Encuentro en Coronel Dorrego: 60 años de la llegada del Padre José Kentenich a la diócesis y 15 años de la Ermita

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BAHÍA BLANCA, Diana Zunini. El 3 de junio pasado, la Familia de Schoenstatt de Coronel Dorrego, (arquidiócesis de Bahía Blanca, en la provincia de Buenos Aires, Argentina), organizó una fiesta muy especial: recordó los 60 años de la llegada del Padre José Kentenich a la arquidiócesis y los 15 años de la bendición de la Ermita de la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt.

A media mañana comenzaron a llegar las comunidades cercanas de Saldungaray, Pigüé, El Perdido, Carhué, Monte Hermoso, Aparicio, Bahía Blanca.

El inicio fue la celebración de la Sta. Misa en la parroquia de la Inmaculada Concepción. Era el domingo de la Santísima Trinidad y el celebrante, Padre Hugo Díaz Sunico,. invitaba a los presentes a ser familia, tal como Dios lo es. Él regala ese espíritu y convoca a los hombres a vivir en familia. ¡Y cómo no sentirse familia, con la alegría del encuentro y de tantas cosas compartidas a lo largo de la Jornada!. Como decía Edda Fournau: “vivimos un clima de fiesta familiar. Y no festeja sólo Coronel Dorrego, es la Arquidiócesis la que celebra la llegada de un Profeta de María, el Padre José Kentenich”.

“Es para no olvidar: el sentirnos familia aunque no los conocía anteriormente”, comentó Laura, de Monte Hermoso; y Paula Zarzoso, con toda emoción, en la ermita dijo: “Qué suerte que al menos una vez al año puedo vivir esto”.También las Hnas franciscanas: Eligia y Martina, manifestaron: “Gracias MTA por el amor de Jesús y el abrazo de todos los días”.

Inscriptos en tu corazón.

Luego de cantos animados y de un rico almuerzo comenzó la peregrinación a la Ermita, que se encuentra en el vivero municipal. Los acompañaron los Padre Daniel Jany y Rogelio del Piero, de la Federación de sacerdotes diocesanos de Schoenstatt. Cantando y rezando el Rosario llegaron a la Ermita que lucía festivamente adornada. Había mucha gente, y alguien observó que hasta el viento – permanente en la zona – se detuvo y el sol calentaba más en este frío día otoñal…

Luego de dar gracias al Señor por la vida que hay en torno a la Ermita y de la renovación del compromiso de llevar a María y Jesús a todos los hermanos, se hizo la Consagración de los niños a la Virgen. Fue muy emotivo ver a Leandro y Guadalupe Lapisondo y a Juan Cruz Zarzoso, junto a sus papás que le decían a la Mater: “Queremos que tu Nombre quede inscripto en el corazón de nuestros hijos y que les enseñes a que recurran a Vos en toda ocasión. De igual forma te pedimos que sus nombres se graben en tu corazón y los cobijes bajo tu manto. Nuestros hijos son tus hijos.”

También se consagraron a María, sellando la Alianza de Amor, Stella Morales, Yolanda Mena y Nelly.

Una red en torno a la Madre y Reina del Pueblo.

Ya de regreso en el salón y luego del mate y las tortas por los 60 años de la llegada del Padre y los 15 de la bendición de la Ermita, se escuchó la charla del P. Daniel Jany, que invitó a descubrir las cosas nuevas que están surgiendo en torno a la capillita y trazó un parangón entre la historia de Schoenstatt, entre el comienzo del 18 de octubre de 1914 y el 13 de abril de 1952, cuando el P. Kentenich entronizó el cuadro de la MTA en Paso Mayor. El Padre Kentenich sabía que el hecho del 18 de octubre era un paso muy grande en su vida y quizás con consecuencias impredecibles en el Plan de Dios. Pero esas consecuencias no las empezó a ver al día siguiente. Pasaron varios años y allá por 1919 los grupos de jóvenes que se formaron durante la primera guerra mundial, se organizaron en la Federación Apostólica de Schoenstatt, y luego, en 1920, con la Liga Apostólica, formaron el Movimiento de Schoenstatt.

Hoy, a casi a cien años de aquel 18 de octubre de 1914 se puede afirmar decir realmente que ahí intervino Dios.

En algo se puede comparar con el hecho del 13 de abril de 1952. No toda la gente que participó en ese momento se dio cuenta de la importancia de la presencia del Padre Kentenich. No, sólo tres o cuatro jóvenes entendían alemán, y las Hermanas, que tomaron nota taquigráfica de lo que el Padre dijo en ese momento. Fue una semilla que el Padre puso en esta tierra. Muchos años después lo descubrieron otras personas. Descubrieron esta capillita bendecida por el Padre y donde se dirigió a la Mater como “Madre y Reina del Pueblo”. ¿Y qué tiene que hacer esta generación? Dijo el Padre Daniel: “el primer desafío es el crecimiento, que fue lo que sucedió hace 20 años con la bendición del Papa. Hoy nos falta llegar mejor, con más profundidad, con más intensidad, crear una red en torno a la Madre y Reina del Pueblo, una red de relaciones entre el último peregrino y Ella, porque Ella es la Madre del Pueblo. Cultivar la relación de cada peregrino a través del misionero de la Mater peregrina, para que Ella pueda ir actuando también en la gran transformación que necesita el pueblo argentino. Revivir la intuición original de Don João, no es cuestión que la Mater pase sola, tiene que estar el misionero con la Mater al lado de la gente”.

Ya de noche llegó la despedida, y en este aniversario los schoenstattianos le dijeron a la Madre y Reina del Pueblo: Apoyados en el pasado queremos caminar hacia el futuro con la fuerza, la fidelidad y la entrega de los que amaron y aman a la Iglesia. Por María a Cristo. Amén.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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