La Familia de Schoenstatt de Rauch reflexionó, trabajó y fortaleció los vínculos

El pasado domingo 6 de abril, aniversario de la salida de Dachau del Padre Kentenich, la Familia de Schoenstatt de Rauch – en el centro sur de la provincia de Buenos Aires – se reunió en Campo del Cielo, un bello lugar donde está la ermita de la Mater, la casa de peregrinos y, si así está en los planes de Dios, donde se edificará en el futuro un Santuario.

Se lo había planeado con anticipación, incluso con lindas invitaciones impresas y anticipo del programa por medio del correo electrónico. El domingo 6 de abril, un día de pleno sol, aire fresco y cielo de un azul impresionante, la casa de peregrinos, impecablemente preparada por la rama de madres, recibió a representantes de todas las ramas de la Familia y a misioneros de la Campaña del Rosario.

Muy temprano, dos voluntarios de la Obra Familiar habían ido a encender la leña de la parrilla que está bajo los árboles y preparar las brasas para el asado del mediodía… A partir de las 9,30 fueron llegando uno tras otro los vehículos que traían a los numerosos participantes. Campo del Cielo está solamente a 3 Km. del centro de Rauch, que es una ciudad pequeña rodeada de amplios campos donde se cultivan cereales que parten para todo el mundo…

La misión de perpetuar el carisma del Padre

La casa del peregrino parecía un imán que atraía a todos los que iban llegando. Allí hubo alegres saludos y reencuentros. Con mucha alegría recibieron a jóvenes matrimonios y un grupo de adolescentes misioneros de Tandil (la otra ciudad de la diócesis de Azul donde está el Movimiento de Schoenstatt, a 70 Km. de Rauch), que también participarían en esta jornada. Enseguida se organizó una procesión hasta la ermita, llevando una gran foto del Santuario y otra del Padre Kentenich. Ante la Mater se hizo la oración inicial y se rezó por las intenciones más acuciantes: por la patria, en estos momentos de tantas preocupaciones por la paz, la justicia, la verdad… por la Iglesia, discípula y misionera, concretada en la parroquia y en las acciones apostólicas de cada uno, por el encuentro de ese día…

Nuevamente en la casa, hubo una charla motivadora, a cargo de la Hna. María Andrea, asesora del movimiento en la diócesis de Azul: “En camino al centenario de Schoenstatt, evocamos al Padre y Fundador en el año del 40º aniversario de su fallecimiento”. Luego los participantes eligieron los temas a trabajarse en talleres que facilitarían la aplicación de lo reflexionado a la vida. Sobre todo a la misión de perpetuar el carisma del Padre y de fortalecer a la Familia de Schoenstatt local, tanto en lo espiritual como en el crecimiento numérico. Es un año de misión para la diócesis de Azul, que pronto celebrará los 75 años de su erección.

Los grupos se distribuyeron entre los árboles o al sol, según el gusto de cada uno, y las conversaciones fueron sumamente animadas. Y así llegó la hora del almuerzo. Con rapidez se armaron las mesas al aire libre y se repartió el pan y el exquisito asado. Muchos habían llevado ensaladas de todo tipo, bebidas y postres, así que fue un almuerzo completo. Sobre todo muy familiar por el intercambio que se produjo entre las diversas ramas, edades, situaciones de vida, etc.

Hermosear el lugar

Y finalizado el almuerzo comenzó el trabajo de hermosear el lugar: hubo quien cortó el césped, otros que arreglaron los lugares de las plantas de adorno, se cortaron algunas ramas secas, se pintó la tranquera de la entrada y el cartel que anuncia que ese es el Campo del Cielo, el hogar de la Familia de Schoenstatt en Rauch.

Sí, un verdadero lugar de cielo. Lo testimoniaron muchos de los participantes “¡Qué hermoso es este lugar! Rezando en la ermita me sentí muy pequeño ante la inmensidad del cielo…” “¡Qué amable es la gente de Rauch! ¡que generosa!” (esto dicho por una tandilense). ¡Cuánto amor a Schoenstatt, cuantos sacrificios hechos con alegría para conquistar este lugar, que a medida que pasa el tiempo está más hermoso y sobre todo más lleno de la gracia de la presencia espiritual de la Mater!. Que no solo sea un Campo del Cielo, sino muy especialmente una Colonia del Cielo, tal como lo señaló el Padre y Fundador en el Cántico al Terruño…

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