Carta de Alianza – Navidad 2006

En estos días de Adviento todo nos invita a prepararnos para la Navidad: adornos bellísimos y árboles luminosos en la televisión, en los diarios, en las calles y en los comercios. Pero no obstante esas “ofertas de navidad”, en nosotros hay algo que aún queda insatisfecho. Así la Navidad no es verdaderamente Navidad. Somos como ese viajero que está camino a Casa, y busca con los ojos anhelantes, llenos de esperanzas…

El nacimiento de  Jesús Se cuenta que un viajero iba camino de retorno a su casa. Mucho había visto y aprendido en su largo viaje, y el anhelo del reencuentro con los que él amaba iluminaba su mirada abierta, clara y llena de esperanza.

Una mañana llegó a un pueblo buscando un trabajo y lugar donde quedarse por unos días. En una de las tantas casas donde preguntó fue recibido por tres niños, hermanitos, que salieron a su encuentro y lo invitaron a pasar. Los padres de los niños invitaron al viajero a quedarse con ellos.

El viajero aprendió a hornear el pan, trabajar la tierra, ordeñar las vacas, pero había algo que no podía entender: cada día, y algunos días en varias ocasiones, el papá la mamá y los hermanos se acercaban a una mesita donde habían colocado las figuras de María y José, un burrito marrón y una vaca. Despacito dejaban una pajita entre María y José. Con el correr de los días el colchoncito de pajitas iba aumentando y se hacía más mullido.

Cuando le llegó al viajero el momento de partir, la familia le entregó un pan calentito y frutas para el camino, lo abrazaron y lo despidieron. Ya se iba cuando dándose vuelta les dijo: “Una cosa quisiera llevarme de este hermoso momento”. “Por supuesto”, le contestaron. “¿Qué más podemos darte para el camino?”. Y el viajero entonces preguntó: “¿Por qué iban dejando esas pajitas a los pies de María y José?”

Ellos sonrieron y el niño más pequeño respondió: “Cada vez que hacemos algo por amor a alguien, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Y así vamos preparando para que cuando llegue el niño Jesús, María tenga un lugar para recostarlo. Si amamos poco, el colchón va a ser un colchón delgado y por lo mismo frío, pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calientito

El viajero comprendió todo. Sintió ganas de quedarse con esa familia hasta la Nochebuena, pero una voz adentro suyo lo invitó a seguir camino y compartir con otros este inmenso regalo que él había recibido.

Este cuento nos muestra tres actitudes que nos pueden ayudar a preparar y vivir una verdadera Navidad:

1. La Navidad es la fiesta de Dios con los hombres.

Dios viene a nuestro encuentro, es el prometido “Emmanuel”, Dios con nosotros (Is. 7, 13-15). Nos trae la salvación que tanto hemos buscado por variados y erráticos caminos. Una salvación que es plenitud de vida en el Amor y que sólo Él puede dar. La invasión mediática de los Papá Noeles y el consumo compulsivo quiere desplazar y reemplazar en nuestros corazones al Niño Dios. Es extraño que en todas partes se hable de la fiesta pero no se quiera nombrar al festejado. ¿No será discriminación?

  • Para que sea una verdadera Navidad tratemos de tener un espíritu profundamente religioso y recibir con amor al Niño Dios, a Jesús el Salvador, y festejarlo a Él porque es “su cumpleaños”.

2. La Navidad es fiesta familiar.

Dios cuando vino a nosotros lo hizo naciendo en el seno de una familia, con ello quería resaltar la importancia que para Él tiene la familia: cuna y custodia de la vida humana y divina; es la escuela donde el hombre aprende a amar y a trascender. Ante tanta soledad y desconsuelo, ante tanta amargura y desunión la Navidad nos invita a mirar al pequeño Niño, a María y a José y deponer nuestras distancias.

  • Para que sea una verdadera Navidad encontrémonos como hermanos, hijos pobres de un mismo Padre, rico en misericordia, intentando un mejor diálogo, la reconciliación y la unidad en los corazones.

3. La Navidad es la fiesta del Amor generoso y solidario.

“Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único” (Jn. 3, 16). El nacimiento y la vida de Cristo entre los hombres es el mayor testimonio del amor generoso y solidario de Dios para con nosotros. Como decía un gran predicador ¿Qué ganaba Él viniendo a nosotros? ¿Qué nos debía? Nada, sólo quiso darse todo para que tuviéramos su Vida, Vida en el Padre Dios, Vida eterna. La Navidad es la fiesta del Amor que se entrega con total generosidad, sin merecimientos y sin condiciones. Pero eso no es todo: Él también nos dijo “ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn. 13, 34).

  • Para que sea una verdadera Navidad tratemos de crecer en el amor generoso y solidario con el que está triste y postergado compartiendo nuestro tiempo, nuestro pan dulce o nuestro corazón. Salir de nosotros para ir a los otros sin cálculos, por amor, como Dios lo hizo con nosotros.

Queridos hermanos en la Alianza, esperemos anhelantes con María a Cristo, nuestro Salvador, creciendo en el amor fraterno y solidario. Desde el Santuario les envío un cordial saludo y mi bendición para cada uno de ustedes, sus familias y comunidades. ¡Alegrémonos: pronto será Nochebuena, la noche más buena y luminosa de nuestra historia!

¡Que tengan una feliz Navidad y un bendecido año nuevo!

Unidos en Cristo y María,

P. Javier

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