Desde ahora y para siempre, Buen Pastor

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Tomás Garzón de la Roza. Quienes asistieron el sábado 11 de agosto a la ordenación de Tomás Dell’Occa, seguramente habrán comprendido cuál es la imagen que para él resume su ministerio. El buen pastor, el que da la vida por sus ovejas, fue el motivo fundamental de toda la celebración, desde las invitaciones y la liturgia de la palabra hasta los cantos.

La comunidad de los Padres de Schoenstatt suma así un nuevo sacerdote, quien como Jesús, el verdadero y único pastor, asumirá el desafío de seguir construyendo Schoenstatt y la Iglesia.

Ordenación, motivo de encuentro

El clima invernal de Buenos Aires cambia caprichosamente cada día, y el sábado 11 de agosto decide tomarse una licencia y darle paso a un agradable sol. Ya es el mediodía y Tommy se muestra muy tranquilo en los alrededores de la Iglesia de Dios Padre, en Nuevo Schoenstatt. Se acerca la hora en que las manos de este joven, crecido a la sombra del Santuario de San Isidro, consagrarán por primera vez el pan y el vino.

La misa comenzó puntualmente a las 4 de la tarde, aunque la espaciosa Iglesia estuvo llena desde mucho antes. Cerca de 500 personas –entre familiares, gente del Movimiento de Schoenstatt y Hermanas de María– se dieron cita para acompañar a Tommy en este último paso como seminarista y primer paso como presbítero. A esto se suman cerca de 20 sacerdotes, 20 seminaristas, 9 novicios, 8 postulantes (futuros novicios), todos de la comunidad de los Padres de Schoenstatt, y quienes presidieron la ceremonia: el Obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, y el Obispo Auxiliar de la Vicaría Devoto de la Ciudad de Buenos Aires, Raúl Martín.

Una numerosa delegación chilena viajó a Buenos Aires para la ordenación. Muchos de ellos son jóvenes de la Juventud Masculina de Campanario, cuyo encargado de grupo fue alguna vez Tommy. Asistieron también, aunque en menores cantidades, paraguayos, brasileros y hasta un joven portugués. Durante la ceremonia, hubo una importante cuota de participación chilena en el coro. Francisco Alvarado, de la juventud, acompañó con la guitarra a Claudio Daniels, seminarista también chileno, en el salmo, la secuencia del Espíritu Santo y en la pos-comunión. Además, Paula Willumsen interpretó la canción “Maravillas”, una versión del Magnificat de su autoría.

Reflexionar la palabra de Dios

Monseñor Casaretto, que ya había ordenado en el año 2000 al Padre Pablo Pol en ese mismo lugar, también centró sus palabras en la acción pastoral del sacerdote. Recordó la importancia de una profunda reflexión sobre la Palabra de Dios. “Una vez arraigada en el corazón del pastor, entonces su guía y su consejo iluminarán siempre a las ovejas”, aseguró. También rescató la dimensión mariana de la comunidad de los Padres de Schoenstatt: “María dio su sí incondicional y permaneció fiel fundamentalmente junto a la cruz”. De esta manera alentó a Tomás a seguir su ejemplo en el camino del sacerdocio.

Durante el rito de ordenación, el Padre Marcelo Gallardo lideró el canto de las Letanías, para implorar la compañía de los santos en ese momento de gracia. Luego del interrogatorio del obispo, los padres de Tommy presentaron el alba y casulla con que luego sería revestido el neosacerdote. El momento más fuerte de la ordenación llego con los afectuosos saludos de Tommy a sus hermanos de comunidad y a sus padres, acompañados por un intenso aplauso de todos los convocados.

La hora de los festejos

Saliendo de la Iglesia de Dios Padre, hacia abajo, una estatua del Padre Kentenich se erige justo al lado del Santuario Nacional. Hacia allí se dirigieron en procesión los celebrantes junto a la comunidad para consagrar a la Mater el sacerdocio de Tommy. Sobre el final, no podía faltar el canto del Himno de Franz Reinisch, característico de la Juventud Masculina, entonado con fervor dentro y fuera del Santuario.

Lentamente fueron los invitados acercándose hasta el vecino predio de Sion del Padre, donde se ofreció un refrigerio. La ansiedad por saludar a Tommy apenas superaba las ganas de reponer energías comiendo y bebiendo algo, aunque para ambas tareas había que tener paciencia dada la gran cantidad de gente. Al caer la noche, sólo restaba para Tommy festejar junto a su comunidad la alegría de haber transformado su vocación en una realidad, para toda la vida.

Fuente. http://www.schoenstatt.de

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