Diez años de la “Campañita” para bebés y niños en riesgo de vida

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CORRIENTES, Martha Liotti. “Venimos a darte gracias y a alabar tu nombre: Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt”. Con una sencilla pero emotiva celebración, y con mucha alegría, misioneros, miembros de la familia de Schoenstatt local y una gran cantidad de familias con sus niños se reunieron el sábado 8 de noviembre en la iglesia Jesús Nazareno, de Corrientes, para festejar los primeros diez años de “La Campañita”, con la presencia del asesor regional, Padre Pedro Kühlcke, venido desde Asunción (Paraguay). La “Campañita” nació como modalidad de la Campaña del Rosario, como una adopción creativa de la misma a la situación de bebes prematuros y enfermos luchando por su vida… La “Peregrinita” en su moisés blanco ha acompañado a innumerables bebes y niños, ya sea colocada sobre el incubador, puesta al lado de sus camas en hospitales, o en manos y casas de sus padres. La Campañita, que nació en Corrientes, hoy en día se halla difundida en muchas ciudades de Argentina, y gracias a su difusión vía Internet, también en México, Portugal, Sudáfrica y Alemania.

Cómo se podría haber festejado de la mejor manera este acontecimiento sino todos juntos: los niños misionados, los papás, los misioneros y toda la familia de Schoenstatt, en una demostración de alabanza y gratitud a la Madre Tres Veces Admirable.

Dos semanas antes se saturaron los teléfonos de las misioneras. Había que ubicar e invitar a todos los niños que en momentos difíciles habían recibido la pequeña imagen y habían sido consagrados al Inmaculado Corazón de María. Los encargados llevan un registro detallado de cada uno – por una cuestión de gratitud. Pudieron localizar a muchos, pero también muchos cambiaron sus domicilios y teléfonos por lo que fue imposible poder ubicarlos.

La invitación a participar fue recibida con un unánime y generoso Sí .Ni contar la emoción que sintieron los misioneros al escuchar, del otro lado del teléfono, las voces de los chicos de 10, 9 , 8 años… a los que vieron de chiquitos luchar por sus vidas. Cuántos recuerdos…

Llegó el día, con un calor casi insoportable. El encuentro estaba previsto para las 18.15 hs., y ya de temprano comenzaron a llegar las familias, algunas de lejos, como la de Ángel Mariano, que vino con su mamá y sus cuatro hermanas desde Empedrado (70 km.)

Entrada de la bandera del jubileo

A la hora programada debía comenzar la celebración, dejando de lado por un tiempo la emoción de tantos reencuentros, y poner un poquito de orden en la algarabía de los chicos…

Para eso estaba Nito, recuperado milagrosamente del gravísimo accidente sufrido el 3 de mayo, como conductor y animador. Deborah y Nito vivieron como papás jóvenes la lucha de su hija Martina por su vida, la visita bendecida de la peregrinita – y se volvieron misioneros de la Campañita en agradecimiento por la recuperación de su Martina. Después del accidente de Nito en mayo, vivieron ya por segunda vez esta ola de oración y solidaridad schoenstattiana que fácilmente traspasa las fronteras de países y continentes. Dio la bienvenida a todos, y cuando anunció “entrada de la bandera del jubileo“, el silencio fue total.

Al son de los acordes de la melodía “Carrozas de fuego” los dos primeros niños misionados, en 1998, Gastón y Fátima, portaron la bandera hasta el altar, desde donde presidiría la posterior Eucaristía. ¡Los aplausos llegaron hasta el cielo! La bandera fue pintada por Cristina, la mamá de Gastón, quien también arregló el altar y el lugar de las Peregrinitas.

Seguidamente, los niños mayorcitos ofrendaron a la Mater la tinaja con los testimonios de los papás sobre estos 10 años de misión. El agua de las tinajas se convirtió en vino… el sufrimiento de los niños se ha transformado en bendición para las familias; solo bastó con escuchar a María, cuando dice :”Haced lo que Él os diga”.

Llegaste para bendecirnos, cobijarnos y ayudarnos a crecer

Mediante las pequeñas imágenes, la Mater peregrina llevando las gracias del Santuario; esa es la certeza del misionero. Los trillizos Pilar, Rodrigo y Matías, nacidos en octubre de 1999, portaron hasta el altar las tres velas, símbolo de las tres gracias del Santuario, que fueron encendidas una a una, mientras el P. Pedro iluminaba con sus palabras el significado de cada una y lo que sucede en los corazones que se dejan educar por María.

“Venimos a darte gracias y a alabar tu nombre”. Así dice la Oración del Jubileo que leyeron al pie del altar los chicos más grandecitos: “Querida Madre: Hace diez años encomendaste a tus servidoras misionar en los lugares donde nosotros, tus hijos más pequeños, luchábamos por nuestras vidas. Llegaste para bendecirnos, cobijarnos y ayudarnos a crecer. Nuestros corazones te pertenecen porque nuestros padres nos consagraron a ti para siempre. Hoy, frente al altar del Señor, con las manos juntas y la mirada puesta en ti, venimos a darte gracias y a alabar tu nombre: Madre tres veces Admirable de Schoenstatt”.

Los más chiquitos también participaron: en brazos o acompañados por sus papás fueron caminando en silencio hasta los pies de la Mater para depositar allí una flor blanca, símbolo del amor más puro, el de los padres, reflejo del Amor infinito de Dios. Sólo se escuchaba el canto del “Ave María”, momento de oración personal, de gratitud, en que afloran tantas historias, tantas noches insomnes, tantas preguntas sin respuestas… hasta que allí, en la frontera, al llegar Ella, el espacio se ha llenado de luz y ha hecho surgir la paz y la esperanza.

El Padre Pedro, con emotivas palabras, saludó a los niños, sus padres, familiares y a toda la familia de Schoenstatt, reunida para acompañar la celebración, a todos los cuales les impartió su bendición. También a las pequeñas Peregrinas y a las misioneras de esta modalidad.

Se cerró la celebración cantando con mucha fuerza el “Himno a la alegría” de la 9ª Sinfonía de Beethoven. ¡Mil gracias, Madre, por estos diez años de fecunda misión!

A la salida hubo gaseosas y golosinas para los chicos. Esta Misión de frontera, como la llaman, es un llamado a involucrarse con hombres y mujeres que, en un momento de sus vidas, se sienten solos y angustiados por el riesgo de perder a sus hijitos. Nos lleva María, la mujer atenta y servicial que los está mirando y nos llama a servirlos.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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