CARTA DE ALIANZA – MARZO DE 2008

Queridos hermanos en la Alianza:

Después de la pausa del verano, de a poco, todo vuelve a su ritmo normal en la vida familiar, en el estudio, el trabajo, el apostolado y también las Cartas de Alianza.

Pero hablar del verano no es sinónimo de “solo descanso”. Como es costumbre desde hace años, muchos miembros del Movimiento de Schoenstatt durante el verano realizaron diferentes acciones apostólicas al servicio de los demás.

La Juventud Masculina convocó a 200 jóvenes secundarios y universitarios de distintas comunidades del país para el Campamento en Mar del Sur, Pcia. de Buenos Aires. Los acompañaron 4 sacerdotes y 6 seminaristas. Días de campo, sol, mar, diversión y oración; la temática central fue “La Patria de María”: la renovación personal y social, el compromiso de los discípulos y misioneros de Cristo y María. Un gran anhelo para el bicentenario del 2010 es “teñir de celeste y blanco todos los rincones de la Patria”. Los colores de Argentina, los colores de María.

La Juventud Femenina realizó su campamento anual en Uspallata, Pcia. de Mendoza, donde participaron 160 chicas acompañadas por 4 Hermanas. En el marco imponente de los Andes pudieron disfrutar de la belleza de las montañas y de la alegría de la comunidad fraterna. La temática desarrollada fue “Ejército de María”, la conciencia de ser llamadas por María para ser discípulas y misioneras de Cristo. El bicentenario de la Patria es el gran objetivo de su acción apostólica.

El grupo misionero MTA misionó por tercer año consecutivo en Henderson, Pcia. De Bs. As., del 26 de diciembre al 4 de enero. Participaron 180 jóvenes, la Hna. M. Luz y los Padres Pablo Pol y Beltrán. Este año el objetivo fue promover la oración en las familias y así dejar un Santuario Hogar en cada casa.

El grupo misionero MTA-NOA misionó por segundo año consecutivo en Huillapima, Pcia. de Catamarca, del 26 de diciembre al 5 de enero. Participaron 80 jóvenes, la Hna. Sabrina y el P. Tomás Dell´Oca.

El grupo misionero Gaudium Marie misionó en Dean Funes, Pcia. de Córdoba, del 26 de diciembre al 4 de enero. Participaron 150 jóvenes, la Hna. M. Sol y los Padres Marcelo y Andrés.

El grupo Misiones Familiares de La Plata misionó por segundo año consecutivo en Alcaráz y Sauce de Luna, Pcia. de Entre Ríos. Participaron 15 matrimonios, 110 jóvenes y los Padres Pablo Mullín y Beltrán. Lo lindo es que este año se unieron también misioneros de las Familias de Paraná y Corrientes.

– El grupo Misiones Familiares de Mendoza misionó en La Paz, Pcia. de Mendoza, donde participaron 6 matrimonios, 85 jóvenes, el P. Juan José y los seminaristas Javier Lazcano y Alejandro Rodríguez.

– El Centro Pedagógico Padre Kentenich organizó en el mes de febrero dos jornadas, una en Córdoba y otra en Florencio Varela, donde participaron en total unos 70 docentes.

Alguien dijo que en verano las actividades no cesan, sólo cambian la modalidad y los lugares. Todas estas acciones son fruto de la entrega generosa de gente que ha sentido el llamado a la misión, de meses de trabajo y de mucha oración. Como hijos y aliados de María somos Discípulos y Misioneros de Cristo, para llevar a cuanto lugar podamos Su Palabra y Su Presencia redentora, forjando familia e Iglesia del Señor. Pero ¿de dónde les viene a estos misioneros este espíritu? ¿Cuál es su fuente de vida? La respuesta es una: El encuentro personal con Cristo, nuestro Señor.

Estamos en la Gran Semana de la Fe, la Semana Santa. En este tiempo santo de gracias el Señor sale a nuestro encuentro para que le abramos de par en par las puertas de nuestra vida. El sale a nuestro encuentro en su Palabra, en la Eucaristía, en las Liturgias, en el hermano-prójimo, en las voces del alma. Cristo busca el encuentro con nosotros para regalarnos a manos llenas la Paz, la Plenitud de Vida que muchas veces buscamos vanamente en otros lugares. Cristo sale a buscarnos y nos ofrenda su Vida porque nos ama.

Para dejarnos encontrar por Cristo hay que “volverse” a Él, convertirse, sentirse un niño ante Dios. Nadie se “gana” ese encuentro por méritos propios ya que es Él el que se acerca a nosotros “gratuitamente”. Solamente hay que presentarse simple y desvalido, con nuestras luces y sombras personales, confiados como niños ante su padre. Este proceso no es fácil ni automático porque generalmente los hombres ponemos trabas y objeciones, no nos gusta que otros nos vean tal cual somos; tampoco Dios. Pero, sin embargo, el dejarnos encontrar por el Señor nos permite descubrir el amor infinito de Dios por nosotros. Esto transforma nuestra vida, la cambia para siempre. Para comprender esto releamos el encuentro de Jesús con Zaqueo (Lucas 18, 8-10). El hombre, al asumir su propia pequeñez y el amor incondicional del Señor que sale a su encuentro, cambia y se vuelve definitivamente a Dios. Sólo así podemos experimentar la luz de la esperanza en nuestras vidas, la victoria de la Resurrección sobre nuestra muerte.

Queridos hermanos en la Alianza, este es el tiempo propicio, el tiempo de gracia: aprovechémoslo. Si queremos vivir como discípulos y misioneros de Cristo abramos nuestras puertas a Él. El discípulo es aquel hombre o mujer que en un momento de su vida ha escuchado la voz del Señor que le ha dicho personalmente: dejá lo que te ata, dejá lo que te tira para abajo, dejá las redes, “¡ven y sígueme!”.

¡Que María, la primera discípula y misionera de Cristo, desde el Santuario nos muestre el camino y nos anime a seguirlo para siempre!

Que tengan una bendecida Semana Santa y una feliz Pascua de Resurrección.

P. Javier

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