De una conferencia del P. Horacio Sosa en 1992

No te olvides, familia, que tu padre fue profeta. No te olvides, Sión, que tu padre fue profeta. No te olvides, comunidad, federación, liga, que tu padre fue profeta. Padre profético con una misión grande. No te olvides, es decir, recuerda, para que esta memoria te despierte, para que esta memoria te estimule, para que esta memoria de tu profeta no te deje nunca caer en el desánimo tan típico de este mundo, de este momento, en esa resignación derrotista de muchos.

Que el recuerdo amoroso de tu padre profeta te levante siempre de nuevo. No te dejes decepcionar por nada de lo que veas, ni en tu persona ni en tu familia mundial, en ninguna parte, ni en ninguna discusión o decepción. El espíritu es el que nos hace fieles: No te olvides que tu padre fue profeta .Que la memoria de tu Padre te despierte, te haga muy sencillo, muy audaz, como tu Padre, muy amante de la Iglesia y muy profeta de la Iglesia, incomprendido pero respetuoso, amante siempre

Me gustaría dejar hablar al Padre Kentenich sobre este tema:

“Todo depende de que logremos orientarnos otra vez con el antiguo fervor hacia la alegría para el sacrificio y el impulso de conquista hacia nuestra visión de futuro. Si no lo conseguimos, quizás podamos conquistarnos el beneplácito de los grupos mas estrictos de la iglesia, ser mirados y escuchados con gusto, alabados como juiciosos, abiertos al mundo, amantes de la cultura y de criterio amplio, pero, en el fondo, nos pareceríamos – nosotros y nuestra comunidad – a un águila que quiere remontarse hacia el sol con las alas rotas. Nuestra mejor época habría pasado, el sepulturero estaría cavando y pronto tendría lugar al entierro. Los ideales de nuestra juventud habrían sido un sueño, y la iglesia se lamentaría ante el ataúd de una joven comunidad que una vez alentó las más altas esperanzas pero que fracasó. ¡Dios nos guarde de este trágico destino! Que El suscite en nuestras filas hombres y mujeres que, como antiguos profetas, barran como un vendaval las hojas secas de las estructuras viejas, llamen sin cesar a la lucha y se planteen a sí mismos y a los demás las más altas exigencias”.

Este era el profeta, éste era el Padre. El percibió que esta vocación tenía que ser asumida día a día y ser realizada aquí y ahora, para no caer en una mediocridad aplaudida por todos pero en el fondo infiel a la misión. Una familia que es fuerte porque es solidaria hacia adentro está bien preparada para las luchas finales. A veces nos cansamos y a veces nos invade una euforia de combate; las dos cosas son vividas en el Espíritu Santo: la pequeñez para ser sumergidos una y otra vez en la debilidad personal y en la grandeza que vive el Padre.

Familia, hijo, hija, ¡no te olvides que tu Padre fue profeta! Tú también participas de su carisma. El nuevo Pentecostés no es un cartel ni un rótulo; dentro y detrás de él está Dios y cada uno de nosotros con todas sus debilidades, pero también con toda su disponibilidad para que de ese nuevo Pentecostés surja renovada la misión, la Familia, y surja redivivo el Padre profeta. Y todo, ¿para qué? Para gloria del Padre, para gloria del Hijo y para alegría y gozo de los que son hijos en el Hijo y para gloria del espíritu Santo. Así sea. Así será. Amén

Padre Horacio Sosa, año 1992

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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