CARTA DE ALIANZA – ABRIL DE 2007

Queridos Hermanos en la Alianza:

¡Feliz Pascua! Este gozoso saludo pascual resuena todavía en nuestros corazones y oídos. ¡Feliz Pascua! ¡Feliz renacer a una vida nueva en Cristo! ¡Feliz paso: de la oscuridad a la luz, del silencio a los cantos, de la tristeza a la alegría, del dolor a la fiesta, de la muerte a la vida. La liturgia de la vigilia pascual nos sorprende cada año con su riqueza en gestos y en símbolos que nos hablan del Dios de la Vida y del amor de predilección de Dios por su pueblo.

Leyendo una prédica del P. Kentenich a la comunidad de Paso Mayor, cerca de Bahía Blanca, en la Pascua de 1952, él les decía que la Pascua nos trae nostalgia del cielo:

“Al ver extenderse aquí, delante de mí, las ilimitadas extensiones del campo (la pampa) creo que lo que les decía la estepa rusa a nuestros abuelos es lo que nos quiere cantar en el interior de nuestras almas la tierra de este país. Es la nostalgia por el infinito, es una nostalgia ilimitada, adormecida en el fondo del alma y que, de tanto en tanto, aflora.” La Pascua nos recuerda y hace presente la santidad, la plenitud de Vida a la que hemos sido llamados. En Cristo somos verdaderos hijos de Dios y podemos decirle confiadamente “Abba”- Padre.

Nos dice San Pablo en su carta a los romanos: “Fuimos pues con Él (Cristo) sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.” (Rom. 6, 4)

¿Y en qué consiste esa “vida nueva” a la que hemos resucitado con Cristo en nuestro Bautismo y que celebramos en cada Pascua? El mismo San Pablo se lo recuerda a los cristianos de Efeso y nos lo recuerda a nosotros: ”…revístanse del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad. Por tanto, desechando la mentira, hablen con verdad cada uno con su prójimo, pues somos miembros unos de los otros. (…)Toda palabra amarga, ira, cólera, gritos, habladurías y toda clase de maldad desaparezca de entre ustedes. Sean más bien buenos entre ustedes, perdonándose mutuamente como los ha perdonado Dios en Cristo Jesús.” (Ef. 4, 24-26; 31-32)

El P. Kentenich define al hombre nuevo renacido en Cristo con cuatro características:

1) Un hombre de alma ágil, siempre dispuesto a buscar y realizar la voluntad de Dios; ágil especialmente para aceptar aquello que no nos “gusta” pero es Su voluntad;

2) Un hombre hijo de la Providencia, que sabe descubrir la presencia de Dios detrás de los acontecimientos; capaz de traspasar todos los acontecimientos con la mirada de la fe; que se sabe amado, sostenido y conducido por su Dios;

3) Un hombre de la alegría interior: “quien vive en la voluntad de Dios esta siempre alegre, porque Dios es la causa de su alegría”. P. K.

4) Un hombre perseverante, que con la ayuda de la gracia, trabaja y se esfuerza por vivir el ideal cada día. Perseverante porque cree firmemente que en Cristo y con Él se puede “renacer” de la muerte del pecado.

Muchas veces estas afirmaciones nos parecen “ideales” y utópicas. Nos hemos preguntado si es posible o si es realmente verdad esta vida nueva que nos trae Jesús resucitado. Pero por otra parte cada uno de nosotros somos testigos de muchos “milagros de resurrección” que Cristo ha realizado en nuestras vidas y en las vidas de tantos conocidos. Decía Mons. Santiago, nuevo obispo de Santo Tomé, en su homilía pascual:

“Porque Cristo vive en nuestros corazones dos novios cristianos pueden hacer que el amor de pareja pase de ser una efímera relación de búsqueda de uno mismo a ser una estable relación fundada en el amor al otro.

Porque Cristo vive en nuestros corazones un joven puede sentirse llamado a vivir como Jesús, entregado en cuerpo y alma al Padre y a los hombres, reproduciendo su vida externa a través de la vocación sacerdotal. Una joven puede sentirse llamada a consagrarse en cuerpo y alma a Dios, a vivir una alianza con Jesús y ser signo de un nuevo modo de dar vida típica del Reino de Dios.

Porque Cristo vive en nuestros corazones dos esposos cristianos pueden hacer que el matrimonio deje de ser una realidad conflictiva y poco duradera porque Cristo resucitado les da la capacidad de amarse como El amó a la Iglesia, en la salud como en la enfermedad, en la alegría y la dificultad, dando la vida por los hijos y por la unidad de la familia.

Porque Cristo vive en nuestros corazones un político cristiano puede superar la corrupción, el enriquecimiento ilícito, el perpetuarse buscando el poder por el poder y hacer de la política la oportunidad más alta que tiene un ser humano para trabajar por el bien común de un municipio, una provincia, una nación, un continente…

Porque Cristo vive en nuestros corazones un docente cristiano puede realizar su servicio sabiendo que está siguiendo los pasos del “Divino Maestro” y está promocionando a la persona, dándole las bases humanas para una vida digna.

Porque Cristo vive en nuestros corazones un juez cristiano puede luchar para no dejarse avasallar por los demás poderes de gobierno, de modo que pueda administrar justicia con autonomía e imparcialidad.

Porque Cristo vive en nuestros corazones un médico cristiano puede superar la manipulación del enfermo y puede sentirse un instrumento de Cristo que vino a sanar nuestras dolencias.”

Todos estos son milagros de resurrección en miles y millones de personas y en nosotros mismos porque Cristo vive en nuestros corazones…, porque es eterno Su Amor.

Queridos hermanos en la Alianza, que María, la Mujer Nueva, la Madre de la Vida y la Esperanza, desde el Santuario nos eduque como discípulos y misioneros de Cristo, y que esta Pascua de nuestros corazones fermente en Pascua de Vida Nueva para toda la sociedad, para una Patria Nueva, para una verdadera Patria Familia.

Con gran alegría reciban un cordial saludo Uds. y sus familias.

¡FELIZ PASCUA! ¡FELIZ DÍA DE ALIANZA!

P. Javier Arteaga

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