Tres meses en la “Casa del Niño María de Nazaret” en Villa Ballester

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VILLA BALLESTER, Regina Heggenberger. Una aventura grandiosa: tres meses en Buenos Aires. En una gran ciudad cosmopolita, que con su impronta representa un gran desafío para una alemana. Tuve la oportunidad de trabajar tres meses en Villa Ballester, un distrito del inmenso conglomerado llamado Gran Buenos Aires que rodea a la capital de la Argentina, en la “Casa del Niño María de Nazaret”.

La “Casa del Niño” es un hogar de día para niños de 2 a 14 años que viven en una comúnmente llamada “villa” – uno de los tantos asentamientos de emergencia que rodean a la ciudad – . Responsable de esta “Casa del Niño” (que forma parte de la Federación de Apoyo Familiar, fundada por la Dra. Ana Mon) es una Asociación Civil sin fines de lucro fundada hace ya más de diez años por schoenstattianos comprometidos de la comunidad de Villa Ballester .

La meta de esta Asociación es regalarle a los chicos un espacio vital en un ambiente cálido y familiar. Mostrarles a los niños y a sus familias cómo puede ser una vida con iniciativa propia, acercarlos a un crecimiento de sus propias responsabilidades y de su autoestima. Con eso se les quiere brindar a los chicos la posibilidad de insertarse en la sociedad. Experimentan en la Casa del niño otros valores que faltan en su ambiente. El núcleo de todo esto es el pensamiento del Padre Kentenich: La Asociación y la dirección del hogar apuestan fuertemente – a pesar de todas las circunstancias lamentables – a la confianza en los niños y en la realidad del “nada sin ti – nada sin nosotros ” . El creer en la presencia de Dios en cada niño y en cada hombre brinda siempre nuevas fuerzas y esperanza. Lo que me impacta mucho es el trato sumamente cariñoso y respetuoso entre la directora y los chicos. Y la participación de las maestras que quieren rescatar lo bueno de todo.

Muchos de los chicos viven en familias cargadas con los más diversos problemas sociales. Drogas, delincuencia , abuso sexual, falta de trabajo y violencia son moneda corriente para muchas de las familias. Ellas tienen al menos en la Casa del Niño un lugar seguro de contención confiable y positiva.

Son muchos los chicos y pocos los pedagogos…

En el Hogar ayudan también – dos días a la semana – una asistente social y una psicopedagoga que apoyan también a las familias. Por supuesto y por la demanda existente podrían tener un trabajo con dedicación completa, pero esto se descarta por el tema de los gastos. En forma regular vienen voluntarios para trabajar con los chicos en pequeños grupitos. Esta Casa del Niño brinda consultorio médico y odontológico, cursos de computación… Se inicia ahora un curso de cocina para las madres. No solamente se trata de comunicar recetas, sino de una enseñanza del valor de una comida en familia.

Pero a pesar de todas las buenas intenciones y compromisos de todas partes, son muchos los chicos y pocos los pedagogos en la Casa. Demasiado pocos. Me sobreviene siempre la desesperanza en vista de esta realidad, ya que los chicos con ese entorno necesitan mucho más. Lamentable también es el estado del mobiliario y de los materiales: casi ningún juego está completo, las tijeras son viejas, los libros viejísimos (pienso en los de geografía) No es difícil imaginar las consecuencias en lo práctico.

Y con esto llego al gran problema en la Casa: La educación. Los colegios a los que van los chicos no aportan mucho para lograr los objetivos que planteábamos con anterioridad. Las clases son de 4 horas (sí es que los chicos asisten y no hay paro docente). Siempre me vuelve a asustar el bajo nivel educativo que hay en esta zona.

La educación es el punto: si tienes una buena educación, tienes más posibilidades. A menor educación menos posibilidades. Pero sobre todo menos posibilidades de salir de la villa. Lo lamentable del sistema educativo es el eje central.

Una semilla por germinar es el primer contacto con la asociación argentina Montessori (en Alemania, yo trabajo en una Casa del Niño de pedagogía Montessori). El pensamiento del Padre Kentenich y de Montessori coinciden en mucho y apuntan al desarrollo del ser persona: Silencio, originalidad, responsabilidad propia, respeto y amor al entorno, una relación vívida y llena de confianza con Dios. Esta pedagogía es una gran oportunidad para los niños, una nueva ocasión en la educación

Ahora estas dos corrientes se encontraron aquí. Existe de ambas partes la esperanza de un intercambio, de crecimiento y apoyo mutuo. Y ambas partes, la Vice-Directora de la Asociación Montessori y la directora de la Casa del Niño creen que la Divina Providencia quiere gestar aquí algo nuevo. El amor a los niños las une. La fuerza de sus corazones las une.

Fuente: http://www.schoenstatt.de

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