Una visita a Schoenstatt

Alejandra Senestrari. ¡Gracias Mater, gracias Padre Fundador! ¡El martes 19 de febrero de este año tuve el regalo de conocer Schoenstatt! Tengo el deber moral de expresar mis sentimientos por todas las gracias recibidas allí.

Todo el plan del viaje fue muy providencial. Mi esposo Roberto tenía que viajar por razones laborales a Europa y estaría unos días en Munich. Aprovechando unas millas acumuladas que tenía, me invito a acompañarlo en su periplo. Por lo tanto cuando me dijo que debía estar en Alemania unos 7 días, no tuve duda alguna que sí o sí debía ir a Schoenstatt.

Luego de unos días en Munich, el 19 de febrero partí en tren a Coblenza con combinación en Stuttgart y a las 16.30 horas llegué en taxi a Schoenstatt.

¡Que felicidad estar en la tierra del Padre!. Me hospedé en la casa Sonnenau y de allí partí sola al Secretariado Internacional a llevar un encargo. Y gran sorpresa: ¡todos allí hablaban en castellano! y luego a la Oficina de Prensa a ver a la Hna. Kornelia, la cual ha sido el instrumento para poder sentir tanta plenitud de gracias en mi estadía en Schoenstatt.

La Federación de Madres de Alemania esperaba con los brazos abiertos

Por mis correos electrónicos, la Hna Kornelia sabía que pertenecía al curso 18 de la Federación de Madres de Buenos Aires, así que arregló todo para que estuviese acompañada. Dos señoras del curso 13 de la Federación de Madres de Alemania, Rosemarie y Josefa, llegaron al día siguiente a agasajarme. Estuvieron conmigo por un día y medio; no me dejaron sola ni un minuto. ¡Otro mimo del Padre y la Mater!.

Rosemarie y Josefa viajaron más de 250 Km. solo para estar conmigo!. ¡Que dicha!. Rosemarie había estado en el Encuentro de 2007 en Nuevo Schoenstatt (Florencio Varela, Argentina) junto también con la Hna. Luciane, jefa territorial de la Federación de Madres de Alemania. No les puedo explicar la alegría que tenían de haber participado del encuentro en Buenos Aires y el agradecimiento que sentían hacia todas las personas que con tanta dedicación y amor lo habían hecho posible. Se acordaban de todos, de cada una de las conferencias, de las visitas de las Hnas. Cristvera y Ursula, de los Santuarios visitados, del viaje a Nueva Helvecia (Uruguay), de los globos de Villa Ballester… ¡Estaban radiantes y más que agradecidas por lo vivido en nuestra tierra!

Josefa y Rosemarie llegaron a Sonnenau con una foto de nuestra jornada de inicio del curso 18 en Belgrano. ¡Que delicadeza!

Cabe decir que Josefa no sabe castellano y Rosemarie decía saber poco, pero luego de estas 36 horas juntas es como si hubiese recibido un curso intensivo. Me llevaron a conocer cada rincón de Schoenstatt, me explicaron cada detalle, juntas fuimos a varias Misas en alemán, y aunque no entendía el idioma siempre sentí esa conexión que tanto vemos en nuestro querido Movimiento.

En familia

Rosemarie y Josefa llevaron el té y la cena desde sus casas a la casa de la Federación de Madres. ¡De no creer estas atenciones brindadas con tanto amor!.

Tomamos juntas el té y luego cenamos las tres con la Hna. Luciane y la Hna Kornelia, que luego de mi estadía se recibió de traductora de alemán-español. Cosa inusual en estos lados: nos quedamos hasta pasadas las 22 horas conversando las cinco de todo. No existieron fronteras ni de país, ni de idioma, ni de edad, ni de estado.

Sentí que éramos cinco personas que nos conocíamos desde siempre. Abrimos nuestros corazones y nos sentimos hermanas. El hecho de pertenecer al Movimiento es una gracia enorme. Parecía que habíamos crecido juntas. La Hna. Luciane asentía diciendo que las dificultades y aciertos son las mismas en todos lados.

Con el Padre

Tal como antes mencioné, no dejaron de mostrarme ni de explicarme nada; Santuario Original, la casa Padre Kentenich, la casa de Misión, el noviciado, la casa de las ramas femeninas, la iglesia de la Adoración y realmente la emoción más grande que experimenté fue estar junto al sepulcro del Padre.

Tuvieron la gentileza de dejarme sola con el Padre hasta que yo quisiese. La Hna. Beatriz – de la Argentina – me sugirió que fuese sola por la noche a estar con él. Mil gracias a la Hna. Kornelia que tan gentilmente me prestó su auto.

Las dos habitaciones del Padre (en la Casa de formación de las Hermanas) están intactas como estaban al día de su fallecimiento. La imagen de la Virgen a la que la madre del Padre Fundador lo consagra, el escritorio del Padre, su vestimenta, pasaporte, escritos varios y hasta un cuaderno Laprida de su estancia en la Argentina.

Al día siguiente fuimos a la casa de Gertraud von Bullion, al Monte Sión donde está la Casa paterna de los Padres, a los Santuarios de Sion y Moriah.

Luego llegó la despedida de Rosemarie y Josefa que retornaban a sus casas. Mi agradecimiento infinito hacia ellas por todo el amor recibido en cada momento.

Al quedarme sola el jueves por la tarde volví al Monte Schoenstatt a recorrer todo nuevamente. Providencialmente encontré a la Hna. María Teresa, de la Argentina. Mucha emoción al contarle mis vivencias. Compartimos un rato más que agradable.

Solo hay que avisar…

Todo este relato es simplemente por todas las gracias recibidas, por sentirme y hacerme sentir parte de él. Gracias Padre, Gracias Mater por ser parte de este Movimiento de Schoenstatt y por todos los instrumentos que me llevaron a él.

¡No dejemos de comunicar cuando alguien del Movimiento viaje hacia algún Santuario para que podamos compartirlo y sentirnos hermanos de verdad!

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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