El 18 de octubre en Villa La Angostura, Patagonia

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Clara Herbón. Hace dos años, cuando llegó por primera vez la Virgen Peregrina a la Villa, le prometí a la Hna. Kornelia que iba a contarle sobre el accionar de la Virgen en su paso por las familias locales.

Cumplo, pues, con lo prometido. El pasado sábado 18, unidos a la comunidad de la Parroquia de Nuestra Señora de Los Lagos, rezamos el Rosario Iluminado con velas y adornando cada Avemaría con una ramita de flores de ciruelo, ya que las rosas en estas latitudes no llegan hasta el verano. Toda nuestra diócesis celebraba el mes de la misiones y desde la Campaña aportamos nuestro granito de arena con el Rosario. Las misioneras renovamos el compromiso misionero por otro año.

Somos cinco actualmente, pero en poquitos días dos señoras más se unirían al grupo. Lo sorprendente del caso es que después que rezamos nuestra oración de consagración, un señor con su esposa, que había ido a rezar el rosario, se acercó para preguntarnos… ¡si él podía ser misionero! Por supuesto que sí, le respondimos, y lo invitamos a que se acerque al grupo para ponerlo al tanto de lo que se necesita para poder llevar a la Virgen Peregrina a las casas.

Estábamos preparando dos nuevas Peregrinas para entregar en unos días pero la Mater se adelantó otra vez, y ya no serán dos sino tres.

Aquí cabe la frase de Don Joao Pozzobon: “A Mae ja arrumou” (la Madre ya lo arregló).

En ese día especial, sólo yo renové mi Alianza, unida en el espíritu y en el corazón al Santuario Original y a toda la Familia de Argentina y el mundo, y formulé un secreto deseo: poder llevar a quienes ya están trabajando en la Campaña y a otros hermanos de la comunidad a sellar la Alianza de Amor en un futuro no muy lejano. Cuando eso se concrete lo compartiré con todos ustedes.

“Seguimos caminando con María, la Gran Misionera, para gloria de Dios Trino y la santificación de las familias”.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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