Discípulos misioneros de Cristo en nuestra ciudad

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El jueves 11 de abril la Familia arquidiocesana de Buenos Aires se reunió en Confidentia a las 21 horas para su Jornada de arranque del año, con la participación de todas las ramas y acciones del Movimiento de las cuatro vicarías y la zona del Colegio Mater. La misma estuvo muy bien organizada, en todos sus detalles, tanto desde el punto de vista del contenido como de la parte práctica, asumida en su totalidad por los laicos, especialmente la rama de profesionales y las madres.

Luego de una oración elaborada por dos matrimonios jóvenes de la OF siguió una dinámica sumamente original y motivadora, con una representación de cuatro escenas de la vida diaria en distintos momentos del día. Estas escenas estaban encadenadas entre sí, distinguiéndose todas ellas por la falta de armonía en la convivencia y en el trato entre las diversas personas. Como “leit-motiv”, cada una de estas “dramatizaciones” finalizaba con la consabida queja: “Esta ciudad es un infierno, así no se puede vivir”.

Una responsabilidad cívica

Tras un caluroso aplauso a los improvisados actores, que tan bien transmitieron el mensaje, el Padre Javier Arteaga, Director del Movimiento, se explayó en el tema en forma breve y muy inspiradora, fundamentalmente desde la perspectiva del lema de año de la Familia: “Desde el Santuario, discípulos misioneros para una patria familia”.

“Acabamos de ver cuatro imágenes de lo que es nuestra realidad de ciudad. Es como una cadena de mala onda que se va repitiendo, comenzando en el desayuno, más tarde en el trabajo, la facultad y en el Santuario. Lo interesante es que siempre se puede cortar esta cadena. Vivimos en una ciudad difícil. Nuestro deber como cristianos es ponerle fin a la cadena. Nosotros tenemos la posibilidad y estamos preparados para eso, pero a veces no queremos hacerlo. Cada uno de nosotros puede hacerlo, la pregunta es si se quiere hacer.

Como schoenstattianos podemos marcar la diferencia. El Padre Kentenich hablaba de una doble responsabilidad como cristianos: una responsabilidad cívica y el hecho de ser ciudadanos del cielo, lo que nos obliga más todavía. No podemos ser ciudadanos del cielo si somos extranjeros en esta tierra.

Nuestro lema de año nos recuerda la V Conferencia del CELAM en Aparecida, Brasil, a celebrarse en el mes de mayo, con la presencia del Santo Padre. Desde nuestra originalidad queremos colaborar para que se haga realidad esta Iglesia misionera. Para ello debemos ser discípulos de Cristo.

Nuestra plataforma de lanzamiento

Desde el Santuario: queremos vivir nuestro propio carisma. Pertenecemos a un Movimiento que es mariano, es familiar y es apostólico. Se nos distingue por el Santuario, somos un Movimiento que tiene un Santuario. El Movimiento nace a partir del Santuario. El Santuario es nuestra plataforma de lanzamiento.

En segundo lugar: ¿qué queremos ser? Discípulos misioneros. Como se vio en Jornada de delegados, nadie puede ser discípulo si no es misionero. El verdadero discípulo termina siendo misionero. “No podemos guardar aquello que hemos recibido” dice San Pablo.

Por último, queremos hacer de nuestra patria una gran familia.

Nuestra escuela como discípulos de Cristo es la escuela espiritual del Padre Kentenich. Como hijos suyos, somos fieles a su promesa a Pío XII y Pablo VI de que el Movimiento de Schoenstatt haría de la Iglesia una verdadera familia.

Aplicado a la patria familia, ¿qué queremos nosotros para la patria? ¿De qué manera vamos a hacer esto los schoenstattianos? Vamos a imprimirle el tinte familiar, con espíritu de familia, al contrario del espíritu que reina hoy, que es un espíritu de selva. Queremos hacer de esta ciudad una familia, mostrando que en esta ciudad sí se puede vivir porque yo le voy a dar un rostro de familia”.

Dos propuestas concretas

A continuación se dividieron por grupos de acuerdo a cada zona (la Vicaría Centro dividida en tres zonas debido al elevado número de participantes) para responder a dos preguntas que dejó planteadas el Padre Javier:

  1. ¿Qué queremos acentuar?
  2. ¿Cómo lo vamos a hacer?

Se produjo un intercambio muy enriquecedor en los grupos, lleno de vida, de ideas, de impulsos. Entre otras cosas, se habló de ir al encuentro de los más necesitados, de llevar este espíritu a las parroquias, de una mayor toma de conciencia, de generar familia en todos los ambientes y situaciones, de una corriente del Santuario Hogar. El diálogo estuvo matizado con sándwiches y gaseosa, tan indispensables a esa hora de la noche…

Por último hubo una puesta en común de lo conversado en los grupos, de donde se extrajo el aspecto a acentuar – discípulos misioneros – y dos líneas operativas concretas – peregrinar como Familia de Buenos Aires al Santuario Nacional en octubre y colocar en cada uno de los Santuarios y en el Colegio Mater un capitalario de la Familia de Buenos Aires con la forma de la ciudad.

Los participantes abandonaron el lugar con la alegría de haber sido protagonistas de un momento clave de la vida de la Familia de Buenos Aires, donde se puso en marcha el año de trabajo.




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