CARTA DE ALIANZA – 18 DE OCTUBRE DE 2006

¡Feliz día de la Alianza!

“San Pedro, después de haber contemplado la gloria de Dios en el Tabor, exclamó arrebatado: “¡Qué bien estamos aquí! ¡Hagamos aquí tres tiendas!” Una y otra vez vienen a mi mente estas palabras y me he preguntado ya muy a menudo: ¿Acaso no sería posible que la Capillita de nuestra Congregación al mismo tiempo llegue a ser nuestro Tabor, donde se manifieste la gloria de María? Sin duda alguna no podríamos realizar una acción apostólica más grande, ni dejar a nuestros sucesores una herencia más preciosa que inducir a Nuestra Señora y Soberana a que erija aquí su trono de manera especial, que reparta sus tesoros y obre milagros de gracia.” (1º Acta de Fundación, nº 7) 

Con estas palabras el P. Kentenich le manifestaba a los jóvenes, el 18 de octubre de 1914, la “secreta idea predilecta” y los invitaba a pedir a María que, con su santa presencia, convirtiera la antigua Capilla de San Miguel en un lugar de peregrinación y de gracias, en su Santuario. La Sma. Virgen debía manifestarse allí como la Madre y Educadora para que cada uno alcanzara el mayor grado posible de santidad según su estado de vida. Ella atraería hacia allí a los corazones jóvenes para transformarlos y enviarlos como apóstoles de Cristo. Los jóvenes, por su parte, se comprometían a llevarle a María “abundantes contribuciones al Capital de Gracias”, es decir, debían manifestarle con hechos que la amaban, que estaban decididos  a llevar una vida santa por medio del “fiel cumplimiento del deber y una intensa vida de oración”.  Fue la 1ª Alianza de Amor.    

La historia posterior al 18 de octubre de 1914 confirma quela Sma. Virgen tomó en serio esa Alianza y se quedó  verdaderamente en Santuario. Con esta entrega mutua, con esta Alianza de Amor entre María y esos jóvenes, Dios irrumpió nuevamente en la historia e hizo brotar un nuevo manantial de gracias, un nuevo Santuario, en  nuestra sedienta tierra. 

Cientos de miles de peregrinos en los cinco continentes son testigos del amor de María en cada Santuario. Hoy como ayer también nosotros experimentamos allí esa presencia acogedora de María madre; Ella nos muestra el camino a Cristo, nos enseña el amor filial frente al Padre Dios y nos ayuda a estrechar vínculos fraternos formando una Iglesia-familia. Es por eso que exclamamos como los primeros: “¡Qué bien estamos aquí!”. Un joven argentino llevaba de viaje por Europa algunos meses. Con su mochila había recorrido muchos caminos, conocido muchos lugares y visto muchas y diferentes realidades. Cuando decidió ir a Schoenstatt ya estaba bastante cansado de ser turista. Llegó un día de sol sereno de verano y era un 18. Había muchos peregrinos y lo recibieron cordialmente. No entendía nada de alemán pero sentía “algo” en común. Caminó pausadamente gustando ese momento único, como si hubiera estado allí desde siempre. Y al entrar en el Santuario y contemplar el rostro de María, la queridísima MTA, se sintió, por fin, nuevamente “en casa”.  

Decía el P. Fundador: “La vinculación sencilla y personal a la Mater es la raíz, es la fuerza que empieza  a transformar, que nos une a Ella y nos introduce en su corazón y que una vez instalados en él nos hace conquistar su mundo.”  
La Alianza de Amor con María nos regala un verdadero “hogar” y posee así mismo una extraordinaria fuerza transformadora. Por eso el Santuario es también el “taller” donde Ella, tierna  y firmemente, nos educa para que desarrollemos nuestra capacidad de amar, seamos plenamente libres y colaboremos con Cristo en la construcción del reino del Padre.
 

En nuestra Patria la Mater se ha querido quedar en 19 Santuarios de Schoenstatt que son verdaderos hogares y talleres de hombres, mujeres y familias nuevas. De norte a sur y de este a oeste, en cada región argentina, Ella está presente acompañando a cada uno de sus hijos. 

Creo que celebrar los 92 años de la 1ª Alianza de Amor nos plantea hoy, como Familia argentina, tres desafíos:

  1. Crecer en la conciencia de Aliados. Ella cumple con creces su compromiso. Nosotros debemos honrar nuestra parte: regalándole muestras de nuestro amor; desarrollando un vínculo más profundo con Dios y realizando extraordinariamente bien nuestros compromisos personales, cívicos y profesionales. Recordemos: quien nos ve ve un Aliado de María.
  2. Crecer en la conciencia de Familia.  
    La Alianza con María nos debe unir cada vez más como hermanos y llevarnos hacia
    la Alianza fraterna con un marcado espíritu familiar. Esa es la respuesta vital que queremos dar ante el gran deterioro de los vínculos familiares, ante las modalidades inorgánicas de pseudos familias y ante una Patria  fragmentada que le cuesta ser Patria-Familia.
  3. Crecer en conciencia de Misión.  Muchas veces la piedad mariana se reduce  aun “pietismo intimista” carente de fuerza apostólica. No somos un club de autoayuda. Somos un movimiento apostólico porque María, nuestra madre y aliada, es el prototipo del apóstol de Cristo. En el comienzo de este nuevo milenio, como Iglesia, Ella nos pide ser más decididamente “discípulos y misioneros de Cristo para que nuestros pueblos en Él tengan Vida”. Pronto celebraremos el bicentenario como Nación Argentina: cada uno debe saber cómo está construyendo efectivamente
    la Patria Nueva. Como aliados no nos podemos sentir excusado de esta misión.

 Queridos hermanos en la Alianza, que este 18 de octubre sea para toda la Familia de Schoenstatt un día de verdadera festejo, renovación y envío. Con el P. Fundador recemos:

En el Santuario estamos congregados:
allí nuestros corazones arden en amor
por la Madre Tres veces Admirable,
que por nosotros quiere construir tu Reino.

¡Feliz día de la Alianza! 

P. Javier Arteaga

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