Seminario en homenaje a San Pablo en Nuevo Schoenstatt

NUEVO SCHOENSTATT, Hna. M. Alejandra Aguilar. Como aporte al año paulino, se celebró su apertura en Nuevo Schoenstatt con un seminario titulado “Discípulos y misioneros tras las huellas de San Pablo”, en el marco de la misión continental impulsada por la conferencia de Aparecida.

El seminario se llevó a cabo en Nuevo Schoenstatt, a la sombra del Santuario del Padre, Santuario Nacional de Schoenstatt para la Argentina que fue inaugurado por el Padre Kentenich. Participaron algunas personas de diócesis cercanas que escucharon la invitación por radio (en el programa “La hora del encuentro”), otros de la Campaña, de la parroquia de Florencio Varela y del Movimiento organizado, interesados en San Pablo.

Al inicio se presentó una síntesis muy motivadora del video “San Pablo” una publicación de las Hermanas Paulinas, de Roma. Fue como tener ante la vista a un Pablo fruto de tres vertientes (cultural, religiosa y cívica): la helénica, la judía y la romana. Un Pablo, llamado y preparado para una misión extraordinaria por su dimensión religiosa, cultural y universal.

Luego, se escuchó la conferencia del Padre Héctor E. Laffeuillade. El P. Laffeuillade es doctor en teología, profesor en la facultad de ciencias económicas de la Universidad Católica Argentina. También es profesor y formador en el seminario diocesano de Lomas de Zamora. La conferencia fue de gran densidad bíblica y pastoral, iluminó el conocimiento de un Dios Padre, todo amor y misericordia. Lo mostró en el Antiguo Testamento, en los Evangelios; y en los textos y en la profunda experiencia del Apóstol.

Para concluir, se hizo la aplicación a la Vª Conferencia del CELAM en Aparecida. San Pablo es un modelo eminente para ilustrar el ser discípulo y misionero de Cristo

Símbolos durante la celebración eucarística

La celebración litúrgica comenzó en la extensa explanada que es el atrio de la Iglesia de Dios Padre. Allí, en la liturgia penitencial, se entregó a los presentes una tarjeta donde debían firmar con su nombre como expresión de la conversión personal. El Sacerdote invitó a la concurrencia a dirigirse al altar y depositar sus nombres en una bandeja. Posteriormente esas tarjetas serían quemadas ante el Santuario. Era el símbolo de entregar el hombre viejo y recibir al hombre nuevo expresado en una tarjeta con el rostro de Cristo y la frase: “Él me cegó y yo lo veo”

En el Credo se renovaron las promesas bautismales con firmeza y emoción “¡queremos ser verdaderamente: discípulos fieles!”

Luego de la lectura de la Palabra, el Padre José María Aguirre motivó en el seguimiento de Cristo con una alocución sobre “La gracia de Nuestro Señor Jesucristo”, que supo ilustrar magistralmente con la representación de la gracia y de la alianza, expresadas en el inmenso retablo de la iglesia de Dios Padre, en la parte donde figura simbólicamente la alianza en el antiguo testamento, luego en la encarnación de Cristo, y en la vida del nuevo testamento en el que – como discípulos y misioneros – hay que ser actores, elegidos y preparados.

En el ofertorio hubo tres gestos simbólicos, unidos a los objetivos que Benedicto XVI marcó para este año paulino. El primero, lo ecuménico, fue destacado con la presentación de un gran estandarte con la frase: Cor Pauli, cor mundi.

El segundo, la Palabra y el compromiso con ella, fue expresado levantando en alto la Biblia que cada uno lee habitualmente.

El tercero, el compromiso misionero y de servicio a la Iglesia y al mundo, se lo simbolizó diciendo a una sola voz: ¡Aquí estoy!

Luego, el pan y el vino cerraron la procesión de ofrendas y la concurrencia se concentró en el misterio que se estaba desarrollando en el altar y en los corazones de cada uno.

Un llamado a la conversión

Uno de los participantes – con mucha experiencia en la vida de Iglesia – dijo: “allí, en la Iglesia de Dios Padre, pasó algo” Y su esposa comentó: “fue como si al abrirse la puerta paulina en Roma, nosotros -adhiriendo a ese gesto del Papa-, recibiéramos de golpe toda la gracia, como le sucedió a San Pablo. Otra señora dijo: “fue un llamado fuerte a la conversión, a dejarse transformar del hombre viejo al hombre nuevo… ¡fue un día en el que nos invadió la gracia!”

¡Fue un magnífico inicio del año de San Pablo! De aquí en más habrá que elaborar todo lo recibido.

Después de la comunión, fue bendecido un cirio rojo como expresión del fuego del Apóstol, y cinco velas blancas representando a los cinco continentes. Se lo expresó así:

Somos discípulos y misioneros tras las huellas de San Pablo:

  • ¡La llama de Pablo enciende la misión en Asia!
  • ¡La llama de Pablo enciende la misión en Oceanía!
  • ¡La llama de Pablo enciende la misión en Europa!
  • ¡La llama de Pablo enciende la misión en África!
  • ¡La llama de Pablo enciende la misión en América!

Con el fuego de Pablo marcharon procesionalmente al Santuario donde cada uno recibió un pequeño cirio que encendió en la llama de Pablo y lo fue pasando a los demás como en una Pascua siempre renovada.

En este clima pascual-pentecostal, recibieron la gracia de la indulgencia plenaria antes de la bendición final.

Con el canto “Id, evangelizad las Américas”, y la renovación de la Alianza de Amor con la Madre y Reina, llenos del Espíritu vivificador, se despidieron del Santuario y se dirigieron al salón de la casa de retiros Solaz de María para cerrar el seminario con una rica merienda. Luego hubo un foro de testimonios y la recepción de los certificados correspondientes a este módulo.

Un enorme ¡gracias! a todos los que colaboraron con la organización, con sus oraciones, con la difusión y con su participación ¡Al grupo de música que los acompañó con tantas canciones paulinas y las palabras de Pablo cantadas, adecuadas para cada momento del día!.

Conferencia del del Padre Héctor E. Laffeuillade (pdf)

Fuente: http://www.schoenstatt.de

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: