Fiesta del Santuario de Sión en Florencio Varela, Argentina

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24 de febrero, a las 11 horas. El Sión del Padre, en Florencio Varela, se ve colmado de autos y ómnibus. Es la Familia del Padre, que ha venido una vez más a celebrar un nuevo aniversario – el 14° – del Santuario de Sión, el Santuario de los Padres, el Santuario de los hijos.

La primera sorpresa – y muy grata ciertamente – es descubrir al Padre Horacio recibiéndonos a los pies del altar. No en persona (o sí…) sino a través de una foto, desde la cual contempla todo y a todos con esa expresión tan suya, encendida de fuego, de pasión, de misión.

Es inevitable también recordar en ese momento a Flora Anselmo, fundadora y motor del Círculo Vocacional fallecida el 19 de febrero pasado a más de 90 años de edad, a quien era habitual ver descender de un micro todos los años para esta fiesta.

Más de 600 personas

Como de costumbre, junto con peregrinos y allegados al Santuario, se hallaba reunida la Familia de Schoenstatt local, representada por más de 600 personas de todas las ramas, Institutos, Federaciones y de la Campaña del Rosario, a la que se sumó en esta oportunidad la presencia del P. José María García, miembro del Consejo General de los Padres de Schoenstatt, y gran cantidad de seminaristas y novicios que en pocos días más parten a Paraguay para dar comienzo a sus estudios. También este año se hicieron presentes representantes del Schoenstatt original: cuatro chicas de la JF de Alemania de visita en nuestro país. Y como si esto fuera poco, Pastor Achával a punto de ordenarse sacerdote, asistiendo en calidad de diácono a la misa. ¡Cuántos regalos! El tiempo realmente acompañó como nunca: con una fina llovizna al principio, que mitigó el calor del día, y períodos intermitentes de sol y nubes como para dejar contentos a todos. Sión se mostraba así en todo su esplendor.

Iglesia de brazos abiertos

Tras los saludos y reencuentros de rigor, sobre todo en esta época del año al cabo de las vacaciones, dio comienzo la celebración. La misa fue seguida con suma atención por todos los presentes, que absorbieron palabra por palabra la profunda homilía del P. Juan Pablo Catoggio, superior regional de los Padres de Schoenstatt, centrada en las lecturas del día. “Si supieras el don de Dios y el que te llama…” resonó una y otra vez como gran leitmotiv.

En referencia al pasaje donde Jesús habla de la fuente de agua viva que es él y que, en él, brota en lo más profundo de nosotros, afirmó el P. Juan Pablo que “se puede y se debe aplicar a todos, nosotros y la Iglesia entera: cómo debemos acercarnos a tantas mujeres samaritanas, a tantos hombres samaritanos de hoy. Por eso los obispos en Aparecida terminaron con un llamado a toda la Iglesia a abrirse a una gran misión. Y utilizan una imagen que a mí me gusta mucho: debemos ser una Iglesia de brazos abiertos, y que contagia por su convicción, y por eso por su alegría. Muchas veces pienso: tratamos de comunicar la Buena Nueva pero con tanta mala onda que ¿dónde está la buena noticia, la alegría de la novedad del cristiano? Iglesia de brazos abiertos, Santuario abierto – lo hemos escuchado tantas, tantas veces. Una Iglesia con los brazos abiertos, no de brazos caídos; con brazos que reciben y acogen, con brazos que abrazan, que sostienen, que contienen, con brazos que animan, con brazos que acompañan, con manos que bendicen… Una Iglesia familia, una Iglesia hogar, una Iglesia misionera, una Iglesia entusiasta, una Iglesia de brazos abiertos.

Creo que si lo recordamos también al Padre Horacio, lo recordamos en ese mismo espíritu. Alguien que quiso cultivar en todos nosotros y en sí mismo, contagiarnos y despertar en nosotros esa fuerza de la palabra. El mismo se sorprendía del impacto de la palabra. La palabra – dijo él en un momento – cuando es transmitida con lucidez y desde la misericordia, cómo puede impactar en la vida, cómo puede levantar a la gente, cómo puede transformar, cómo puede generar algo nuevo, cuando nace de la convicción, de la certeza, del entusiasmo. Por eso quiso contagiarnos tanto esa certeza de que nada puede salir mal porque el poder de Dios es más fuerte, que nuestra pequeñez no es nunca un obstáculo para Dios, que la victoriosidad de Dios por el poder infinito de su amor es más grande y todo lo puede. Iglesia de brazos abiertos”.

Pertenecemos al Santuario, somos del Santuario

Finalizando la prédica, el P Juan Pablo Catoggio recordó a todos la fuente de agua viva que tienen tan cerca, “a veces tan demasiado cerca que la pasamos casi por alto. Nuestro Santuario. Celebramos hoy aniversario del Santuario, y en el nuestro celebramos cada uno de nuestros Santuarios y cada una de las comunidades de donde venimos. Porque pertenecemos al Santuario, somos del Santuario, cada uno es de su Santuario. Nosotros, los schoenstattianos, tenemos un domicilio único, y es nuestro Santuario. Ese es nuestro secreto, nuestro tesoro, es nuestra casa, es nuestra fuerza. Esa es la roca de la que mana esa agua de vida para todos nosotros. Ahí Jesús abrió a través de María, nuestra Reina, la más Admirable, esta fuente de vida para nosotros. Miles y miles de mujeres y hombres samaritanos del mundo de hoy necesitan descubrir ese don y quien les llama, buscan esa fuente para saciar tanta honda sed del corazón en sus vidas. Por eso, hermanos, no nos alejemos del Santuario porque nos secamos, bebamos de esa fuente constantemente una y otra vez. Pero si somos verdaderamente misioneros, somos misioneros del Santuario, desde el Santuario. Si no, es poco lo que podemos ofrecer y regalar si no es unidos a esta fuente profunda del Santuario, y ahí al corazón de Jesús y de la Mater. Y nosotros somos responsables, a nosotros se nos va a pedir cuenta, y debemos dar cuenta del Santuario, dar cuenta de la fecundidad de nuestros Santuarios. Nos lo va a demandar Dios, nos lo va a demandar también nuestra patria, nos lo va a demandar la Iglesia.

Que seamos realmente instrumentos como Moisés para que el agua del Santuario, de la roca, fluya y recorra todos los caminos de la patria. Queremos construir esa patria nueva, familia, porque tiene padre y madre, porque esa patria de María es donde ella teje nuestros vínculos, nos hace hermanos, donde nos alienta con su sonrisa, nos cobija con su abrazo, nos sienta en torno a una sola mesa, donde nos alegra la vida con la fiesta. Una patria familia es patria de María. La Juventud aquí en la Argentina lo expresa muy bien, los jóvenes se proponen para el 2010, el bicentenario de la patria – así lo dicen ellos: teñir la Argentina de celeste y blanco. Ese es el verdadero color esperanza, el color de María, el color de la patria.

Iglesia de brazos abiertos, no de brazos caídos, como los brazos de María en el Santuario, como los brazos de la Madre que acogen, que sostienen, que nos esperan. Debemos dar cuenta de este tesoro, debemos abrir esa fuente del Santuario, que esa fuente se convierta en cada uno de nosotros también en manantial para esta patria familia, en manantial para la vida eterna”.

Sión 2008

Un momento muy emotivo se vivió en la presentación de las ofrendas, cuando Pepo y Patricia Köstner – en representación del Instituto de Familias –acercaron al altar un rosal para ser plantado junto a la tumba de su querido y añorado asistente, el Padre Horacio, en recuerdo de esa santa predilecta de él a la que se refirió infinidad de veces en su vida: Santa Teresita de Lisieux.

Finalizada la Eucaristía, se distribuyó entre todos la revista Sión 2008, llena de excelentes noticias, novedades y fotos. Que alegría leer, entre otras noticias, sobre las vocaciones (que además se hicieron presentes en persona): “Al nuevo curso de noviciado, este próximo marzo en Tuparenda, Paraguay, ingresan nueve jóvenes – no fueron los 12 que pedimos, pero la Virgen fue más que generosa de todos modos. Son seis de Argentina, dos de Paraguay y como regalo muy especial, el primer novicio de nuestra patria hermana del Uruguay, la primera vocación “charrúa” para nuestra comunidad”. O la sorpresa “eclesial”: “El obispo de Quilmes, Mons. Luis Stöckler, nos pidió encarecidamente que le demos una mano en nuestra zona de Varela. No pudimos negarnos a este pedido tan claro de la Iglesia y en las próximas semanas asumiremos San Pantaleón, la pequeña parroquia vecina (la Casa del Niño P. Kentenich ya pertenece a dicha parroquia). Queremos de este modo servir a la Iglesia local y a nuestro barrio. El P. Juan José Riba, quien vendrá como rector de la casa central en Sión en lugar del P. Pablo Mullín, será a su vez el párroco de San Pantaleón”.

Almuerzo en familia

A continuación, llegó el momento de visitar a la Mater en su Santuario, tras la rigurosa fila para ingresar, y luego se dirigieron todos en tropel a la cabaña José Engling, de la JM, para compartir el almuerzo. ¡Un aplauso para los responsables de la cantina! Verdaderamente la organización fue impecable, en todo sentido. El Instituto de Familias, junto con la colaboración de la Familia de La Plata, hicieron una labor magnífica – con decirles que por primera vez (creo) alcanzó todo: ¡comida y bebida! Además, mediante un método sencillo y sumamente eficaz, nos evitaron la agónicamente estresante cola bajo el rayo del sol para adquirir los tickets de comida. ¡A todos ellos, nuestra más sincera gratitud!

Por todos lados podían verse – y oírse – grupos de lo más variados, conversando animadamente sobre todos los temas habidos y por haber. Aunque, desde luego, prevaleció el recuerdo agradecido del Padre Horacio. ¡Cómo se lo extrañó! Fue el gran ausente y el gran presente a la vez. No estuvo, pero estuvo, como nunca…

A las 3 y media en punto se reunieron nuevamente – y literalmente – a la sombra del Santuario para un momento de Adoración al Santísimo, a cargo del Padre Marcelo Gallardo, momento sumamente profundo. A continuación fueron abandonando lentamente el lugar, dando gracias a Dios por un nuevo aniversario de Sión cargado de bendiciones, en compañía de tantos hermanos, como Familia, del que volvieron todos reconfortados y animados para retomar una vez más las actividades del año que comienza. ¡Hasta el último domingo de febrero de 2009, a las 11 horas, en Sión, en que los Padres nos esperan Dios sabe con cuántas sorpresas y maravillas más!

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