El 18 de octubre en el Jardín de María en Pejuahó, Argentina

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PEHUAJÓ, Susana Hernández. “Sospecharán lo que pretendo: quisiera convertir este lugar en un lugar de peregrinación, en un lugar de gracia para nuestra casa y toda la Provincia alemana y, quizás, más allá…”. Este era el plan audaz que el Padre José Kentenich, Director Espiritual del Seminario Menor de los Padres Palotinos, les proponía a sus jóvenes educandos aquel 18 de octubre de 1914 en el valle de Schoenstatt, Alemania. Desde aquel día de octubre han transcurrido más de nueve décadas, y entretanto el Padre Kentenich falleció – el 15 de septiembre de 1968. Pero sus palabras de entonces se han tornado realidad. El profeta tenía razón. O mejor dicho, el profeta detectó un plan de Dios para con ese lugar. Descubrió una fuente de gracias -en aquel momento apenas un hilo de agua- que hoy se ha convertido en una poderosa corriente de gracias, de vida y de ideas, llegando a muchos países y a todos los continentes. La palabra Schoenstatt es pronunciada en Paraguay y en Australia, en los Estados Unidos de Norteamérica y en el Caribe, en Sudáfrica y en la India… y en Pehuajó, Argentina.

Lo que el Padre Esteban Uriburu escribe en el prólogo de su libro sobre Schoenstatt como lugar de peregrinación, nunca se experimenta tan fuerte como el 18 de octubre. Es impresionante ver el mapa de los Santuarios del mundo www.santuarios.schoenstatt.de y pensar que en cada lugar marcado ahí este día se celebra aquella Alianza de Amor sellada el 18 de octubre de 1914. Pero los Santuarios están rodeados también por miles y miles de ermita, donde se repite esta experiencia. Una manifestación de fe impresionante, donde cada uno quiere demostrarle a la Mater que la quiere con todo el corazón. También en Pehuajó, ciudad de la diócesis de Nueve de Julio, se vivió un 18 de octubre marcado por un profundo cariño a la Mater y al Padre Kentenich.

Envío desde la parroquia

Primero se rezó el rosario en el Jardín de María – la maravillosa ermita de Pehuajó – que lucía bien primaveral, todo verde y el altar florido. Luego se llevó a cabo la renovación del compromiso misionero en la Parroquia. Las imágenes peregrinas esperaban en el altar a sus misioneros, cubiertas de pétalos de rosas. Fue maravilloso ver cómo cada misionero iba a retirar su imagen, ansioso por encontrarla rápido. Estaban los misioneritos con sus mamás, varios jóvenes que este año fueron por primera vez a recibirla y una nueva misionera de la imagen de la Serenidad y Confianza. Una compañera de trabajo de Susana Hernández también recibió el envío. Para coronar todo el P. Adolfo – para quien todo esto era totalmente nuevo – apareció en el altar con el libro que Susana le regaló a principio de año (Qué es Schoenstatt, del P. Carmona, Editorial Patris Argentina) y en su homilía leía citas del P. Kentenich y lo relacionaba con la lectura del día, especial para la ocasión.

Se vivieron momentos muy emotivos y más que nunca les resonaba: “Ella es la gran misionera, ella obrará milagros”. Es una experiencia que se repite cada vez de nuevo: Dios obra en el corazón de los hombres a través del enamoramiento con María.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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