AGRADECIMIENTO

Queridos Hermanos en la Alianza:

En el día de ayer, por la tarde, con un sol radiante que preanunciaba la Navidad, despedimos al querido P. Horacio con la Santa Misa en una colmada Iglesia de Dios Padre y luego, con una sentida oración y cantos, en el Santuario de Sión.

Muchos de Uds. se pudieron acercar para participar del entierro; y muchísimos más nos han llamado y escrito desde todo el país y del exterior para manifestarnos su dolor y su esperanza. El P. Horacio, como hijo fiel del Padre Fundador, compartió su carisma de Padre y de Profeta. Nos ayudó a descubrir el rostro misericordioso y fiel del Padre Dios y reavivó en nuestras vidas el amor, la confianza y la esperanza sólida de hijos. Pero no sólo nos ayudó a ser hijos sino que nos enseñó a crecer para llegar a ser hijos maduros, madres y padres, profetas de la paternidad del Padre Fundador. Nos abrió un horizonte amplio para creer firmemente en el Dios de la Vida y para vivir apasionadamente la vida con nuestro buen Dios. Por eso ayer se escuchó una y otra vez: ¡gracias P. Horacio, gracias!

Yo también quiero decirles a ustedes y a todas las comunidades de Schoenstatt “Gracias” por sus oraciones, saludos y gestos de cercanía. Ayer toda la familia de Schoenstatt estuvimos aquí, manifestando nuestra fe, unidad y esperanza victoriosa, como una gran Familia del Padre.

Desde el Santuario reciban un cordial saludo y mi bendición en esta Navidad,

P. Javier Arteaga

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