Padre Horacio Sosa Carbó (1944-2007): un padre para muchos, profeta del Padre Profeta

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ARGENTINA, mkf. “Personas como él, no se van”, escribe Marita Unchalo. “Siguen con nosotros su reflexiones, ejemplos, enseñanzas, y su incondicional entrega. Nos deja muchísimo, qué más podemos pedirle”. Es uno de los casi 40 testimonios que espontáneamente fueron escritos en los días después del fallecimiento del Padre Horacio Sosa Carbó, el 20 de diciembre de 2007.

“El Padre Horacio, como un dilecto hijo espiritual del Padre Fundador, me hizo ver que la esencia de Dios es ser padre. Me hizo comprender la libertad de los hijos de Dios. También supo repartir paz, amor y alegría. Se consumió al servicio de sus hermanos. Educaba misericordiosamente, a mi particularmente me ayudó a combatir, como él solía decir, a ‘ese pequeño fariseíto que todos llevamos dentro’.

Mentiría si no me duele su ausencia, y todavía no encuentro sosiego. Quisiera gozar de su presencia física ahora y sé que a él estas palabras no le gustan”, escribió Roberto Liñares, de Buenos Aires, expresando lo que sienten tantos. “Pero él me enseñó a ser auténtico y de esa forma lo honro. Eterno agradecimiento a un grande, que también pasó por esta tierra haciendo el bien. Un gran hijo de la MATER, un destacado discípulo del Padre Kentenich, un luminoso misionero del Salvador. Te abrazo con el corazón, Padre Horacio. Te pido que me disculpes si no te comprendí alguna vez, y te pido que me acompañes, porque necesito tu cercanía”.

Con fuego y ternura, con fuerza y misericordia

“Pude ir a la Misa en la Iglesia de Dios Padre y a Sión junto a la Familia de Paraná, de Entre Ríos, y es por decirlo desde el amor que fue algo diferente. Había amor en el aire, ese amor de los recuerdos que brotaban en ese momento desde los corazones que fueron sembrados por ese hombre de Dios que siempre estuvo firme ante todo tipo de consulta, que si bien razonaba desde su cerebro la respuesta venía sumergida en amor y en entendimiento. Y desde este profundo dolor para los que somos schoenstattianos tendríamos que seguir su camino”, escribe Santiago Escobar, un joven servidor del Santuario de Nuevo Schoenstatt. Hubo amor en el aire – amor, dolor, gratitud, compromiso. Personas como él, no se van. Misiones como la de él, no se van tampoco. “En el día de ayer, por la tarde, con un sol radiante que preanunciaba la Navidad, despedimos al querido P. Horacio con la Santa Misa en una colmada Iglesia de Dios Padre y luego, con una sentida oración y cantos, en el Santuario de Sión”, escribe el P. Javier Arteaga, director nacional del Movimiento de Schoenstatt en Argentina. “Muchos de Uds. se pudieron acercar para participar del entierro; y muchísimos más nos han llamado y escrito desde todo el país y del exterior para manifestarnos su dolor y su esperanza. El P. Horacio, como hijo fiel del Padre Fundador, compartió su carisma de Padre y de Profeta. Nos ayudó a descubrir el rostro misericordioso y fiel del Padre Dios y reavivó en nuestras vidas el amor, la confianza y la esperanza sólida de hijos. Pero no sólo nos ayudó a ser hijos sino que nos enseñó a crecer para llegar a ser hijos maduros, madres y padres, profetas de la paternidad del Padre Fundador. Nos abrió un horizonte amplio para creer firmemente en el Dios de la Vida y para vivir apasionadamente la vida con nuestro buen Dios. Por eso ayer se escuchó una y otra vez: ¡gracias P. Horacio, gracias! Yo también quiero decirles a ustedes y a todas las comunidades de Schoenstatt “Gracias” por sus oraciones, saludos y gestos de cercanía. Ayer toda la familia de Schoenstatt estuvimos aquí, manifestando nuestra fe, unidad y esperanza victoriosa, como una gran Familia del Padre”.

“Durante el velatorio, contemplándolo, me venía a la memoria el rostro del Padre Fundador en la Iglesia de la Santísima Trinidad, en septiembre de 1968… A ambos los unió algo más hondo que ese cierto parecido físico que al P. Horacio le otorgaba la barba, era que él se enamoró de María “pasando” por el corazón y el pensamiento del Padre Kentenich. Con los años esta identificación con el Padre de Sión se hizo más intensa y diría profética”, comenta el P. Alberto Eronti, su hermano de curso. “Su médico me dijo “murió en su ley”. No sabía cuidarse y vivó (y murió) cuidando el verbo luminoso e impertinente, atractivo y provocador de José Kentenich. Fue así como amó la Palabra de Jesús y no sabía anunciarla sino con fuego y ternura, con fuerza y misericordia”.

Mantener joven el mensaje profético del Profeta

“Para los hermanos de curso, el Verbum Patris, es perder al más joven de los 8 luego de perder hace 9 años el mayor, el P. Esteban Uriburu. Ambos se destacaron por un fuerte sentido profético que ayudó a a mantener joven el mensaje profético del Profeta, nuestro Padre. El Padre Horacio se sentía instrumento de Dios para iluminar desde la verdad y la misericordia divina”, comenta el Padre Antonio Cosp. Conquistando el mundo para la MTA, popularizando y “agilizando” Schoenstatt al enriquecerlo con la corriente de vida y de gracias de la Campaña del Rosario el uno, despertando la conciencia de la misión profética del Padre Kentenich, de la misión a ser entendida y vivida, el otro: “No te olvides, familia, que tu padre fue profeta. No te olvides, Sión, que tu padre fue profeta. No te olvides, comunidad, federación, liga, que tu padre fue profeta. Padre profético con una misión grande. No te olvides, es decir, recuerda, para que esta memoria te despierte, para que esta memoria te estimule, para que esta memoria de tu profeta no te deje nunca caer en el desánimo tan típico de este mundo, de este momento, en esa resignación derrotista de muchos.

Que el recuerdo amoroso de tu padre profeta te levante siempre de nuevo. No te dejes decepcionar por nada de lo que veas, ni en tu persona ni en tu familia mundial, en ninguna parte, ni en ninguna discusión o decepción. El espíritu es el que nos hace fieles: No te olvides que tu padre fue profeta .Que la memoria de tu Padre te despierte, te haga muy sencillo, muy audaz, como tu Padre, muy amante de la Iglesia y muy profeta de la Iglesia, incomprendido pero respetuoso, amante siempre…”, como dijo en una conferencia en Nuevo Schoenstatt en 1992.

Apasionarse por Schoenstatt

“El P. Horacio vive más que nunca en el corazón de quienes tuvimos la gracia de “robarle” el suyo. Su corazón noble, fiel, de una sola pieza, lleno de amor, ardiente por Schoenstatt, incondicional al gran Padre y profeta José Kentenich, y lo que una y otra vez me impresionaba, su corazón de niño, y al mismo tiempo de Padre. Un hombre de una inteligencia IM-PRESIONANTE, amante de los idiomas y que por eso conversar con él, discutir, discrepar eran momentos de gozo para el alma y el intelecto. Recuerdo haber pasado horas con él discutiendo significados y sentidos de palabras como consciencia, que, claro, no es lo mismo que conciencia. Y las famosas “obviedades”… O cuando imitaba a la perfección el dialecto de José Kentenich… siempre me pedía que al hablar alemán, su idioma paterno, no lo hiciera con tonada cordobesa, y muchas veces me ponía a prueba para corroborar cómo funcionaba”, cuenta Angeles Rucci, de la Federación de Mujeres. “Conocerlo cambió mi vida como schoenstattiana. Tengo grabado a fuego uno de los primeros eventos en el que participé en Schoenstatt, después de diez años de rebeldía y alejamiento de todo lo que tuviera que ver con la religión y la Iglesia, tanto él como Isabel Mujica nos animaron a los participantes a confrontar a Kentenich, a interrogarlo, a discutir con él, a sumergirnos en su pensamiento de manera crítica y nuca pasiva o cómoda… palabras claves que activaron dentro mío la pasión por este personaje cuasi desconocido, y a quien estaba dispuesta a desafiar: José Kentenich. Una locura, un sacerdote me invitaba casi a desafiar a otro sacerdote, algo inédito en mi experiencia eclesial, como de ciencia ficción. Ese día cambió radicalmente mi vínculo con Dios, me ayudó a romper las barreras del egoísmo, del miedo, de lo “legal”, del famoso “me vale o no me vale” y me sumergió en un mar de diálogo y amor con un Dios personal, PADRE, SALVADOR, AMOR… Creo que esto fue lo que día a día alimentó mi interés por conocer más de cerca a José Kentenich, persona de pensamiento audaz, diferente, que respondía desconcertando….

“Sinceramente las palabras no nos alcanzarán nunca para describir todo lo que él era y será para siempre en nuestro corazón, pero sí puedo decir que fue el primer sacerdote que conocí en el Santuario a través de una charla que nos dio a las mamás del Colegio Copello sobre el Espíritu Santo. Fue un “estratega”, dijo muchas virtudes de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, pero hay una que me quedó grabada. Con todas las letras y con la libertad interior que lo caracterizaba nos dijo: “¡El Espíritu Santo es el “elemento subversivo de la Santísima Trinidad”! Es el que mueve todo”. Así hablaba él, sin dobleces, como cuando nos decía también…”lo que es, es, y lo que no es, no es”, y otro dicho suyo era: “aunque la verdad sea de una minoría de uno, la verdad es siempre la verdad”, comenta Rita Bueno.

“Nos animó siempre a estar en la “primera línea de batalla”, hacia allí seguimos yendo, aún cuando usted no este físicamente con nosotras”, dice Silvia Ansin. “Sabemos que sí está, en nuestras notas, conferencias grabadas pero sobre todo en nuestro corazón”.

“Hizo que me apasionara por Schoenstatt, me enseñó a comprender en su verdadera dimensión qué es ser instrumento y tener una misión y cuántas cosas más”, comenta Marita Unchalo. Mientras la familia de Schoenstatt camina rumbo al centenario de la Alianza de Amor y la canonización de su Fundador, implora que él siga actuando desde cielo para que muchos se apasionen por Schoenstatt.

En el entierro, Quitito Asencio, su compañero paranaense, le dijo: “No te digo que descanses en paz sino: plenifica tu misión”.

No lo dejaremos descansar en paz. Seguro que no.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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