El Papa Benedicto XVI revitalizó el cristianismo

 

María Silvina Rocca. Un grupo de peregrinos de Schoenstatt Argentina, de 10 diócesis, acompañó al Santo Padre en Brasil. He aquí un breve resumen de los tres encuentros que tuvimos con el Santo Padre.

Nuestro primer encuentro con el Papa fue con los jóvenes en el estadio de Pacaembu. Allí se palpó la alegría y entusiasmo de los presentes ante tan importante visita. Benedicto XVI aconsejó a los jóvenes quienes tienen una riqueza exclusiva -“la juventud”- que no se aparten de Él (de Dios) para que sus vidas tengan alegría y no estén vacías… la luz del espíritu Santo los ayudará a caminar en busca de la verdad. Los jóvenes, agregó el Santo Padre, son el futuro y presente de la iglesia. Sin la juventud la Iglesia se siente desfigurada. Todos debemos tener un espíritu de servicio y ardor misionero para poder evangelizar a los más necesitados que tienen sed de Dios. La Iglesia debe estar firme en la fe, caridad, comprometerse y ser coherente.
Recomendó el Santo Padre dilatar nuestros corazones para que en ellos exista más amor, más bondad, más comprensión entre tantos problemas que se nos presentan en la actualidad. Debemos saber convivir con alegría, armonía y amor para poder acrecentar nuestros matrimonios y familias, y defender la vida desde su concepción. La vida es siempre bella y merece ser vivida.
Aconsejó observar los mandamientos, volver a la Iglesia de Dios que es un buen camino para que la juventud viva con alegría, responsabilidad y no con violencia. Participamos de la misa presidida por el Papa en el Campo de Marte. Concelebraron alrededor de mil sacerdotes, entre ellos, el Padre Guillermo Mario Cassone, quien nos acompañó en esta peregrinación desde Buenos Aires. Algunos tuvimos la suerte de que él nos diera la comunión.
El Papa canonizó al primer santo brasilero, Frei Galvão, quien fuera testimonio de fe, caridad, prudencia y sabiduría, amor y paz. Trabajó incansablemente junto a los pobres, enfermos de cuerpo y alma que imploraban su ayuda. Confió su vida a la advocación de la Virgen de la Inmaculada Concepción. Su guía fue siempre la Palabra de Dios.
Por último llegamos al centro y corazón de nuestra peregrinación, el Santuario de la Virgen Aparecida, Patrona de Brasil, donde el Santo Padre inauguró la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe cuyo lema es: Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. El Santo Padre consideró un don especial el tiempo y el lugar de está celebración. El tiempo, porque se acerca la fiesta de Pentecostés y el lugar porque estamos en un santuario mariano, María, madre y maestra de la humanidad. Nombró a la Virgen de Fátima y de Guadalupe. Agradeció la presencia de los movimientos (las banderas de Schoenstatt Brasil y Argentina se hicieron presentes) y organizaciones religiosas. Felicitó a las madres en su día. Recordó a la madre de Cristo junto a los apóstoles en el Cenáculo. Que las gracias del Espíritu Santo se derramen entre nosotros para poder ser fieles testigos de este encuentro y arder como misioneros y discípulos de Jesucristo para poder llevar su palabra hasta los confines del mundo. Es decir tener fe en Dios que representa el amor. Que la luz de Espíritu Santo nos regale un nuevo Pentecostés e ilumine a todos nosotros para que podamos celebrar tiempos de alegría, paz y armonía juntos como hermanos ante cualquier dificultad que se nos presente. “Nadie nos podrá arrebatar la alegría porque estamos en el continente de la Esperanza”, nos recordó el Santo Padre.

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