Jornada Nacional de Miembros de Liga en Cosquín, Sierras de Córdoba

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OF. Llegar a las serranías cordobesas de Argentina, en primavera, es regalarse cercanía de naturaleza, de hilos de agua que corren entre las piedras, y de la presencia armoniosa de Dios, que late en cada detalle rumoroso o apacible y silencioso. El sol es cálido y otorga diferentes tonos a los verdes montes. Las laderas de sólidas piedras, musgo y piedrecitas más finas muestra zigzagueantes caminos y el respaldo de la elevación del suelo en atrevida sierra se transforma en altivo muro a lo lejos. Las cumbres se mezclan con las nubes. El aire huele a hierbas… En ese ámbito esperaba María, la Madre Educadora, a los miembros de la Liga de Familias para la jornada nacional.

El llamado a toda Argentina fue hecho con mucha anticipación, y celosamente organizado. Se percibía “encuentro fraternal y filial” en la misma brisa serrana… había clima de hogar. Es el clima que trasunta la Familia del Padre cuando convoca y espera. La edificación lucía en el frente un “Bienvenidos” acogedor y de franca apertura.

El lema “Miembros: alma, motor y garantía de un nuevo orden social” apareció en forma destacada ante todos como un alto desafío, o tal vez como una meta ambiciosa, real, necesaria.

Entre los asistentes, al llegar – mientras se estrechaban abrazos, saludos, sonrisas, cálidas presentaciones – se intercambiaban criterios: ¿podremos lograrlo? ¿Es la meta de nuestro apostolado?

Un planteo serio que revoloteaba en la mente y el corazón de cada uno. Que generaba interrogantes e íntimas reflexiones.

Era un momento para recordar palabras del Padre Fundador: “Hoy día necesitamos el ímpetu que nace de la conciencia de que Dios exige algo de mí. El me necesita, me da tareas; El considera que yo soy capaz de cumplir esas tareas y está detrás de mí…”.

Los Asesores Nacionales de la OF, la Hna. Catalina y el P. Guillermo Carmona, estaban mezclados, con natural cordialidad, con los matrimonios que ingresaban.

Los Matheu, de Mendoza, como Coordinadores Nacionales de la Liga, denotaban un trabajo meduloso y serio. No obstante se los veía siempre afables y sonrientes. Cuidaban los detalles, el orden de las charlas, los talleres con esa casi imperceptible y suave eficiencia de quien previamente ha dedicado esfuerzo responsable.

María Cora y Marcelo Lescano, de Córdoba, oficiaban de anfitriones. Trabajaron en todo momento celosamente y con alegre disponibilidad. Los detalles prácticos de alojamiento, comidas, mesas, refrigerios pasaron por su esmerada organización. También, con evidente ductilidad de funciones, integraban el coro en las Misas, acompañados de Juan y Matilde Barbosa.

Paneles, murales y stands

En el hall de entrada diferentes paneles, murales y stands mostraron muchas acciones y frutos concretos de acción, de diferentes puntos del país. En un rincón del salón, a manera de Santuario Hogar, acompañaban Peregrinas, una Cruz de la unidad, una foto del Padre Fundador. Una armoniosa conjunción que presidía el lugar.

Cada asistente fue invitado a presentarse brevemente, consignando su zona de origen, apostolado y tareas. Se fueron sucediendo diferentes grupos, recibidos con aplausos. Todos tuvieron en común un acendrado servicio a la Iglesia, como catequistas, Ministros de la Eucaristía, servidores de la comunidad eclesial, coordinadores de Comedores y Hogares.

Cada uno dejaba la impronta de llevar a la MTA en su quehacer, queriendo trasuntar la fuerza de aliados que María imprimió en sus corazones. Lo mostraron los Palazzo, por ejemplo, cuando con alegría exultante hablaron de su “Campo del Cielo” de Rauch

La apertura a cargo del P. Guillermo Carmona arrancó desde la expresión “nuevo orden social”, que planteó con su reconocida riqueza de recursos de oratoria. Generó la inquietud en cada asistente cuando afirmó el desafío de que “nosotros debemos concluir, terminar algo iniciado por nuestro Padre”, como si se nos confiara una “sinfonía inconclusa”: a la eximia composición musical original debemos nosotros encontrarle arpegios y compases que cierren la obra maestra.

El planteo giró en que el nuevo orden social es tarea de la OF. Tres valores necesarios para la implementación de ese renovado orden social son la verdad, la justicia y el amor. Las disquisiciones sobre cada uno de ellos fue abundantemente especificada en alcances, como sinónimos de responsabilidades sociales, que indefectiblemente deben hacerse “alma” del apostolado en servicio, por una vida mejor para el “prójimo” .

Se realizaron participativos talleres, que permitieron la profundización de un excelente y variado temario.

Para alegría de los asistentes, desde el inicio, el Director Nacional, Padre Javier Arteaga, sumó su activa y dinámica presencia. Expresó: “Nos ilumina y fructifica en los hechos que realicemos un fuerte espíritu de Alianza”.

La Misa concelebrada del sábado tuvo como celebrante al P. Pablo Mullin, con una rica homilía. Se recordaba en la víspera la festividad de la Virgen del Pilar: la acción silenciosa de María que no quiere protagonismo y sólo quiere llevarnos a Jesús. Modelo para el accionar apostólico.

Atender al llamado y ponernos en camino

El rito de renovación de la Consagración de Miembros fue un emotivo momento en el que los matrimonios recibieron una vela y expresaron a viva voz sus respuestas matrimoniales a las preguntas del celebrante.

Al concluir la Cena, hubo representaciones; algunas emotivas, otras verdaderas parodias del descubrimiento de América, y caracterizaciones cómicas de aborígenes. Un momento de relax y distendidas charlas.

La mañana del domingo 12 reunió en la oración de la mañana a los asistentes, Hermanas de María y Asesores. Todos momentos de reflexión y acercamiento espiritual, al que le siguió un fraternal desayuno y la disertación del P. Carmona sobre medios ascéticos.

Cada uno fue generosamente explicitado, instando a ofrecerlos como camino hacia la más grata e intima autorrealización. En particular hubo una rica exposición sobre el Horario Espiritual. Asimismo la necesidad de encontrar en nuestra propia naturaleza consignas que nos impulsen a la adopción de esos medios, que nos alienten una y otra vez a cumplir con nosotros mismos.

Siguieron talleres sobre los medios ascéticos, donde surgió la figura de los dilectos de Schoenstatt: José Engling, Don Joao…

La Misa de cierre tuvo palabras claras y comprometedoras del P. Javier Arteaga.

Atender al llamado y ponernos en camino sin dilaciones. Con la mirada puesta en el Bicentenario gestar desde la OF “alma de familia” en la República Argentina.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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