuttgart sosteniendo la Cruz de la Unidad original; en la Iglesia de la Adoración, en Colonia, en agosto del 99…

Un momento emotivo de ese audiovisual fue un fragmento del homenaje que le hizo, años atrás, la rama de madres al Padre Horacio cuando éste era su asesor. En dicha oportunidad fue homenajeada su mamá, Doña Mercedes, como integrante de la misma.

También hubo lugar para el recuerdo alegre. En un momento dado se expuso lo que se dio en llamar, el “Pequeño Padre Horacio Ilustrado”, parodiando el “Pequeño Larousse Ilustrado” – un pequeño diccionario enciclopédico abreviado muy conocido en la Argentina – donde entre el humor y las reflexiones profundas, se pudo ver, en trozos de conferencias dictadas por el Padre Horacio, mucho de su personalidad, su estilo de hablar. Un ejemplo: el paralelismo entre el film “La vida es bella” y la confianza filial en el Padre Dios, con la que se puede atravesar cualquier infierno; la explicación de que Jesús no sacó la forma de dirigirse a Dios “Abbá”, de los Salmos, sino que la empezó a escuchar en su propia casa de Nazaret…

Poemas preferidos

Hasta hubo tiempo para recordar los poemas preferidos del Padre Horacio, con los que también enseñaba. Así se escucharon de su propia boca fragmentos del poema anónimo del Siglo XVI (atribuido por algunos a Santa Teresa de Jesús):

“No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte…”

O aquellos versos de Don Miguel de Unamuno:

“Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar.
La hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame por piedad.
Vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar”.
“Méteme, Padre eterno, en tu pecho,
misterioso hogar,
dormiré allí, pues vengo deshecho
del duro bregar.”

O aquel “Soneto del Dulce Nombre” del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez, que solían recitar él y el también querido Padre Esteban Uriburu, para la festividad del dulce nombre de María:

“Si el mar que por el mundo se derrama
tuviera tanto amor como agua fría,
se llamaría por amor, María,
y no tan sólo mar como se llama…”

También aquella copla popular, que el Padre Horacio convirtió en una especie de estandarte:

“¡Qué hermoso es ir por la vida
cuando se avanza con calma,
llevando un sueño en el alma,
y en los labios un cantar!”.

Asimismo se hizo una pequeña muestra de frases y oraciones suyas que él repetía permanentemente. Aquí algunas de ellas:

“Dos cosas me fascinaron en Schoenstatt: el amor y la libertad”.
“Padre nuestro que estas en el cielo. Padre nuestro que estas en nosotros. Y debo decir más, Padre mío que estas en mí”.
“Que  la memoria de tu padre te despierte, te haga muy sencillo, muy audaz, como tu Padre, muy amante de la Iglesia, muy profeta de la Iglesia, incomprendido, pero respetuoso, pero amante siempre…”
“Padre te doy gracias porque siempre me escuchas, no como me parece a mí sino como te parece a vos”.

Y una frase que parece eterna despedida y eterno encuentro:

“Cuando Él quiera, ME VOY. Mientras tanto: misión, fuerza y confianza. Siempre, su Padre Horacio”.

Cómo no recordar la constante cita evangélica con la cual también solía cerrar sus charlas y bendecir:

“Dios es amor, y el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él”.

Testimonios

Se escucharon testimonios vertidos por muchas personas que lo conocieron de cerca en distintos momentos de su vida. Se destacaron los relatos del Padre Alberto Eronti; de la hermana del Padre Horacio, Rosa María Sosa Carbó de Köstner; de Graciela Greco y Marita Unchalo, en representación de la rama de madres; de Bibiana y Ricardo Bombién, por la Obra Familiar; de María Gorostiaga de Fernández Aráoz, en representación del CIK (Círculo de Investigación Kentenijiano), entidad que el mismo Padre Horacio fundara y promoviera; de María López Ruiz, de la Rama de Profesionales. Sería imposible, por razón de la brevedad, transcribir la riqueza y la emoción transmitidas en tantas bellas palabras.

En Sión del Plata

Concluidos los testimonios se invitó a los presentes a trasladarse al Santuario de los Padres de Schoenstatt, distante pocas cuadras del Santuario Nacional, para visitar el cementerio donde descansa el cuerpo del Padre Horacio “del duro bregar”.

Allí se rezó el “Cántico al terruño” y la señora Sara Brugnoli leyó un poema que le dedicó el día de su partida. Manuela, una joven e incansable misionera que ya se encontraba en el lugar cuando el grueso de la gente llegó, rezaba con el “Hacia el Padre” en la mano y una imagen de la MTA.

Promediaba un día pleno de amor y agradecimiento porque la Divina Providencia regaló a esta Familia un buen profeta del profeta de María. Partieron con otra misión: mantener vivo el legado del Padre Horacio, instrumento transparente del Dios Trino y del Padre Fundador.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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